EL OLVIDO Y SU IMPORTANCIA

 

La memoria es un archivo donde almacenamos todo lo que vivimos y nos pasa. Se habla de dos tipos de memoria: la episódica, que archiva episodios llenos de detalles; y la semántica que guarda el significado de los acontecimientos. Es más conceptual. Existe también, una memoria a corto plazo que guarda lo más reciente y otra a largo plazo que recoge lo antiguo. De cada una se retienen dos versiones, una más burda y otra más fina.

El aprendizaje de la infancia, la pubertad y la adolescencia consisten en la adquisición de conocimientos, mientras que la memoria retiene esta información, ambos procesos están estrechamente unidos. Aprender es recordar.

La memoria tiene dos sentidos, uno el de registro mental de lo que ha sucedido y otro de recuperar estas experiencias. Hay una memoria buena que es aquella que se refiere a hechos positivos y una memoria mala que retiene lo negativo.

La felicidad consiste en tener buena salud y una mala memoria, la capacidad para olvidar lo malo, lo nocivo, lo que ha hecho sufrir de alguna manera es fundamental. Necesitamos reconciliarnos con la parte mala de nuestro pasado. Y esta es una tarea importante porque sino nos podemos convertir en una persona agria, amargada, resentida, dolida, lo que los clásicos llamaban una persona neurótica que vive con conflictos no resueltos que aparecen de forma intermitente y piden paso, con todo lo que esto significa.

Una persona madura es aquella que vive instalada en el presente intentando sacarle todo el provecho; tiene asumido el pasado y ha sido capaz de cerrar heridas y traumas del pasado con todo lo que ello conlleva y vive abierta al futuro que es la dimensión más prometedora, ya que la felicidad consiste en tener ilusión.

El olvido es necesario para la supervivencia psicológica. Borra errores e inexperiencias propias de cualquier inicio vital o profesional. Se aprende a vivir viviendo. La inteligencia consiste en un conjunto de operaciones para utilizar información remota o reciente y que dé como resultado una conducta positiva, equilibrada y que se ajuste a la realidad. Un caudal de datos archivados que unen el pasado vivido y el presente fugaz.

La inteligencia es polivalente. Una buena inteligencia sabe computar lo vivido con lo que se sabe, la experiencia de la vida con los distintos conocimientos que uno ha ido aprendiendo. En resumen, inteligencia es capacidad para aprender, acierto para juzgar, arte y oficio para gestionar la propia vida en los grandes temas, intentando aspirar a lo mejor.

Aprender qué cosas debemos olvidar es sabiduría. Madurez es saber sacar de nuestra memoria todo lo que ha sido perturbador y quedarnos con las lecciones aprendidas de aquellas experiencias pero borrando la parte nociva.

 

  

Editorial La Drecera 170 Julio - Agosto 2018

Editoriales anteriores: