Agua, Alimentación, Energía y Economía

 

 

El agua es un bien económico de primer orden, y este hecho es bien conocido en el ámbito agroalimentario. A día de hoy España es el primer país de Europa, y noveno del mundo, en hectáreas de regadío. Sin embargo, cuando hablamos de regadío modernizado, la clasificación cae hasta el tercer lugar, fruto de la necesidad urgente de adoptar mejoras en las redes de riego.

El nuevo gobierno salido de las elecciones del 26-J, necesariamente, deberá adoptar medidas para facilitar la modernización y resolver los problemas y diferencias en torno al agua, los regadíos, y los costes energéticos de los regadíos. Probablemente la aplicación de la Directiva Marco del Agua a los diferentes planes de cuenca de España acabe siendo uno de los puntos de mayor dificultad.

Esperamos que las incógnitas sobre las medidas a adoptar en un momento de carencia presupuestaria se resuelvan de manera responsable y favorable para el sector agroalimentario, aportando la necesaria mejora en la estructura de costes que actualmente se soporta, a fin de hacer posible la producción alimentaria a un coste competitivo y, al mismo tiempo, dotando a los regantes de la necesaria seguridad jurídica, que hoy por hoy desaparece a marchas forzadas.

Aspectos tan relevantes como la fiscalidad del agua, el coste de la energía, la precariedad de las concesiones, la disponibilidad de los recursos hídricos frente a posicionamientos nada abiertos al diálogo que sacralizan unos caudales ecológicos propios de cuencas centroeuropeas despreciando las realidades del clima mediterráneo, no son más que algunos de los interrogantes que fosilizan las esperanzas de una adecuada modernización que aumente la competitividad del sector agroalimentario en una Europa cambiante.

Actualmente la superficie regada en el mundo es un 16% de la superficie agraria total, y aporta más del 40% de la producción agraria global. Además, en promedio, en términos económicos, cada hectárea de riego aporta 6,6 veces más producción que una de secano. Está claro, por tanto, que el regadío es vital para el conjunto de la sociedad y es un sistema productivo que hay que tener muy en cuenta en el futuro cercano donde la disponibilidad del agua, el costo de la misma y el coste asociado de los alimentos entrarán en conflicto. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en la actualidad el 40% de la población mundial reside en áreas de estrés hídrico.

 

¿Es razonable aumentar el coste del agua hasta el punto de que esto afecte a la producción alimentaria?

Quizás un mejor posicionamiento pasa por favorecer el máximo rendimiento en términos de producción alimentaria, sabedores de que lo que no se consume aquí, y exporta, también disminuye las tensiones hacia la disponibilidad de alimentos a nivel global. Sin duda este será un debate intenso en las próximas décadas.

Por un lado tendremos los defensores de un precio que incentive la modernización del riego y un menor consumo del recurso. Reducción a menudo en detrimento de concesiones que ven, entonces, derivado el valioso recurso hacia otros usos consuntivos.

Por otro lado tendremos los defensores de una modernización similar, pero en la que se pedirá, en cambio, que se permita un aumento de la superficie irrigada donde sea posible, a fin de aumentar la superficie irrigada con el mismo consumo hídrico.

El arcaico sistema legal de concesiones administrativas sobre el uso del agua, impide, a la hora de la verdad, actuar para mejorar el regadío sin un acuerdo previo sobre el resultado final de la concesión de agua. Hecho que a menudo se acaba convirtiendo en un mercadeo hacia los metros cúbicos que finalmente me permitirán tener a la nueva y modernizada concesión de riego. Dado que raramente ningún ahorro de agua puede ser utilizado por el titular original para aumentar la superficie irrigada.

Finalmente este debate también incluirá aquellos que desprecian el papel de la producción alimentaria de proximidad y priorizan la disponibilidad del recurso para otros usos -incluido el ambiental- nos perjuicio de dañar las producciones de las empresas agropecuarias existentes o su liberación a un nivel permanente de importaciones para garantizar un umbral de precios.

Analizando las oportunidades que sobre estos vectores ha hecho públicos el Centro de Recursos del Agua (CREA) podemos ver que el desarrollo normativo y la seguridad para las inversiones son aspectos subyacentes en todas ellas.

 

• AGUA:

  • Las oportunidades del aumento de productividad se centran en las técnicas de riego, las fugas de agua, la reutilización de agua, la eficiencia del agua en la industria y la eficiencia del agua en el riego. E incluso se plantea la reducción del uso del agua únicamente para la generación de energía, entre otros.

 

• BINOMIO AGUA Y ALIMENTACIÓN:

  • Las oportunidades se centran en aumentar los suministros anuales de agua para riego, aumentar la productividad de esta agua en las zonas irrigadas y aumentar el valor por unidad de agua en una mejor gestión de la humedad del suelo y en el aplicación de los riegos de apoyo.

 

• BINOMIO AGUA Y ENERGÍA:

  • Las oportunidades parecen centradas en la reducción de las pérdidas de agua, la mejora de la eficiencia energética, y en los cambios en pautas de consumo de los usuarios domésticos e industriales.

 

Es por tanto necesario afrontar un debate sereno sobre las inversiones y la seguridad jurídica de las mismas. Particularmente teniendo en cuenta que tanto el sector de las infraestructuras como en el ámbito agrario, estas inversiones tienen largos periodos de retorno. Por lo que es necesario plantear desde ahora nuevas fórmulas de financiación para sufragar tanto la renovación de infraestructuras obsoletas como la construcción de nuevas. Abordando la posibilidad de inversión público-privada y la diversidad de propuestas de financiación aplicadas en otros lugares del mundo, deben ser ejemplos a tener bien presentes en un momento donde las restricciones presupuestarias no pueden ser la causa de un mayor retraso a la innovación.

 

Artículo publicado en La Drecera 158 Julio - Agosto 2016

Revista de la Patronal Agraria de Cataluña