UN HORIZONTE MORAL

 

La exaltación del espíritu de la clase media no es una cuestión de nostalgia sino de reivindicación de un horizonte moral que nos señala también la dirección correcta, el camino a seguir hacia un futuro de restauración. Los valores de esta clase media fueron responsables de cosas que no únicamente echamos en falta, sino que aspiramos a devolverlos a nuestra sociedad para hacerla más moderna, más libre, más eficaz, más justa.

Nada de añoranza anacrónica en la evocación de esta grave pérdida, al contrario, enarbolar estos principios de comportamiento de la clase media, adoptar sus modos de vida y su manera de entender la existencia, es la única forma de recuperar el vigor de esta sociedad. Sociedad que hoy su fortaleza no es energía social sino una conciencia compulsiva; la propaganda no es difusión de ideas, sino una excitación momentánea y el hábito de convencer con argumentos no es sino la costumbre de intimidar.

La clase media construyó el concepto moderno de ciudadanía. Supo combinar el progreso con la continuidad, el cambio necesario con la indispensable permanencia. Sobre la destrucción del absolutismo construyó sistemas constitucionales. Ante los totalitarismos del siglo XX, defendió la decencia liberal de nuestra civilización.

La falta de liderazgo moral de nuestro tiempo es la manifestación más grave de lo que hemos perdido en décadas absurdas de despreocupación, de divertida opulencia y menosprecio de lo espiritual.

Conocida la diagnosis, el esfuerzo de restauración deberá ser inmenso, se deberá llamar a todos los corazones para volver al hombre su plena conciencia de pertenecer a una cultura en la que se nace y se permanece libre.

Deberemos pulsar todas las fibras de la razón para restituir al hombre una seguridad en sí mismo. Para recordarle que hubo un tiempo en que prefirió la reflexión a la consigna, el esfuerzo a la gratuidad, la fraternidad en las formas demagógicas de la solidaridad. Para que establezca de nuevo los fundamentos de su hegemonía; el mérito como verdadera realización de la igualdad de oportunidades, la prudencia como auténtica expresión de la firmeza de los principios, la defensa de la propia dignidad sin confundirla con la insolencia grosera.

Este es el horizonte moral que la clase media supo construir, y que su destrucción está en las raíces de nuestras desgracias. Es verdad que este horizonte no tiene la eficacia de algunas consignas de masas, pero tiene el inmenso valor de unos principios en los que confiamos y con el que se pueda inculcar coraje, ímpetu sobrio y fuerza espiritual que nos corresponde en tiempo de tribulación.

 

Editorial La Drecera 158 JUlio - Agosto 2016

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