La verdad nos hará libres

 

Es de plena actualidad darse cuenta de las fatales consecuencias de la colisión entre el poder y la conciencia; entre el poder y la pasión por la verdad y la serie de coherencia. Honestidad y justicia, no se puede concebir la libertad sin la verdad. Hoy como ayer, este vínculo (libertad-verdad) lo destruyen los sectarismos y deriva hacia la coacción y el rechazo del diferente.

Pero también rompe el binomio libertad-verdad todo tipo de emotivismo moral individualista y relativista. En la ruptura de este vínculo se encuentran las fuentes de las tensiones que transitan por la crisis moral y espiritual de Europa.

No descubrimos nada nuevo si decimos que es casi tabú hablar de la verdad. Molesta mucho en la brega política o en la elaboración de leyes… pobre el que se refiera a la verdad como fundamento último de la vida moral!! O aquel que ose decir "la verdad nos hará libres". Pilatos y su pregunta, "¿qué es la verdad?" Hecha a Jesús, es el prototipo del pragmatismo superficial y escéptico de todas las épocas.

La sensibilidad hacia la verdad cae derrotada ante los intereses de una parte, que no dejan de ser tales aunque se disfracen de intereses del conjunto de la sociedad (populismo) o aunque a partir de encuestas de opinión se declaren qué elementos son aceptados por la cultura pública general.

También cae derrotada la sensibilidad por la búsqueda de la verdad, cuando se dice que no es necesario conocer lo que es realmente justo, sino lo que le parece a la multitud que es realmente quien juzgará, no es necesario conocer lo que es realmente bueno o malo sino lo que lo parece. Por eso no importa engañar (hacer aparecer como es justo lo injusto o bueno el malo) para que el discurso resulte persuasivo y convincente.

Renunciar a la posibilidad de conocer la verdad lleva a un uso puramente formalista de las palabras y los conceptos y termina en una pavorosa superficialidad de juicios y etiquetas, dejando que el poder lo dominio aunque se imponga a la verdad y la justicia. Si la verdad no cuenta, no hay verdadera libertad y tampoco es posible la justicia.

La democracia sólo es posible si la cultura que la inspira fomenta personas honestas, justas, solidarias, abiertas, participativas y con sentido del bien común.

De Sócrates aprendemos que la verdad y el bien se consiguen a través de la razón y la palabra (día-logos) en deliberación, discernimiento y búsqueda continua. Quien quiera seguir este camino tiene un excelente pedagogo en el filósofo ateniense.

 

Editorial La Drecera 159 Septiembre - Octubre 2016

Editoriales anteriores: