¿Atrincherados en la Masia?

  

Últimamente más de uno bromea limpiando las aspilleras o sacando brillo al trabuco del tatarabuelo. Los últimos robos y hechos delictivos en el campo preocupan de verdad. Cataluña no dispone, aún hoy, de un sistema policial eficiente para las zonas rurales.

Los “somatens” en Cataluña, las milicias locales desarmadas, más que una solución son un auténtico peligro para todos. Hay que saber que el origen de los Mossos d'Esquadra fue para frenar los guerrilleros y bandoleros del siglo XVIII, los "assaltacaminos" y los "robagallinas" en el campo.

¿Qué pasa hoy con este cuerpo de seguridad?

¿Qué pasa con esta primera policía moderna que hoy ya no se ocupa de sus orígenes rurales?

 

Aceptémoslo. Mal que nos pese, el modelo policial de los Mossos d'Esquadra no funciona y la seguridad ciudadana se escapa de control. Que nadie se alarme por oír esto. Es verdad, no funciona, y el mayor mal es que no se quiere reconocer. Cuando se acabe reconociendo que no funciona, será tarde.

 

El modelo policial de los Mossos d'Esquadra responde a un cierto error conceptual, fruto del tiempo cuando se reordenó el cuerpo, excusable en origen, pero no excusable en la actualidad. Debemos situarnos en los años 80, en un clima de seguridad ciudadana elevadísimo (salvo el terrorismo) y con una delincuencia principalmente urbana. En este contexto se diseñó una policía centralizada en las capitales de comarcas, porque tampoco se previa una verdadera necesidad de represión del crimen rural. Este es un error de base que nunca se debería haber cometido. No se debería haber cometido porque había antecedentes históricos en el propio cuerpo y en el de la Guardia Civil que advertían de donde eran las necesidades policiales.

 

Debemos hacer memoria histórica para recordar que la fundación del Cuerpo de los Mossos d'Esquadra, por manos de Pedro Anton Veciana, alcalde de Valls, nace bajo la premisa de erradicar el bandolerismo rural. En aquella época el ejército también ejercía funciones policiales, pero quedaba claro que sólo era efectivo en zonas urbanas y que el modelo militar no solucionaba bien los problemas del crimen en el campo y las masías. Hoy, sucesores de esta noble familia se dedican al cultivo fruta en el Pla d'Urgell.

 

Debemos estar orgullosos de haber creado, desde Cataluña, la primera policía moderna, separada del ejército. Cuando el duque de Ahumada crea, cien años después la Guardia Civil, se inspira en este modelo.

 

Hay países que disponen de cuerpos de policía separada para las zonas rurales y para las zonas urbanas. Guardia Civil - Policía Nacional, Gendarmerie - Police National. Hay otros que tienen policía única. En todo caso, sin embargo, la represión del crimen es diferente en áreas urbanas o rurales. Y Cataluña, actualmente, no dispone de un buen sistema policial para las zonas rurales.

 

Los males de la seguridad ciudadana en el campo aparecen por diversos lugares: El primero un diseño que no contempla policía local en los municipios de menos de 10.000 habitantes, dicho de otro modo, el 88% de los municipios de Cataluña no disponen de fuerzas de seguridad pública en su territorio.

 

El segundo de los males es que el modelo del Cuerpo de los Mossos no cubre bien este 88% de municipios porque está centralizado en las capitales de comarca. Son lentos en acceder al lugar del crimen y no conocen con profundidad el territorio que se les asigna porque, con frecuencia, es demasiado extenso.

 

El tercero de los males inherentes al cuerpo de los Mossos d'Esquadra es la falta de empatía con la población. Actitud distantes, soberbia, gafas oscuras, exhibición de armas y esposas, uniformes de estética excesivamente paramilitar, mucha patrulla en coche y poca a pie y un exceso de celo sancionador, no generan el clima de empatía suficiente para forjar una buena relación con la población. La falta de confianza que le tiene la población no les permite recibir información suficiente.

 

Existe un cuarto elemento, que está forjando una mala impresión de los servicios policiales catalanes. Ante esta ola de crimen rural la respuesta institucional es: "Ponga alarmas, rejas, y no deje nada de valor sin control". Respuesta equivocada entre las posibles. La peor de todas. Si encima de poca empatía con la policía, todo el servicio público que se presta es recomendar atrincherarse en casa, ¿por qué es necesaria la policía?

 

Con estas recomendaciones se traslada la sensación de una falta de voluntad real de reprimir el crimen para evitar complicarse la vida, y cargar la responsabilidad de esta tarea sobre el ciudadano. Y la respuesta del ciudadano es la formación de “somatens”, la formación de milicias populares. El ciudadano, con policía o sin, lo que quiere es vivir en seguridad en su entorno.

 

La tarea de represión del crimen, y más en las zonas rurales que en las urbanas, se basa en la suma de muchas informaciones aparentemente desconexas. "Hace tres días que ronda una furgoneta que nadie conoce, por aquí ha pasado esa furgoneta, por allí no ha pasado, en medio han robado a tal masía.... La sospecha es que la furgoneta ha estado involucrada en el robo”.  Pero toda esta información desde el coche o la distancia de la comisaría en la capital de la comarca es imposible de recabar.

 

Revertir el modelo de policía urbano hacia un modelo con variante rural, con una presencia más difusa sobre el territorio es difícil. Hay países que lo han experimentado con éxito. Así por ejemplo, en Canadá muchos municipios y provincias han delegado las funciones policiales propias sobre la Policía Montada, dando por resultado una policía con diferentes formas de trabajo pero que cubren muy bien todas las necesidades de seguridad ciudadana.

 

En Cataluña esto toparía con diversos impedimentos. En primer lugar no está claro que el consejero del ramo fuera capaz de modificar la estructura de un cuerpo público excesivamente privilegiado –laboralmente- hacia modelos laborales más flexibles y con mayor dedicación. No está claro que fuera capaz de crear un cuerpo disperso de Mossos de Escuadra, con residencia local obligatoria, con disponibilidad las 24h, tal como lo es la Guardia Civil (con una imposición estricta de la casa-cuartel) o bien las policías rurales del Reino Unido (con una obligación de residencia en la plaza de destino). Vislumbra problemas sindicales graves.

 

Tampoco está claro que con carácter inmediato se puedan formar algunas unidades rurales eficientes. Quizás con la incorporación de elementos procedentes del sobre-dotado cuerpo de Agentes Rurales sería posible a corto plazo, pero no parece fácil. En ambos casos la formación como policías rurales debería existir.

 

La tentación, que en los últimos tiempos va creciendo, de tolerar la formación de “somatens” es peligrosa. Se puede entender que el gobierno se encuentre entre la espada y la pared. Por un lado está la presión de la ciudadanía rural para reprimir un crimen que hacía décadas que no sufrían y por otro lado está la falta de predisposición profesional de los cuerpos policiales.

 

El camino del medio, barato, que complace a vecinos y no altera los sindicatos, son las milicias locales desarmadas. Peligrosa vía. Peligrosa porque estas milicias, de origen espontáneo, tienden a terminar insubordinadas, y hay que recordar que no hay que ir armado para matar a alguien. Peligrosa porque exculpa y encubre la falta de competencia de los cuerpos policiales en la represión del crimen rural. Peligrosa porque el gobierno hace dejación de funciones en el ejercicio del monopolio de la violencia. Y muy peligrosa porque puede terminar estableciendo una corriente de pensamiento, en las zonas rurales, donde se considere que las funciones gubernativas de la Generalidad de Cataluña, no sólo son prescindibles, sino que son manifiestamente inútiles.

 

Las autoridades gubernativas, a todo esfuerzo, deben ser capaces de superarse a sí mismas, y, sobre todo, la labor policial debe medirse por los resultados.


Es legítimo que la población local se defienda ante las incompetencias de su gobierno, pero el gobierno debe ser consciente de que la perpetuación de esta situación es la aceptación de un fracaso.

 

 

Artículo publicado en La Drecera 134. Julio - Agosto 2012

Revista de la Patronal Agraria de Cataluña