LA IGNORANCIA

 

"Todo lo que se ignora se desprecia"

 Antonio Machado

 

Victor Hugo, diputado a la Asamblea Francesa al proclamarse la II República en 1850, pronunció un discurso "en defensa de la enseñanza pública" para atender la primera necesidad del hombre: la esperanza. Durante esos mismos años aparecía en Estados Unidos un movimiento, el "Know-Nothing" de carácter xenófobo y "nativista" (primero los nacidos en el territorio). Por esta razón y con una madurez extraordinaria, Abraham Lincoln decía "todos los hombres son creados iguales, excepto los negros" y en caso de que gane el Know-Nothing, "todos los hombres son iguales, excepto los negros, los extranjeros y los católicos”.

Han pasado más de 150 años y entre urgencias de la economía se aparcaron las cuestiones básicas que movieron a Victor Hugo y Abraham Lincoln a transformar la imagen del mundo y el mundo mismo con la palabra y la razón.

Esta sociedad sin memoria, como el mar, se borra las huellas de los pensadores comprometidos y olvidamos que si en la instrucción está el principio de la esperanza, la ignorancia conduce a la miseria.

Es fácilmente constatable la ignorancia que nos invade, comentarios en las redes sociales, conversaciones moral y gramaticalmente groseras. No queda ninguna duda de que, estadísticamente hablando, el nivel educativo ha mejorado. Por este motivo es más aterradora aún, la tendencia a disminuir los niveles de exigencia y esfuerzo en un clima de insensibilidad colectiva hacia los valores de la educación y la cultura.

Pero algo peor que la ignorancia como déficit educativo, es la ignorancia militante que está decolorando la política mundial y también aquí encuentra su "caldo de cultivo", el mensaje que expresa o tácitamente llama a desconfiar del conocimiento, ya sea de la historia, del alma humana o de la realidad social, para ofrecer soluciones simples a problemas complejos a cambio de un tuit, de un soporte o un voto. Tan fácil y barato.

Un comercio de gestos sin ideas, informaciones sin formación, complicidades calculadas desde una aparente proximidad, anestesia del espíritu en tiempos de crisis. Planteamientos que recuerdan peligrosamente a los líderes del Know-Nothing en América de Lincoln, del nacional socialismo de la Alemania de 1930 o el Estado Islámico de nuestros días.

El intervencionismo económico que propugnan Le Pen o Trump haría colapsar el comercio mundial. Aquí, sin embargo, no se apela a los valores de la América profunda o el elitismo inglés o el chauvisme francés. Aquí la mirada se dirige hacia la utopía comunista, hacia una arcadia igualitaria.

La vida se vive hacia adelante y se entiende hacia atrás. No se gana el futuro aferrándose a las llanuras del pasado. En un planeta cada vez más interdependiente y global, nada volverá a ser como antes.

A los tiempos convulsos de transición, idóneos para los demagogos, es más fácil vender miedo que sembrar esperanza, es más fácil movilizar odio que fomentar la fraternidad y el civismo. Una versión renovada de la Europa de Monnet o el sueño de M. Luther es lo que ahora se debe reclamar y el primer capítulo debería consagrarse a diseñar un modelo económico basado sobre la libertad, la propiedad y la iniciativa privada. En la profundidad de las raíces morales de una civilización que aspira a levantarse por encima de sus peores pasiones radica la flexibilidad de una inteligencia despierta.

 

"La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos

sino el hecho de negarse a adquirirlos. "

 Karl Popper

 

Editorial La Drecera 160 noviembre - diciembre 2016

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