LA VIDA: LA GRAN MAESTRA

 

"La derrota es lo que te hace crecer como persona, si sabes aprender las lecciones que te da. La derrota enseña lo que el éxito oculta. Es la lucidez del perdedor, la nitidez de captar lo que la vida nos da cuando pasa por delante nuestro "

La vida es la gran maestra. Enseña más que muchos libros, vivimos en una sociedad en la que todo va demasiado rápido y lo que la gente llama éxito no es otra cosa que un cierto triunfo que tiene un cierto reconocimiento social. El éxito y el fracaso son dos grandes impostores, lo más importante es tener clara la meta y objetivos hacia donde uno se dirige, pero hay una distinción entre metas y objetivos. Las metas son amplias, tienen unos perfiles borrosos y desdibujados, mientras que los objetivos son medibles y muy concretos.

Hay personas que han comenzado a triunfar demasiado pronto y pasado un cierto tiempo aquella victoria se convierte en una auténtica derrota. Por el contrario, hay derrotas que pueden convertirse en auténticas victorias. La derrota es lo que te hace crecer como persona, si sabes aprender las lecciones que te da. El mismo fracaso o derrota que a uno le sirve de superación personal, a otro lo hunde. La diferencia está en saber captar las lecciones que esta adversidad nos lleva.

Tener talento es importante pero mucho más importante es tener voluntad de hierro. La voluntad es la joya de la conducta y la fortaleza consiste en soportar y resistir las adversidades con firmeza, serenidad, con ganas de superarla y ganarla. La vida es un resultado, es lo que hemos ido haciendo con ella de acuerdo con lo que programamos. Los griegos decían que en la vida se pueden describir tres etapas; la primera en la que uno es autor; otra en la que uno es actor y una tercera en la que uno es espectador. Cada una de ellas corresponde a un tiempo histórico: futuro, presente y pasado, en este orden.

La felicidad consiste en ilusión, es la ley natural del ser humano, es la réplica de la ley de la gravedad. Todos aspiramos a ella, pero la felicidad en el mundo actual, para muchos queda reducida a bienestar, seguridad, nivel de vida o posición económica. Pero la felicidad consiste en hacer algo que valga la pena con la propia vida.

Hay derrotas que nos abren los ojos e iluminan el camino. La felicidad consiste también en la administración inteligente del deseo. Para ser feliz en este mundo es necesario no equivocarse en las expectativas, esperar de forma moderada y buen equilibrio entre lo que uno ha deseado y lo que ha conseguido, y trabajar nuestra personalidad puliendo y limando las aristas. Todos tenemos tres caras: lo que yo pienso que soy (autoconcepto), lo que los demás piensan de mí (imagen) y lo que realmente soy (la verdad sobre mí mismo). Aprender a perder es una salida de emergencia.

 

Editorial La Drecera 168 marzo - abril 2018

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