El Instituto Agrícola celebra su siglo y medio de historia con mucho futuro por delante 2001.


Las actividades y celebraciones que se realizaron a lo largo de todo el año, especialmente durante el mes de mayo, fueron un éxito rotundo que prestigian nuestra asociación de empresarios agrarios en Cataluña y España.

El día 21 de mayo de 200, el Príncipe Felipe, presidente del Comité de Honor del 150 Aniversario, participó en los actos de conmemoración del Instituto Agrícola Catalán de San Isidro, fundado el 21 de mayo de 1851 en el Palacio de la Diputación de Barcelona siendo, hasta hoy, la organización empresarial agraria más antigua de Cataluña y una de las tres más antiguas de Europa.

PRESIDENCIA DE HONOR
S.A.R. DON FELIPE DE BORBON Y de Schleswig-Holstein-SONDERBURG-Glücksburg. PRINCIPE DE ASTURIAS, DE GIRONA, Y DE VIANA, DUQUE DE MONTBLANC, CONDE DE CERVERA, SEÑOR DE BALAGUER.

COMITÉ DE HONOR
Muy Honorable Sr. Jordi Pujol i Soley. Presidente de la Generalidad de Cataluña.
Excmo. Sr. D. Miguel Arias Cañete. Ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Excmo. Sr. D. Jaume Matas Palou. Ministro de Medio Ambiente.
Honorable Sr.. Josep Grau i Seris. Consejero de Agricultura, Ganadería y Pesca.
Honorable Sr.. Felip Puig. Consejero de Medio Ambiente.
Excmo. Sr. D. Jaime Lamo de Espinosa y Michels de Champourcin, Marqués de Mirasol. Ex
Ministro de Agricultura.
Excmo. Sr. D. Federico Mayor Zaragoza. Ex Secretario General de la UNESCO.
Excmo. Sr. Juan Antonio Samaranch, Marqués de Samaranch. Presidente del Comité Olímpico Internacional.
Excmo. Sr. Ignacio de Puig y Girona. Ex Presidente de El Instituto Agrícola Catalán de San
Isidro. Comendador de la Orden Civil del Mérito Agrícola.
Excmo. Sr. Baldiri Ros y Prat. Presidente de El Instituto Agrícola Catalán de San Isidro.



Los actos comenzaron por la mañana con la inauguración de una placa de mármol conmemorativa en la misma sede del Instituto, el Palacio Fivaller. A continuación, acompañado del Presidente de la Generalitat, el Presidente del Instituto, la Secretaría del Ministerio de Agricultura, el Consejero de Agricultura y una numerosa comitiva de autoridades y socios representativos, estrenó el Libro de Oro de la entidad con un escrito y firma. A continuación, visitó atentamente las diversas dependencias de la institución.

Después, aclamado por la gente de la calle, el Príncipe se desplazó al Palau de la Música Catalana, donde le esperaban más de un millar de asociados, además de multitud de representantes de asociaciones civiles y empresariales catalanas y españolas.

Inició la ronda de parlamentos el Presidente del Instituto, Baldiri Ros i Prat, seguidamente el Consejero de Agricultura, Josep Grau i Seris, finalizando con el discurso del Príncipe de Asturias. A continuación se celebró un concierto y finalmente se invitó a los asistentes a un refrigerio y brindis con cava.


Discurso del Presidente del Instituto Agrícola

Baldiri Ros i Prat

Su Alteza Real el Príncipe de Asturias, Honorable Conseller de Agricultura. Ganadería y Pesca, Excelentísimas, Honorables y distinguidas autoridades. Miembros de la Junta, Socios y amigos del Instituto Agrícola. Señoras y señores.

Quiero agradecer, en primer lugar, a SAR el Príncipe de Asturias, haber aceptado presidir el Comité de Honor constituido para conmemorar el 150 aniversario de nuestra institución y, también, agradecerle la visita que acaba de hacer a nuestra sede social, donde ha descubierto una placa conmemorativa y ha firmado en nuestro Libro de Oro. Son actos, los que hoy estamos realizando, alentadores, llenos de sentido y de futuro; llenos de vida. Desde el mundo de la empresa y las finanzas, nos ha cedido hoy, generosamente, el uso de este Palau de la Música Catalana. El renacimiento del asociacionismo civil es evidente en Cataluña y en Barcelona. Actos como este, manifiestan complicidad y colaboración. ¿Qué marco pues, podríamos encontrar mejor para demostrarlo y a la vez conmemorar los 150 años de utilidad y servicio de nuestro, Instituto Agrícola Catalán de San Isidro?

Hace ya un tiempo que se intuye en España y en Cataluña la necesidad ciudadana de unas asociaciones civiles fuertes, sin otra motivación ni sentido que su fuero estatutario. El Instituto Agrícola ha apostado por serlo. De su independencia, acción y opinión, de su honestidad, de su leal proceder con la clase política y financiera, es plenamente responsable. El camino hace tiempo que se ha iniciado y no hay que dañarlo. Es del criterio independiente, seriedad y trabajo inteligente de nuestras asociaciones civiles, que depende una mayor cohesión y solidaridad social, una más completa madurez parlamentaria y una mayor efectividad legislativa de nuestros diputados y sus partidos políticos.

El Instituto Agrícola es la casa de los empresarios y propietarios rurales de Cataluña, asociación empresarial y defensora de la propiedad rústica, decana en España y una de las más antiguas de Europa. Su sede, el Palacio Fivaller, a pesar de la antigüedad y el evidente deterioro de sus paredes, es digno, pues luce el trabajo, la autoexigencia, la desinteresada multitud de horas dedicadas por sus socios representativos. Todo y más, honestamente y candorosamente, ha contribuido y contribuye con fundamento, a hacer moderno y competitivo nuestro sector. Defendiendo la igualdad de oportunidades empresariales, consolidando un sector abierto, comunicado y comunicando, ni protegido ni blindado, sino empresarial y audaz, auténtico señor de sus destinos.

Estas últimas décadas, España y Cataluña han sabido forjar ciudades europeas, olímpicas e internacionales, capitales globales que son espejo del mundo. Estas ciudades y capitales, serán manifiestamente débiles sino articulan económica y socialmente con lo que las rodea. No pueden crecer rodeadas de espacios rurales proclives a ser desiertos humanos y económicos, o peor aún, feudos dominados, territorios limitados o incapacitados para que ellos mismos creen, fijen y exporten riqueza, siempre susceptibles a ingratos canibalismo económicos. Todos tenemos que ser definitivamente capaces de hacer triunfar armónicamente y equilibradamente las personas del territorio, los pueblos y las comarcas.

Actualmente, la clave más importante y necesaria es el factor humano. Es posibilitar la existencia creciente de una juventud formada e ilusionada. Su Alteza Real sabe bien lo que digo, pues es un firme defensor de los jóvenes emprendedores, los jóvenes empresarios. Si algún sector económico en Europa, en España y en Cataluña, está realmente necesidad de juventud y de jóvenes empresarios, es el agrario y rural. Hoy, va totalmente errado el que todavía piense que debe compadecer y proteger el campo, que abogue por una legislación paternal, intervencionista y de subsidio. Con esta actitud, entre otras cosas, se está negando de raíz que la juventud emprendedora, chicas y chicos, puedan tener ningún interés ni por el sector ni por el territorio. Es indudable que hay especialmente muchas mujeres y también hombres, capaces de participar aportando una visión positiva, económicamente activa y liberada en el mundo rural.

El Instituto Agrícola, ha sido está y estará a su lado, pues esta es su finalidad estatutaria, defender el incuestionable capital humano del campo y desarrollar armónicamente la actividad empresarial agraria y la economía rural en su conjunto, todo como una realidad rentable, libre de regímenes especiales de engañosas protecciones e intervencionismos sobre el territorio y la propiedad. Y en este mismo sentido, otro hecho importante que no podemos olvidar hoy y que condiciona que este factor humano pueda convertirse en una realidad efectiva sinérgica con el resto de la economía del país, es la falta de una adecuada, moderna y suficiente legislación agraria en España y Cataluña. Los trabajos legislativos sobre temas Agrorurales han sido pocos y con poca incidencia sobre la realidad de nuestro mundo rural, sin visión de futuro, carentes de un guión de política agraria con una orientación auténticamente económica y empresarial. Temas tan cruciales como el de la representación empresarial agraria, del desarrollo de la microempresa y de la pequeña y mediana empresa, los salarios y de la Seguridad Social, sobre el territorio rústico y de sus usos, de las interprofesionales, los mercados o de la transformación alimentaria artesanal han sido tratados más, desde una visión política que no económica, dificultando un desarrollo empresarial. Es hora de legislar para el futuro de un mundo rural y agrario vivo y emprendedor, libre, potente, que aliente a los jóvenes. Es la hora de hacer esta tarea entre todos, con honestidad, sin demagogias y con valentía, con la seguridad que sus resultados irán mucho más allá que el simple rendimiento electoral.

Alteza, autoridades, entre estas rojizas sillas que os rodean hay sentados ciudadanos y ciudadanas de todo el territorio catalán, personas de todas las comarcas, pueblos, agregados y masías. Todos ellos están satisfechos de estar aquí con el Príncipe y con máximas autoridades políticas y económicas. Hoy nos hemos reunido aquí, en la ciudad, en la capital política y económica de Cataluña, porque nos sentimos ciudadanos orgullosos de ser empresarios y propietarios agrarios. Gente con bastante sangre en las venas para defender ampliamente, la trayectoria asociativa del Instituto Agrícola. Es por eso que hemos venido hoy, en defensa de cada comarca, de cada pueblo de la familia, de la propiedad y el territorio. Hemos venido hoy aquí, en definitiva, no sólo por nuestro aniversario, sino para celebrar, garantizar y desarrollar este derecho, que también consideramos radicalmente social e inalienable, que es generar ventas, negocio y riqueza en nuestra propiedad.


Discurso del Consejero de Agricultura, Ganadería y Pesca. Josep Grau i Serís

Alteza, excelentísimo presidente de l'Institut Agrícola Català de Sant Isidre, autoridades, señoras y señores.

Hoy el Institut nos ha abierto las Puertas de su sede social, el histórico Palau Fivaller, una vez más con la hospitalidad propia de las personas de la Cataluña rural. Sin embargo, la convocatoria de hoy responde a una celebración particularmente significativa: la conmemoración de un siglo y medio de existencia del IACSI.

Realmente es una larga trayectoria. Tan larga que convierte al Institut en la asociación empresarial agraria más antigua de Cataluña y en la asociación empresarial agraria más antigua de España y una de las primeras de Europa.

En el transcurso de esta dilatada existencia, el Instituto ha participado activamente en la historia reciente de Catalunya. Fue, por ejemplo, fundador de una entidad tan emblemática para nosotros los catalanes como "La Caixa".

Ahora bien, las principales aportaciones del IACSI han sido en el ámbito que le corresponde: el desarrollo social y económico de la agricultura y del mundo rural. Su misma denominación. "Instituto Agrario", ya manifiesta una clara vocación inicial de modernizar y de introducir las nuevas técnicas en el campo catalán. Podríamos citar múltiples ejemplos de esta función que sobrepasa el servicio a los propios asociados:

En 1852 comunicó al Gobierno la necesidad del canal de Urgell, las obras del vado se iniciaron un año después.

Del 1851 al 1900 fundó y dirigió las llamadas granjas-escuela, una iniciativa para aunar eficazmente la formación y el trabajo en el campo.

En 1887 colaboró estrechamente con la Administración agraria catalana en la lucha contra la terrible filoxera.

Posteriormente, en 1927, organizó el Congreso Nacional de Riegos y Exposiciones, en el que se presentaron proyectos como el Canal Segarra-Garrigues, hoy una obra a punto de iniciarse por los Gobiernos de la Generalitat de Cataluña y de la Estado. Esta es la actuación más emblemática de la inversión en regadíos que se realizará en Cataluña en los próximos 10 años y que, con una inversión prevista de 200.000 millones pesetas, creará 130.000 hectáreas de nuevos regadíos.

Los fondos documentales de la biblioteca del Instituto, única en España en su género, seguro que recopilan, detalladamente, los antes mencionados y muchos otros hechos significativos.

En estos 150 años que hoy celebramos se han producido profundas reformas agrarias y grandes cambios sociales en Cataluña. Hemos pasado de una sociedad rural a otra industrial, primero, y el desarrollo del sector servicios, posteriormente.

Aunque es evidente y positiva esta terciarización de la economía, el sector agrario sigue siendo fundamental en Cataluña. Económicamente, la industria agroalimentaria se ha convertido en la más importante de Cataluña y la primera en volumen de exportaciones. Socialmente, la agricultura y la ganadería son actividades esenciales para el mantenimiento del necesario equilibrio territorial de las comarcas catalanas. Y ecológicamente, nuestros campesinos llevan a cabo la insustituible función de preservar el medio natural, de lo que disfrutan todos los ciudadanos, si bien no siempre es valorada en su justa medida. Por todos estos efectos positivos, se ha llegado a calificar la agricultura como el "petróleo verde de Cataluña".

Nuestro sector agrario es hoy un mosaico que reúne todas las producciones, con grandes diferencias estructurales (entre la ganadería de los Pirineos, el arroz del Delta del Ebro o las viñas del Penedès, por ejemplo) y con diversas orientaciones productivas. Algunas de tanto contraste como el secano y el regadío. Ahora bien, a todas ya cada una de las comarcas catalanas la empresa familiar es el motor de la agricultura.

La nuestra es también una agricultura competitiva, que ha sido capaz, de adaptarse satisfactoriamente a las consecuencias de la integración europea. Más del 75% de nuestra producción agraria no percibe ningún tipo de ayuda, entre ella sectores con un peso específico tan importante como el porcino, el frutícola o el sector vitivinícola.

Sin embargo, tenemos todavía una asignatura pendiente, Alteza. Como he expuesto anteriormente, la agricultura catalana posee unas singularidades propias que deberían ser tenidas en cuenta por las instituciones europeas.

Por otro lado, si existe un sector productivo condicionado por las decisiones comunitarias, ése es precisamente el sector agrario en su conjunto. Más de 75.000 empresas familiares agrarias y más de 100.000 familias en la agroindustria dependen del sector en Cataluña.

Ambas realidades, las especificidades del sector agrario catalán y la fuerte incidencia que en el mismo tienen las políticas comunitarias, reclaman que Cataluña disponga de capacidad de interlocución directa ante las instituciones comunitarias competentes. La simple posibilidad de hacer oír nuestra voz para defender las particularidades del sector agrario catalán resulta hoy muy necesaria, dados los contrastes que aquel tiene no sólo en el conjunto de Europa sino incluso dentro de España.

La agricultura catalana también, evoluciona para hacer frente a nuevos retos que plantea la liberalización y la globalización de los mercados. Es decir, que está dispuesto a los nuevos requerimientos formativos, tecnológicos y profesionales que impone la competitividad actual. Que tiene muy presente conceptos como "trazabilidad" o "productos agrícolas de tercera generación" y muchos otros que demanda el consumidor.

Todo ello determina que el sector agrario tenga un carácter cada vez más empresarial. Y el Instituto Agrícola Catalán de San Isidro fue pionero en defender el concepto de empresa agraria. Su estrecha vinculación desde siempre con la empresa ha hecho posible, por ejemplo, que recientemente participara en la creación de la FEPIME, la federación de la Pequeña y la Mediana Empresa.

El Instituto Agrícola ha sido y es uno de los protagonistas de la evolución y la realidad del sector agrario catalán que he citado. A lo largo de sus 150 años de historia ha velado por su transformación y ha convertido en un referente de lo que se denomina la vitalidad de la sociedad civil catalana. Es, por tanto, un ejemplo remarcable de la rica tradición asociativa a lo largo de la historia, tan positiva desde todos los puntos de vista.

Como es también producto del empuje y la iniciativa de la sociedad catalana el espléndido Palau de la Música Catalana donde ahora nos encontramos, dispuestos a disfrutar de concierto que ha organizado el Instituto.

Ciento cincuenta años después de su creación, el Instituto prosigue su dinamismo implantado en toda Cataluña. ¡Felicidades y que por muchos años!


Discurso de S.A.R. el Príncipe de Asturias y de Girona.

Con satisfacción y agradecimiento acepté la presidencia del Comité de Honor creado para conmemorar el ciento cincuenta aniversario de Excelentísimo Instituto Agrícola Catalán de San Isidro. Gracias, una vez más, a su presidente ya su amabilidad, por desear que presidiera el acto de hoy con todos vosotros.

Su emblemático Abella fue fundado en mil ochocientos cincuenta y uno por un puñado de nobles ciudadanos, valedores honestos de un proyecto ilustrado que se lo llevaron de Europa por amor a España y en Cataluña. Lo fue también por una emergente, inquieta y industriosa burguesía, auténtica locomotora de la economía y las finanzas españolas.

Este Instituto ha vivido varios regímenes políticos y diversas situaciones sociales, a veces tranquilas y otras agitadas, pero siempre se ha mantenido fiel y constante en su propósito: la defensa y la emancipación económica de la agricultura y los empresarios agrarios de todo el país y el respeto a la propiedad y el patrimonio.

Esencialmente catalán ya la vez generosamente español e internacional, desde sus inicios ha representado a España en muchas ocasiones. Su talante, profundamente civil, abierto y sin fronteras, ha ido amoldándose a las necesidades que el tiempo le ha reclamado.

La ciudad de Barcelona y su Diputación, entregaron al Instituto Agrícola sus medallas de oro, dado que la Cataluña y la Barcelona de los siglos diecinueve y veinte no sería posible entenderlas sin el Instituto Agrícola, ni tampoco la Instituto Agrícola se entendería sin Barcelona ni Cataluña.

Porque Barcelona es también una capital rural, una "ciudad de caballeros" que, en derribar parte de sus murallas, necesitó del Instituto Agrícola y de sus "hermanos herederos" para crecer. El mil ochocientos noventa fue el Eixample y hoy lo es, en pleno dos mil uno, el Baix Llobregat. Barcelona y Cataluña continúan hoy creciendo potentes y hermanadas en todos los sentidos y lo hacen también, sin duda, en favor de su mundo rural.

Conforme a su específica vocación, esta asociación, decana en España, ha atendido desde su nacimiento todos aquellos aspectos relacionados con el ámbito rural, tanto legales y económicos, como técnicos, culturales y sociales.

Como hizo en sus orígenes, hoy sigue promoviendo la comprensión y la defensa de la actividad agraria como sector económico rentable, sostenible y en sintonía con el medio ambiente, así como el orgullo y la sana responsabilidad de ser propietario y empresario en el mundo rural.

Pues la naciente sensibilidad por el medio ambiente, la seguridad v la calidad alimentarias, la utilización de nuestro patrimonio histórico v cultural como algo vivo y al alcance de todos, la creación de un espacio que facilite a propios y extraños su disfrute como lugar de encuentro, de ocio y también como recurso turístico, pasa de forma inevitable por el respeto a los habitantes de cada pueblo y comarca, por el reconocimiento de su propio patrimonio económico y cultural.

Los empresarios y propietarios agrícolas aquí representados saben bien que la generación de riqueza y el uso social, cultural y lúdico del suelo rústico y su producción agraria han de partir también del respeto a los planteamientos y decisiones propios en sintonía con los demás sectores implicados. Sólo a base de pequeños pero continuos pasos, compartiendo actitudes, conocimientos y experiencia, se pueden alcanzar compromisos satisfactorios para todos, que sirvan al interés general.

El Institut Agrícola acude a esta tarea con honestidad y sabio proceder, y con una experiencia que hace de él un verdadero referente para las asociaciones de propietarios y empresarios agrarios y rurales.

Sé que no es necesario que os aliente mucho más en vuestra importante tarea. Pero la moderna España de las ciudades necesita de instituciones señeras como la vuestra, que ayuden a un conocimiento más claro y al establecimiento de definidas y productivas relaciones entre el campo y la ciudad; formando e informando, trabajando para desarrollar y consolidar un factor humano emprendedor y joven, que sea capaz de crear empresa v riqueza social y económica.

Por ello, que os anime a continuar vuestra trayectoria afrontando el futuro con realismo, con el fin de que, una vez más, el asociacionismo civil catalán siga marcando pautas. En vuestro caso, iluminado el camino para la consolidación de un mundo rural y agrario activo, ciudadano y moderno.

Muchas gracias a todos por su atención y por muchos años.

Y después de los discursos comenzó el Concierto del 150 Aniversario.

El consejero de Agricultura y el presidente del Instituto Agricultura aprovecharon el tiempo para transmitir al Príncipe de Asturias los objetivos de los empresarios agrarios catalanes.