INCENDIOS

Las Agrupaciones de Defensa Forestal, un éxito de la Sociedad Civil

 


Hay veces que cuando se habla de la Sociedad Civil se tiene la duda de qué hay realmente detrás de estas palabras tan grandilocuentes. En el caso de la prevención y la extinción de incendios hay algo tangible: Las Agrupaciones de Defensa Forestal o más conocidas por su acrónimo ADFs.


Las ADFs se incorporan a la ley forestal de 1988, pero ya habían sido creadas dos años antes. En un ámbito territorial mínimo de un municipio, son asociaciones constituidas por propietarios, y con la presencia de otras entidades de interés en la prevención y extinción de incendios y, lógicamente, los Ayuntamientos, los cuales tienen la competencia, por Ley de Bases Local en materia de extinción de incendios.

Las ADFs avanzaron, cerca de 20 años, la obligación de colaboración en la extinción de incendios que la Ley de Montes estatal impone a todo ciudadano. Es más, la ley catalana abordó, hace cerca de 25 años, el problema de la colaboración en la extinción de incendios desde una óptica muy diferente. En lugar de obligar a los ciudadanos a colaborar en los incendios a pecho descubierto, promovió la creación de las ADFs de tal manera que todos los esfuerzos individuales y altruistas en la prevención y extinción de incendios se canalizan a través de organizaciones independientes (ya que no dependen de ningún gobierno) pero con plena colaboración con el gobierno.

La libertad de no condicionar políticamente las acciones altruistas de los ciudadanos y el pleno apoyo moral y fáctico que esta misma clase política da a las ADFs genera, con creces, magníficos rendimientos en materia de prevención y extinción de incendios forestales. Hoy, en Cataluña, ante cualquier incendio forestal, los despliegues de medios humanos y materiales que se lleva a cabo, gratuitamente, por parte de la Sociedad Civil -y no sólo de las ADFs, sino de empresas y ciudadanos anónimos- hace que en la mayoría de casos los medios de comunicación deben poner freno a la gran cantidad de voluntarios, cuando hace 25 años se tenían que hacer llamamientos a la colaboración.

Es cierto que las ADFs tienen algunas lagunas, especialmente en la Demarcación de Tarragona, donde un error de comunicación durante el período de fundación de la mayoría de ADFs los años 1980, estas no tienen carácter supramunicipal sino que son, mayoritariamente municipales. Esto hace que hayan quedado muy dependientes de los Ayuntamientos y que hayan sido politizadas e incluso algunas vulneran el principio democrático interno al condicionar, estatutariamente, que por Presidente sólo pueden tener el Alcalde.

De cualquier manera son hechos menores que ni siquiera requieren modificaciones legislativas. Simplemente hay un impulso firme, desde la Dirección General del Medio Natural, para ayudarlas a fusionarse formando agrupaciones en lógica de macizo forestal. Al convertirse en supramunicipales, la dependencia política que pudieran tener caería por sí misma.

También es cierto que de forma recurrente, hay tensiones con el cuerpo de Bomberos. Es lógico y humano, porque la presencia de las ADFs sirve de elemento de comparación y fiscalización de la labor de los servicios públicos y profesionales de extinción de incendios ante la actuación altruista de la Sociedad Civil y ante los ciudadanos que conforman el país al que los Bomberos sirven. Es humano y comprensible no querer ser evaluado.

Pero también, aquí se ha observado una actitud muy prudente por parte de los diferentes gobiernos que ha tenido la Generalitat. El hecho de que Bomberos y ADFs hayan dependido siempre de dos Departamentos diferentes ha derivado en una sana competencia entre los dos colectivos. Por un lado las ADFs han adquirido hábitos de extinción de incendios de carácter más técnico, y por otra parte los bomberos se han sentido estimulados a demostrar su valía. Mientras los sucesivos gobiernos de la Generalitat sean capaces de seguir moderando y arbitrando esta sana competencia el éxito de una buena extinción de incendios forestales está garantizado.

En conjunto, la prevención y extinción de incendios forestales en Cataluña es un verdadero éxito si lo comparamos con nuestro entorno del Mediterráneo. También lo ha sido el hecho de que, hasta la fecha, con 30 años de Generalitat, la clase política ha tenido el suficiente comportamiento para no utilizar los incendios forestales como arma arrojadiza de la dialéctica política.

Sí es cierto que el verano pasado, con la desgraciada muerte de los bomberos en el incendio de Horta de Sant Joan, la clase política empezó a pisar las líneas rojas, más en un incendio que, objetivamente, con su millar escaso de hectáreas, no se podía, ni puede considerarse como un incendio excepcional. La muerte de los bomberos, la situación política general de Cataluña, y el hecho de que fuera la primera vez, excusa la actitud que mantuvo el arco parlamentario hacia una catástrofe natural en la que, el enemigo a batir, no son los otros partidos políticos sino la propia Naturaleza descontrolada.

Últimamente también se ha observado una cierta mercantilización y banalización de los incendios forestales por parte de la prensa. Es cierto que el verano es una época del año donde los periódicos y los telediarios son delgados, los incendios forestales son un buen elemento para rellenarlos. Hay que reclamar autocontención y medida, y en ningún caso se puede pasar todo el verano abonando el terreno para convertir el más mínimo de los incendios en el "Gran Incendio Forestal" del año, y encarar, mediáticamente, la oposición contra el gobierno en cuestiones que deberían ser apolíticas. Hoy por hoy, el éxito de una buena extinción de un incendio no está en sede parlamentaria, en la tinta de la prensa escrita o en las ondas hertzianas.

La Drecera. núm. 122 Julio - Agosto 2010.

Informativo Agrario del Institut Agrícola.