BIOMASA

Los mercados de futuros en las materias primas

El mercado de futuros consiste en una vía más que razonable de garantizar los precios de percepción de las materias primas. En términos sencillos, el establecimiento de un contrato de futuros permite vender una producción, agrícola por ejemplo, a un precio cierto antes de recolectarla o incluso sembrarla. Como todo lo que se hace a futuro siempre puede resultar que en el momento de la venta el precio de mercado sea superior o inferior, es una incertidumbre. Pero por otro lado se tiene la certeza, desde el momento de la siembra de los ingresos que habrá.

En el sector agrario los mercados de futuros deberían ser un buen sistema para superar los problemas derivados del monopolio en la demanda de las industrias de primera transformación. Pero para poder acceder al mercado de futuros se debe controlar una masa crítica de producción. Nunca un viticultor de 10 hectáreas o un granjero de 10 vacas podrán acceder a los mercados de futuro. Algunas cooperativas, mayormente hortícolas o frutícolas podrían hacerlo. Otros no disponen de masa crítica suficiente.

Este mismo modelo de mercado, con las adaptaciones propias, también se utiliza en otras materias primas, especialmente el gas, el petróleo o ciertos metales de la minería.

En el sector forestal podría darse una posibilidad real de crear una estructura de mercados de futuros. En el debate sobre la implantación del consumo de biomasa energética surge de forma reiterada, y procedente de las empresas del sector de la energía, la demanda de una garantía de suministro sostenido de leñas combustibles.

Con la petulancia propia del desbarajuste creado por el uso abusivo de las primas en el sector eléctrico, a veces se pretende, que sea la administración pública el garante de este flujo de suministro. Cualquier proceso de racionalización conduce a la conclusión de que la administración pública no tiene dinero para actuar de broker, ni es su trabajo. Y a pesar de todo hay una voluntad pujante de desarrollar el uso de la biomasa como combustible.

En esta situación una ligera modificación conceptual de la finalidad del Plan Técnico de Gestión y Mejora Forestal podría hacer que este documento de gestión pudiera ser documento mercantil para el tráfico futuros.

Hagamos un análisis social, de la situación de la propiedad forestal en Cataluña. En primer lugar existe un 80% de propiedad privada y un 20% de lo que tradicionalmente se ha considerado público, si bien actualmente los comunales también estén englobados en el sector privado. En segundo lugar, hay que tener presente que, salvo casos de silvicultura muy activa, centrada en el Pirineo Oriental y el Macizo del Montseny, de la mayoría de montes no se obtiene beneficios regulares. Por el contrario, la masa forestal está bien capitalizada, o sea, en el bosque hay madera.

En este escenario, de falta de ingresos, se puede plantear una venta a futuros de la cosecha forestal. O sea, los propietarios podrían vender a las empresas demandantes de madera la cosecha pendiente, a cambio de un precio cierto, y para retirar en un plazo concreto (a cargo de la empresa maderera, claro). El pago se podría hacer al contado, o a plazos, por lo que el propietario de una finca forestal de 200 hectáreas podría estar ingresando mensualmente 300 euros netos, por ejemplo, que bastante ayudan a hervir la olla que antes no hervía.

Ahora, ¿como dar garantías a las partes? Una buena manera sería aprovechar los Planes Técnicos de Gestión y Mejora Forestal. En los PTGMF se encuentra recogidos los elementos necesarios de una transacción forestal de "madera en pie": Hay un inventario de las existencias, el estado final que se desea para la masa forestal, unos trabajos accesorios (desbroces, construcción de caminos, etc ,...), y un calendario de trabajos. El precio resultará del acuerdo de las partes. Existe, implícita, una validación administrativa. En resumen, se podría contratar la ejecución de un PTGMF, con dividendos por los propietarios.
Habría que modificar aspectos menores del PTGMF y de la actuación de las administraciones forestales. Detallamos los mismos:

  • Habría que garantizar que los inventarios se hacen cuidadosamente, de manera que las existencias contenidas en el PTGMF fueran verosímiles, ya que debe ser la base del posible trato comercial.
  • Habría que determinar muy bien cuál es el estado final que se pretende para la masa (número de pies, diámetros, etc...).

Para este estado final debería tender a una cierta estandarización, de forma que se llegara a un consenso (no obligación) de cómo debe quedar una masa de pino carrasco, de pino rojo o de encina, por ejemplo, después de cortar. Para ello la administración forestal o unas posibles entidades homologadoras deberían validar un amplio código de buenas prácticas silvícolas que sirvieran de referencia.

Esta estandarización  es básica para que en el momento de la conclusión del contrato a futuros no pueda haber lugar a discrepancias entre la propiedad y los operadores de biomasa, y en caso de que sean, que los peritos judiciales tengan buenas bases donde apoyarse.

  • Habría, al mismo tiempo, que simplificar mucho el PTGMF. Apoyándose sobre un buen código de prácticas silvícolas, bastaría identificar cada una de las parcelas, con un modelo de gestión, y unas existencias inventariadas. Todo ello daría por resultado un ahorro económico importante en cuanto el papeleo, que gastar papel, común y de deuda del Estado, poca utilidad genera.
  • En el marco de los PTGMF, habría que diferenciar muy bien las acciones que son puramente comerciales, de aquellas que pueden tener un carácter más estructural. La construcción de un punto de agua, un camino o una roturación, en algunas fincas puede quedar en un segmento diferente del PTGMF. Dicho de otro modo: Debe quedar claro qué parte del PTGMF se debe ejecutar obligatoriamente como consecuencia de un contrato de venta de madera en pie a futuro y qué parte está fuera del contrato de venta, aunque pueda ser objeto de tratos complementarios.
  • Habría que flexibilizar los plazos de ejecución. Si la mayoría de bosques de Cataluña están en una situación de extrema dureza, porque ya hace años que deberían haber beneficiado, entrar a debatir si la actuación está prevista para el año 1 o el año 10 es accesorio. De hecho si en un campo de trigo, de ciclo anual, tanto se puede segar hoy como mañana, discutir el momento del corte en especies forestales de ciclo centurión es de discusión bizantina.

Y en la mayoría de casos, en fincas muy sobre-capitalizadas, un plan dasocrático sería más que suficiente, siempre que vaya bien apoyado con un código de buenas prácticas forestales.

Si el objetivo es dar al PTGMF un valor mercantil, ha de ser consciente de que el potencial comprador debe tener garantías de poder disponer de la mercancía desde el primer momento, a la hora de poder demorar la entrada en su proceso de consumo, por el contrario, le conviene.

  • Habría que dar garantías absolutas que, una vez aprobado un PTGMF, la posibilidad de beneficiación de la masa forestal es realmente posible, y que ninguna otra administración, pública o privada, grupo de presión u opinión, obstaculizará la recolección forestal, y sobre todo, si alguien pretende dificultarla, la administración forestal debe ser expeditiva en remover los obstáculos.

Cabe recordar que la economía de mercado basa su funcionamiento en la confianza. Y mientras la producción forestal esté mediada por las administraciones públicas, estas deben ser corresponsables de la confianza del mercado, de modo que, autorizar un aprovechamiento, deben defender su ejecución hasta la última consecuencia.

  • Habría que dotar al mercado de futuros de una transparencia que ahora no tiene. La Lonja de Vic, en tanto que Lonja Forestal, debe madurar comercialmente. La comedia que realiza tres veces al año es comedia. La Lonja de Vic debe ser un punto de transacción transparente y con una razonable periodicidad, con un grosor de negocio a futuros proporcionalmente elevado en relación a las transacciones entre particulares. Si no es capaz de dotarse de transparencia, otra lonja deberá hacerlo.
  • Finalmente, la estrella que debe guiar a las administraciones forestales es la del beneficio económico, y por extensión la mejora de la masa forestal. Aprovechamientos forestales de utopía concluyen, en la práctica, en su NO-ejecución, y a la reducción a cenizas tras un incendio forestal.

 

Artículo publicado en la Drecera 129. Septiembre - Octubre 2011
Informativo Agraario del INSTITUT AGRÍCOLA