Cuentos, mitos y leyendas entorno de los caminos públicos

Desde hace diez años, se ha observado un auge difuso, pero constante, en favor de lo que se podría describir como "recuperación de los caminos públicos tradicionales". Es una corriente de aire más o menos folclorista, impregnado de bastante “castellanismo” legal, al tiempo que poco rigor histórico y administrativo.

Pero, a pesar de esta apariencia de inocuidad, genera un nada despreciable volumen de estragos en las fincas particulares, las cuales se ven, de la noche a la mañana, cruzadas por supuestas vías públicas donde nunca hubieron, o si hubieron, dejaron de existir.

Por poner un cierto orden en la cuestión hay que tener presentes una serie de ideas o paradigmas:

En primer lugar, hay que tener presente que prácticamente no existe legislación antigua sobre vías públicas, y en muy pocos casos hay inventarios sistemáticos de las mismas de antes del siglo XX. Por tanto, la recuperación de los caminos públicos tradicionales tienen una tradición, al menos, poco documentada, y que se acerca más a las fábulas populares que a un trabajo con rigor histórico.

En segundo lugar, no hay que confundir dos realidades diferentes: La vía pública y la servidumbre de paso. La vía pública, en esencia es una vía de titularidad pública donde todo el mundo puede circular sin restricciones. La servidumbre de paso es un derecho real que relaciona dos partes en el marco civil, por ejemplo una finca sin acceso a la vía pública tiene derecho a establecer una servidumbre de paso por finca ajena. Pero en la vía donde está la servidumbre de paso sólo puede circular, exclusivamente, las personas de aquella finca que no tiene acceso a la vía pública, no el público en general.

La diferencia es importante, y es fruto de malentendidos, porque el derecho civil determinaba que se podían adquirir por prescripción las servidumbres (dependiendo de los casos eran 30, 10 ó 1 año), pero esta prescripción se generaba a favor de personas concretas y no a favor de la universalidad de los ciudadanos. Actualmente, con el Libro Quinto del Código Civil de Cataluña (Ley 5 / 2006), se establece que las servidumbres sólo pueden establecerse mediante documento expreso (artículo 566-2) y, específicamente, se prescribe que no se puede adquirir una servidumbre por usucapión (adquisición por el transcurso del tiempo determinado por la ley). Por tanto, la consideración popular que un camino que no ha sido cerrado durante un año es público, es un mito.

En el tiempo de prescripción se pueden generar derechos a favor de individuos determinados, y no a favor de la Administración. En este sentido hay que tener presente dos cosas: La primera es el principio del derecho civil donde la mera tolerancia no genera derecho. La segunda es el principio fundamental desde los inicios del siglo XIX donde la Administración sólo puede privar de los bienes particulares por medio de expropiación e indemnización, cosa pues, no aplicable a la prescripción a favor de los bienes públicos.

Un tercer aspecto que da lugar a confusión es la catalogación catastral. Sobre este particular hay que hacer un apunte formal y uno de historicista. El catastro en España, a diferencia de otros países, no es un documento acreditativo de propiedad, sino que es sólo un documento fiscal; dicho de otra manera, es un documento encaminado a poder cobrar un impuesto sobre las rentas del patrimonio. Por tanto, el simple hecho de que un camino figure inscrito a nombre de un Ayuntamiento no quiere decir que inexcusablemente deba ser propiedad de aquél.

La parte historicista es la que explica porque muchos caminos están catastrados a favor de los Ayuntamientos. En una primera fase de la formulación de catastros (sobre todo durante la primera mitad del siglo XX), dada su estricta naturaleza fiscal, los caminos, al no producir rentas, se incorporaban al que se llamaba "descuento del Estado", donde iba a chasquear todo lo que era necesario para la producción pero sin productividad ni rentabilidad.

En una segunda fase, sobre todo en la década de 1980, con la informatización del catastro, resultó que había asignar un propietario a toda parcela. Pero, ¿qué hacer con todos los caminos descontados? ¿Cuáles eran públicos y cuáles privados? Difícil respuesta. Por otra parte, existía una cierta dificultad informática, derivada del software que se empleaba, al asignar una propiedad a un desconocido-agravado, demás, por que muchas veces los herederos no llevaban a cabo las modificaciones y actualizaciones de los nombres inscritos-. En estos casos se optaba, bastante sistemáticamente, al asignar los desconocidos a favor del Ayuntamiento. Como el Ayuntamiento es quien cobra los tributos de bienes inmuebles (rústica), imputar las fincas de propietarios desconocidos a favor del Ayuntamiento daba un balance fiscal cero. Era un sistema de pegamento, pero fue ampliamente utilizado por los informáticos de la época.

Con esta situación se incorporaron todos los caminos del “descuento”, ya que los funcionarios encargados de conservar el catastro pusieron poco, o nada, de trabajo en aclarar las propiedades. Los propietarios de las fincas tampoco pusieron mucho en controlar a quien se asignaba los caminos y, en definitiva ha derivado, hoy, en un considerable embrollo.

Un cuarto aspecto es el otorgamiento de subvenciones para la construcción de caminos o para su conservación. Hay quien predica que si los caminos se arreglan con dinero público son públicos. Nada más alejado de la realidad. Las subvenciones no son más que un sistema de redistribución de la riqueza. No porque la Dirección General de Energía dé subvenciones para aislar térmicamente las casas, implica, esto, que las casas sean públicas.

En esta crónica de la calle se ha sumado, un más que considerable baile de desconciertos, creado, sobre todo, a través de las subvenciones que las Diputaciones (especialmente la de Barcelona) ha estado dando el mantenimiento de viales necesarios para la extinción de incendios. Estas subvenciones, formalmente se han estado dando en las Agrupaciones de Defensa Forestal (o sea, a asociaciones de propietarios), pero en muchos casos este dinero ha sido secuestrado y administrado por los Ayuntamientos, ampliando más este régimen de desconcierto de titularidades.

Un quinto mito es el de los caminos ganaderos. Este es un mito de pura importación castellana. Cataluña, a diferencia de Castilla, nunca tuvo una red de vías pecuarias específicas. No ha existido nunca una red viaria gestionada por ningún organismo similar al "Honrado Consejo de la Mesta de Pastores" de Castilla y León. Otra cosa es que hubiera una red de vías públicas por donde se estableciera el tráfico cotidiano de ganado.

Un notable ejemplo contemporáneo de este hecho es la C-25 o Eje Transversal. En la jerga ganadera a veces se le llama el Eje de los Cerdos, porque pone en contacto los centros porcinos de Lleida, Urgell-Segarra, Bages y Osona. La C-25 no es una vía pecuaria, es una vía pública donde hay un tránsito, estadísticamente superior, de ganado.

La sexta leyenda es la imprescriptibilidad de las vías públicas históricas. Si bien es cierto que los bienes públicos son imprescriptibles, también debe hacerse un serio recordatorio histórico. Cuando a partir de la década de 1860 se inicia la construcción de la red actual de carreteras, ante la imposibilidad material de pagar las expropiaciones, se adoptó con un acierto que no se ve hoy, el intercambio de tierras de las nuevas carreteras por tierras de los antiguos caminos, con la correspondiente desafección. Como las nuevas carreteras eran mucho más amplias, el balance siempre salía a favor de la desafección total de las vías obsoletas.

Por tanto, la mayoría de caminos históricos se desafectaron hace más de cien años.

Existe un séptimo cuento, por el que si un camino conecta dos vías públicas, el camino es público. Aplique este mismo concepto en el Bulevard Rosa de Barcelona, donde se puede entrar por el Paseo Gracia y salir por la Rambla Cataluña, e intente mantener que el Bulevard Rosa es una calle de Barcelona. Ya me explicaran el resultado.

También hay que hacer una reflexión, en aras del pragmatismo. En Cataluña, salvo las actuales carreteras N-II y N-340, donde la conservación corría a cargo del rey, los demás caminos, hasta bien entrado el siglo XIX, iban a cargo de los municipios. Y dadas las escasas finanzas municipales pocos caminos públicos se podían mantener.

En este sentido, Andorra, como reducto anacrónico, debido a razones históricas, del derecho catalán, nos da un buen ejemplo de la situación. Hasta la promulgación de la Constitución, en la década de 1990, cada parroquia, cada común, arreglaba y mantenía su tramo de carretera. Si aún hoy, parte de la red secundaria andorrana está pendiente de asfaltar, poco se podía mantener ahora hace dos siglos una red pública muy extensa a cargo de los municipios catalanes.

Finalmente, existe una "prueba del nueve". Tome las fotografías aéreas de los años 1950. Analice los caminos que existían en ese momento y los que hoy existen. Consulte las contabilidades municipales y provinciales. Muy pocos de los nuevos caminos, han ido a cargo del erario. Y es de suponer que los propietarios de las fincas no se han pasado medio siglo costeando caminos para entregarlos, gratuitamente, al dominio público.


Y con todo esto ¿quedan vías públicas? Sí, quedan, pero muchas menos de las que las leyendas (mayormente urbanas) explican. Para identificarlas hay algunas reglas que suelen ser útiles. Aplicando dos se empieza a forjar una red muy racional de caminos presuntamente públicos. La primera es intentar comunicar, de forma radial, todas las parroquias con su colateral. La segunda es identificar aquellos caminos (algunos hoy totalmente abandonados) que sirven de límite de término municipal o límite de propiedad entre las grandes fincas. El resultado, normalmente, se aproxima bastante bien a la red pública histórica.

En este ejercicio hay que ser consciente de que salvo caminos cercanos a grandes áreas urbanas, todos ellos eran bastante estrechos, no más allá, de un metro, ya que debido a la geografía catalana, el tráfico de mercancías era mayormente a basto y no con carros. En este sentido hay que notar que la palabra "carretera" deriva de la palabra "carro" o "carreta". En cuanto a la anchura muchos pueblos y villas de Cataluña tienen la "calle ancha". ¡Medir lo!

Por tanto, todo lo que hubiera antes de la construcción de las carreteras modernas era bastante reducido en dimensiones. Lo que hoy puede parecer un sendero, ayer podía ser un camino público con un volumen de tráfico relevante.

Tomando el resultado de esta base de caminos, añadiendo los caminos públicos reconocidos por fuentes históricas solventes y descontando aquellos caminos que se desafectaron durante el siglo XIX, en sustitución de las carreteras modernas, tendrá una muy buena aproximación de la red de caminos públicos.

Y todo lo demás, son cuentos, mitos y leyendas, para el folclore urbano.

 

Artículo publicado en la Drecera 129. Septiembre - Octubre 2011
Informativo Agrario del INSTITUT AGRÍCOLA