OTTO VON HABSBURG LORENA (20 Noviembre 1912 – 4 Julio 2011)

El Instituto Agrícola ha enviado el pésame a la Casa Habsburgo por el óbito de Otto de Habsburgo y, muy especialmente, a su hija, actual vicepresidenta de nuestra entidad, Mónica de Habsburgo.

La vida de Otto de Habsburgo ha estado llena de generosidad política e intelectual. Este hombre apasionado, moderno y liberal, uno de los padres políticos de la Europa moderna, falleció la madrugada del cuatro de julio, en la localidad babaresa de Pöcking. Estas últimas horas, una de sus frases preferidas, ha corrido como la pólvora, encendiendo cerebros y sentimientos: "Lo más importante de la vida es la muerte" Recibir la muerte, pasar cuentas con ella y aceptarla humildemente, da paso a la nueva vida.

Viena, estas últimas décadas, tildada como "la Roja", ha sabido servir honores de funeral de Estado a Otto de Habsburgo. Ante una nobleza con títulos prohibidos por ley, la Austria republicana, a pesar de sus contradicciones históricas, ha sabido reconocer que la herencia imperial es un activo, no sólo histórico, de su esencia y existencia. La editorial del diario austríaco Kurier recogía: "Austria sigue siendo realmente una monarquía" Las cinco vocales AEIOU, lema de la Casa Imperial, siguen trabajando como una positiva escuela elemental de voluntad y servicio.

Otto ha sido enterrado, junto con su esposa la princesa Regina, en la cripta de los capuchinos de Viena, allí donde reposan sus antepasados, pero su corazón,-el físico y el espiritual-, descansará para siempre a la valiente y candorosa Hungría, en la Abadía de Pannonhalma en Bucarest.

La política austriaca, como otras penosas políticas europeas, debate tristemente estos días, por el dinero. Ahora, concretamente, por las ruindades de cien mil euros, o quizás más, que ha costado el evento. Pero la lección ética, moral y cristiana, ha sabido sobresalir a las calles de la capital de la mano de miles de civiles venidos de todo el mundo. Personas, mayoritariamente anónimas, que han colaborado generosas y gratuitas por la dignidad y nobleza del acto que se llevaba a cabo, por el sentido pregón de una Europa hermanada, incluso, antes que unida. Es la lección y el testamento que nos deja este prohombre de gesto humilde y su larga saga, a pesar de cualquier error atribuible, o no. Las grandes de los capuchinos de Viena, no se han abierto sólo para dejar pasar el Archiduque y sus hechos mundanos. Sólo así no lo hubieran reconocido ni se hubiesen abierto. Había que reconocer también al hombre, el pecador humilde que había pasado cuentas ante sí mismo, delante de todos y ante Dios. Las auténticas puertas de un mayor nacimiento. Como decía nuestro poeta Joan Maragall: "séame la muerte una mayor nacimiento".

A todos nos reciben con unos emocionados brazos carnales cuando nacemos, Otto ha tenido la suerte y el privilegio de ser acompañado en su muerte no sólo con los brazos de su sangre futura, sino con la lealtad de los brazos del pueblo, con los brazos de una Europa moderna que lo reconoce como padre.

En estos momentos nos está tocando vivir un período duro y convulso en Europa, no más duro ni más largo que el que le tocó vivir a él. Su muerte nos ha de hacer más europeístas que nunca. El ejemplo contracorriente y convencido de este decano eurodiputado de este longevo Archiduque entregado al ciudadano, debe ayudarnos a seguir con fe, esperanza y mucha caridad, trabajando por Europa. Sin embargo, a pesar de las dudas y las decepciones, necesitamos valorar con objetividad lo que la Comunidad Europea nos ha ofrecido hasta hoy, más cosas buenas que malas. Particularmente, hay que remarcarlo, por España y por Cataluña. El Instituto Agrícola también tiene una especial deuda de gratitud moral por las ayudas y colaboraciones recibidas de Otto de Habsburgo.

La serie de funerales que, durante estos días, se han realizado en toda Europa, entre otros a Mariazell y Munich. Las retransmisiones televisivas y la multitud de publicaciones aparecidas, expresan la profunda estimación y reconocimiento de buena parte de los ciudadanos en torno a la figura de un hombre tenaz. Un político con total dedicación a la continuada causa de reconstrucción y construcción política y económica de este viejo continente. La última despedida pública a Otto de Habsburgo fue el día 16 de julio en la Catedral de Viena. Posteriormente, sus restos, junto con los de su mujer, la Princesa Regina de Sajonia-Meiningen, han sido depositadas en la cripta de la iglesia de los franciscanos capuchinos de Viena. El panteón de los Habsburgo donde reposan 144 miembros de la familia.

Nacido en 1912 en la Villa Wartholz de Reichenau (Austria), Otto ha gozado y sufrido intensamente Europa durante toda su vida. Un europeo exiliado durante muchos años, precisamente por aquellos Estados que justamente más amaba. Las tiranías, egoísmos y miedos, de muchos Estados europeos siempre han sido el peor cáncer de Europa. Pasado los años más duros y oscuros, durante la Segunda Guerra Mundial, Otto se opuso firmemente a la anexión hitleriana de Austria. No pudo volver, ni recibir pasaporte austriaco, durante muchos años. Sin embargo, con su constante buen hacer, fue recibiendo las nacionalidades alemana, húngara, croata y también, cómo no, austriaca. La cual, finalmente, se le otorgó en 1966, cinco años después de renunciar oficialmente al trono austríaco y declarar lealtad a la república, actitud que le honra remarcando su profunda estimación por Europa y sus ciudadanos por encima de sí mismo. Su biografía está llena de hechos valientes y comprometidos en favor de la unidad y la libertad.

Sus antecedentes nos explican cómo desde la más tierna infancia vivió la entrega de sus familiares. La vida de su tío-abuelo Francisco-José, la de su padre Carlos y su madre Zita, le fueron ejemplares ayudas. Vivió un exilio largo, pero también formativo, forjándose un acendrado carácter. Primero en Suiza. En 1921 Otto, con nueve años, fue convertido en pretendiente al trono húngaro. Su padre Carlos realizó audaces tentativas para conseguir la corona húngara. Los aliados obligaron Hungría, después de una segunda tentativa, a deponer la dinastía Habsburgo mediante una ley emitida por su Parlamento.

El conde de Bethlem, Presidente del gobierno húngaro durante años, decía a sus ciudadanos: "En la monarquía húngara hay que pensar en ella siempre, pero hoy no se ha de hablar". En Funchal, isla de Madeira, vio morir a su padre. Pasado este duro período, Otto residió en Lequeitio (Vizcaya) con su madre y sus hermanos, donde estudió el bachillerato; más tarde fueron: Bélgica, Estados Unidos, España y Francia. En una entrevista a su madre Zita de Borbón-Parma en 1930, cuando Otto cumplía su mayoría de edad, remarcaba: "Otto es un estudiante, nada más que un estudiante". Un sencillo estudiante que iniciaba, apenas, la carrera de ciencias políticas en la Universidad de Lovaina y que, desde entonces, ya no dejaría de trabajar un solo momento para la paz y la unión en Europa. El Paneuropeisme ha sido una constante activa, una evolución natural e inteligente de la Casa Habsburgo contemporánea, hoy dirigida por su hijo Carlos.

Obtenida la nacionalidad alemana, a partir de 1954, residió en Baviera expandiendo su labor como diputado europeo por la CSU bávara en el Parlamento Europeo durante veinte años. También como presidente, durante treinta y un años, de la Unión Internacional Paneuropea, de la que su hija Mónica es la actual vicepresidenta. En España se puede recordar fácilmente por sus colaboraciones en la prensa sobre política internacional. Estas han sido sus herramientas, en medio de un incesante peregrinaje por Europa y el mundo. Reuniones, conferencias, visitas, asistencia a actos de la más diversa índole, siempre con la ayuda y compañía de su esposa Regina e hijos. Todo esto y más, lo ha hecho mantenedor implacable de su causa, la causa de Europa, hasta los 98 años de edad.

También pueden consultar la web: www.ottohabsburg.org


Articulo publicado a La Drecera. núm. 128. Julio - Agosto 2011
INFORMATIVO AGRARIO DEL INSTITUT AGRÍCOLA.