La EUROPA desfallecida



Estos últimos veinte años, el sector productor de materias primas para la alimentación ha sido condenado a vivir al margen del mercado, ha tenido que desarrollarse dentro de un marco normativo muy restrictivo e intervencionista. Este ha comprometido y compromete, buena parte del presupuesto comunitario. Ha generado una agricultura rutinaria y conformada, de bajo rendimiento, deficitaria en muchos aspectos y que no conoce la franca competencia ni el libre mercado. Ha generado una industria agroalimentaria dependiendo, en grandes proporciones, de materias primas extracomunitarias, divagando en un mercado global cada vez más fraudulento, inseguro e inestable. Los momentos presentes piden soluciones muy diferentes a las que se están tomando, y que pasan por aprovechar y desarrollar la libre competencia y mercado, que pasan por aprovechar y desarrollar tecnologías agrarias alimentarias que hoy el Parlamento Europeo dificulta o prohíbe con sus directivas. Nada que no haya dicho y repetido ya nuestra institución.

Tanta precaución, tanta prevención, han condenado la práctica científica y tecnológica agraria a los infiernos de una desconfianza no merecida. Si los gobiernos europeos supieran escuchar a los científicos, los técnicos y los empresarios, las soluciones habrían llegado con más facilidad. A principios de los años setenta del siglo pasado, ingenieros como Pierre Deffontaines, JMClement o F. Lamich, anunciaban la posibilidad de desarrollar la agricultura y ganadería en medios artificiales, incluso, la aparición de alimentos y bebidas de síntesis con precios muy competitivos. Ya hace más de una década que la ingeniería genética norteamericana, liderada por personajes como Craig Venter, ha empujado una revolución agroalimentaria que dinamiza claramente su mercado. Una genómica aplicada por tecnologías médicas, farmacéuticas y agrarias, que ha facilitado la aparición de alimentos de nueva generación. Carnes y vegetales de síntesis elaborados en biocontenedors, hoy comparten estado con alimentos genéticamente modificados y tradicionales. Esto libera suelo para otros usos, facilita y abarata la alimentación humana. El presidente Bush, se mostró siempre más reacio en cuanto este tema. Obama, por el contrario, es decididamente partidario y ya ha firmado los primeros papeles de manumisión y libertad. El abaratamiento de costes, la seguridad y calidad que presentan estos nuevos alimentos de síntesis tienen difícil competidor.

Es un cambio francamente trascendente, tanto como cuando las sociedades cazadoras y recolectoras fueron desplazadas por las agrarias y ganaderas, estableciéndose así las primeras grandes ciudades y una nueva economía, casi hasta hoy mismo.

La técnica, bajo su riesgo, hace miles de años que está salvando a la humanidad del peligro de desaparecer. Estos miedos que ahora cuevan Europa, no esconden otra cosa que inconfesables intereses y desequilibrios económicos y de poder. Unos miedos, unas ignorancias, que la hacen desfallecer y peligrar social y económicamente. ¡Si los romanos levantasen la cabeza!


Editorial La Drecera 115, Mayo-Junio 2009

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