¿Verdad que no nos haremos daño?


La crisis golpea con fuerza. El endeudamiento de los Estados europeos, subasta tras subasta de emisión de deuda pública, supera el 45% del PIB y parece que no hay miedo si hay que llegar al 100%. Ante unos déficits tan espectaculares y generales, con orígenes tan claros, ningún Estado se ha atrevido a hacer una purga a fondo de su sistema bancario y, ahora, los bancos retienen un dinero que ya debería estar produciendo y dando trabajo. ¿Tanto cuesta identificar lo que hay que hacer? ¿Tan difícil y caro es hacer confianza a determinadas empresas y empresarios?  Esta situación de bloqueo, incita a pensar que aún no se ha tocado fondo y que el tema es más grave de lo que parece. En el caso español, ¿utilizarán los bancos buena parte de ese dinero para comprar casas sin mercado? ¿Limitarán así otras actuaciones positivas y quizás bastante más necesarias en el país?

La historia, como instrumento de previsión, no sirve absolutamente para nada, pero si que permite saber lo que no necesitamos repetir. El empresario no es un jugador de cartas. No "todas le ponen" por casualidad y además sin pienso. Si algo ahora aterroriza definitivamente el dinero, es aquel azar e irresponsabilidad que la ha hecho caer en el pozo donde se encuentra. El orden económico habitual no puede seguir siendo el "sálvese quien pueda". El abandono a la suerte especulativa de los mercados financieros acaba, a menudo, en "mala suerte". Una sociedad responsable no se vierte totalmente oportunismo circunstancial, sino que sabe identificar y confiar en sus actores de riqueza constante. Lo contrario es aquella ineptitud y vagancia que hace saltar la banca mientras tiene suerte, y cuando no, envía a todos a visitar las ratas.

Europa está acabada si no espabila. Si no se arremanga adecuadamente, hará tambalear gravemente su modelo de bienestar. El sector agrario ya se ve afectado y lo puede notar mucho más, muy pronto. De la noche a la mañana y casi sin avisar, quedarán pocas ayudas o quizás hacia el servicio del sector. Esto, con la general baja de precios agropecuarios, provocará situaciones inesperadas y nunca vistas hasta ahora.

Lo que no es de recibo por parte del Departamento de Agricultura, es que ese dinero ya comprometido con los solicitantes de ayudas europeas, ahora se prorroguen injustificadamente y sin día de pago o, peor, acaben por no pagar con razones bastante más que dudosas. Cuando esto ocurre, hay peligro de hacerse daño.



Editorial La Drecera 113, Enero-Febrero 2009


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