¿Qué conocimiento es primero?



Hasta hoy, quien tenía dinero pensaba poco en los pobres y ahora resulta ¡que lo podemos ser casi todos! Queda claro que se acabó el dinero fácil en el país de los nuevos ricos y que apenas ahora empieza el periodo del dinero difícil en el país de los nuevos pobres. Para inmediatez de esta situación, acentuada por el creciente desempleo, confiamos en que tarde o temprano acabemos encontrando aquellos líderes políticos, patronales, sindicales y civiles, que ahora no tenemos. Cuanto más tarde esto, más “mala pieza en el telar” tendremos. Es una situación de manual: Toda crisis económica grave siempre conlleva una consecuente o subsiguiente crisis social. ¡Sed pues, cariñosamente invitados a vivir intensamente lo que nos espera! No es sólo la refundación de lo que proceda, no es sólo un cambio de partidos políticos, de un cambio de entidades bancarias o de trabajos, se trata de otra cosa y, además, habrá para años. Se trata de una nueva sociedad que ahora acaba de empezar.

Aquellos empresarios que estén acostumbrados a usar los valores humanos como herramientas cotidianas de su trabajo, generarán la nueva riqueza que ahora no somos ni capaces de entender. Los empresarios agropecuarios hace treinta años que sobrevivimos a una crisis particular y es ahora, a la luz de los hechos, que nos encontramos especialmente ligeros y cargados de razón. Afrontamos lo que nos cae ahora con serenidad, sin miedo. Hemos acumulado una fortaleza y educado una sabiduría, propias de saber ir contra corriente. Nuestro sector es uno de los orígenes larvados, una causa consustancial que acompaña esta crisis y que también es clave de su solución.
      
Los actuales políticos, empotrados en el populismo más frívolo esperan, sin embargo, que antes del 2020 Cataluña se convertirá, como por arte de magia, en el país del conocimiento. Todo ello gracias al Pacto para la Investigación y la Innovación firmado recientemente por el Govern, oposición, patronales, sindicatos, etc... Mil seiscientos millones de euros para desvelar "el talento". Con una situación económica que no nos acabamos, que se nos come a cada segundo que pasa, los políticos siguen con su intemporal circo mediático, metiéndose donde no les toca ni se les pide. Como si el sistema capitalista, el sistema de mercado, fuera creación suya. Ellos tienen la obligación de regular, pero hacen un flaco favor cuando quieren intervenir hasta el final. Está claro que los bancos no se fían entre ellos, ¿pero quien se fía hoy de este tipo de políticos?

De tiempo inmemorial Cataluña había despuntado por ser un país con mucho conocimiento, lo que todos los padres exigían, especialmente a sus herederos: ¡Hijo mío, sobre todo, ten conocimiento! Pero desde que la Generalitat se ha empeñado en reeducar a todos mediante pactos, leyes y, especialmente, con el Código Civil Catalán, la superioridad paternalista y moral de la izquierda, su intento de regenerar "doctrinalmente" lo que es propio y connatural a la condición humana y social, resulta del todo empalagoso.

Tengámoslo claro, la solución sigue parada en el tejado de la sociedad civil y, mientras, los hechos siguen desbordando los derechos en todos los ámbitos. Si el país no reencuentra el conocimiento, mucho menos sabrá encontrar aquellos que lo representen adecuadamente.


Editorial La Drecera 111, Septiembre -Octubre 2008

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