Cuando la lluvia no sabe llover...



Hace muchos años atrás, el "Santo Cristo grande" era sacado de las iglesias en procesión para conseguir la lluvia. Son pocos, sin embargo, los que hoy recuerdan aquellas rogativas:-Por su gran piedad, ¡debe hacernos agua Majestad! Cuando el agua finalmente llegaba, todos buscaban cobijo para no mojarse y volvían corriendo a casa bien satisfechos. Malas lenguas dicen que, alguna vez, más de una cruz había quedado abandonada en medio de la huída y el chaparrón. La sociedad humana, a menudo, tiene estos comportamientos, donde los egoísmos y los intereses individuales acaban justificados por un ingrato comportamiento colectivo.

Hoy este egoísmo, individual y colectivo a la vez, cae fácilmente en un bendito y beatífico "buenismo". Un optimismo insensato que no admite la existencia de opiniones claras sobre nada, donde todo depende de la tolerancia de moda que sople ese día. Por aceptar, acepta todo, vale todo, mientras no afecte personalmente el salario o las ganancias y, en caso de necesidad, poder cargar fácilmente el muerto, o los barquilleros, a otro. Lo único que parece cierto y duro como el mármol, es la fatalidad inevitable de unos sistemas de representación política y social corruptos por esencia, donde los ciudadanos electos sólo defienden corporativamente sus intereses privados.

La crisis de los sistemas de representación pública hace tiempo que está servida. En estos momentos se reclaman, aunque con tibieza, nuevos modelos y tipos de representación en los ámbitos de la política, la patronal y los sindicatos, cada día más lejos de los intereses de la mayoría de los mortales. Parecen no existir objetos ni sujetos a defender de forma suficientemente clara en ninguno de los ámbitos más generales de representación de la sociedad. Hay una palpable dimisión en las responsabilidades de la persona electa hacia los que representa. A menudo le afloran las intransigencias y las evasiones, todas al margen de las necesidades de los ciudadanos.

En Cataluña estamos inmersos en una tragedia en cuanto a la representación de los intereses de la ciudadanía, inmersos en un delicado tráfico estructural e infraestructural de extraordinaria necesidad e importancia que se junta, de forma bastante envenenada, con una recesión económica de lento y largo recorrido que afecta a todo ese mundo que hasta ahora consideramos desarrollado. Aquí sin embargo, seguimos muy tranquilos con la sequía, pues la culpa de todo es de las nubes y no de la Agencia Catalana del Agua. Llega la carestía de los cereales y de buena parte de los alimentos de primera necesidad, y en vez de sembrar los agricultores parece que lo hará mejor el Consejero de Agricultura. Hay que saber que desde el Martes, 6 de febrero, el Honorable y su Consejería, son calificados, por ley, como Cultivador Directo y Personal también con derecho a arrendar y subarrendar fincas rústicas. A pesar de que los tiempos sean difíciles, os invitamos a no perder de vista la responsabilidad individual del voto y actuar en consecuencia.


Editorial La Drecera 107, Enero-Febrero 2008


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