¿QUIÉN NOS HIPOTECA?


El siglo XX y sus desastres, nos han demostrado ampliamente que sin la existencia de la propiedad privada no es sostenible el sistema democrático y capitalista que hoy nos regula. El respeto a los derechos de la propiedad privada, refuerza al mismo tiempo las libertades individuales y la cohesión social. Pero el sentir de la clase política, muchas veces, es muy diferente y manipulador. Las "Revoluciones Bolibarianes" son un ilustrativo ejemplo. Sabemos sin embargo, que la propiedad privada, sea intelectual, de los medios de producción o inmueble, nos son imprescindibles para poder funcionar. Así pues, el sincero "¿Por qué no te callas?" Se convierte en un inusual clamor a favor de la sensatez, en un mundo tan exhibicionista, manipulador y decadente.

Después de tantos años de sublime papeleo y directiva europea, este último cuatro de septiembre, la luz parece haber llegado finalmente al Parlamento Europeo y a sus diputados, pues se han planteado cómo poder legislar mejor y de forma más eficiente. Obligándose a la búsqueda de estrategias para simplificar el actual marco regulador. Para más inri, el día trece, se dio claramente la razón a los críticos con la Política Agraria Europea de los últimos años, pues la Comisión Europea proponía, casi a disgusto, fijar en un 0% el porcentaje obligatorio de retirada de tierras de cultivo subvencionadas como reacción a la situación del mercado mundial de cereales. La liberalización total del sector agrario europeo para el 2013, cada día que pasa, toma más vuelo y certeza.

La legislación y la política, tercamente siguen desguazado los límites funcionales, y más puramente económicos, que dan sentido a la propiedad privada. ¿Hay que hipotecar los derechos de la propiedad privada para poder dar más cohesión social y acceso territorial a los ciudadanos? Recientemente, en un artículo periodístico, Jacint Ros Ombravella sacaba hierro a la actual situación de posible crisis hipotecaria y económica, resaltando la saneada situación patrimonial del ciudadano medio español. Será bueno, tal vez, en estrictos términos estadísticos y por un catedrático de economía. Pero la sombra nueva de amplias áreas territoriales protegidas y en forma de red, existentes en el ámbito europeo, son una peligrosa hipoteca y de bastante mal evaluar. A saber, y a modo de pequeña muestra algunos: Lugares declarados Patrimonio de la Humanidad, Reservas de la Biosfera, Lugares protegidos por el Convenio RAMSAR, Reservas de Biodiversidad, Diploma Europeo de Áreas Protegidas, Áreas Especialmente Protegidas del Mar Mediterráneo, Áreas Especialmente Protegidas del mar Báltico, Red Natura 2000, Red Emerald, Red de Corredores, Caminos de Gran Recorrido Europeos que invaden de facto, algunos de ellos ya hace un montón de años, miles de kilómetros de caminos privados, redes transfronterizas, etc. ¿Es que el suelo rústico europeo ha de dejar de ser rentable? ¿Nos lo podemos permitir en un mundo que cada día sufre más hambre?

Para proveer, dudosamente, de un acceso igualitario y gratuito en el territorio para todos los ciudadanos, para proteger la naturaleza o el paisaje, ¿nos hace falta trufar con tanta dinamita el patrimonio privado europeo?



Editorial La Drecera 106. Noviembre – Diciembre 2007.

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