NOS TIENEN BIEN CONTADOS PERO, ÚLTIMAMENTE, HAN CONTADO MUY POCO CON NOSOTROS.


Cada vez que llegan elecciones, la democracia recuenta uno a uno sus ciudadanos. Hace unos días que acabamos de ser revisados en el censo otra vez. Sin pedirlo, franqueo pagado, nos llegan diligentes las cartas de cada opción en nuestro buzón. ¿Sabrán interpretar los candidatos el lamento de aquellos que todavía votan? ¿Sabrán el sentimiento de aquellos que no votarán? De no escuchar a la gente. De no escuchar las asociaciones civiles. De tanto ejercer un gobierno exclusivamente al servicio del poder de un dinero plutocrático, hoy en quiebra o en fuga de Europa y Occidente, finalmente han conseguido lo peor. Lo que un sufragio democrático y universal no puede tolerar. Han conseguido convertir ciudadanos- personas en grises individuos sin voz. De ciudadanos con derechos y deberes, a “pululantes” anónimos. Seres vacíos -no seres-, zombies trastornados que con gran precaución y abstención, ya no quieren pertenecer a ninguna parte ni compartir mucho con nadie. ¿Conseguiremos, entre todos, del vacío hacer existencia?

¿Dónde están aquellos valores que daban aire cuando más hacía falta? ¿Cómo hemos llegado a tolerar y aceptar un mercado económico tan poco humano? ¿Cómo hemos conseguido tanto egoísmo? ¿Cómo hemos destruido tantos espacios de encuentro donde libremente buscábamos un buen y bien vivir para todos? Allí donde las necesidades conjuntas, siempre llenas de pura realidad, encontraban fácil y rápida respuesta; donde muchos ciudadanos aprendieron a hacer noble y leal confianza a sus líderes económicos, políticos, sociales y culturales. ¿Dónde está hoy la posibilidad, el ensayo si fuera, de una respuesta tranquila a nuestros comunes despistes y desfallecimientos? ¿Dónde estamos? ¿Cómo hemos llegado a ser tan invadidos por la desconfianza? Sin embargo, estos últimos años, ha habido quien ha seguido trabajando con perseverancia para la sociedad civil y que ha intentado votar lo mejor que ha sabido. Ha votado, y vota, no sólo para él y los suyos, sino en favor de todos. En favor de aquellos que ya hace tiempo que con tristeza desesperan o que definitivamente han dejado de confiar en todo lo que sea colectivo o público. El voto es herramienta principal y necesaria para entender y vivir la sociedad democrática. Resulta irresponsable y arriesgado, para todos, desistir.

Un Presidente de la Generalitat, con voz levemente cascada, nos decía a menudo: ¡Escuchad! ... ya sabéis a quien me refiero. Las tornas han cambiado, es ahora que la sociedad civil catalana dice: ¡Escuchad, políticos! Hoy, los políticos, tiene la obligación de escuchar más que nunca, de escuchar en medio de la desesperanza de una abstención creciente y a veces peligrosamente rabiosa. Vaya como vaya, esta vez saldrán, al menos, manchados como parlamentarios electos de una sociedad triste, harta y empachada de sus hazañas fracasadas y a menudo lejanas de todo. Futuros parlamentarios: ¡Escuchad el llanto del desengaño y la frustración! Escuchad de una vez los ciudadanos, la sociedad civil y sus representantes, y actuar con la sensata congruencia a que obliga el cargo con el que todos os investimos. Probablemente sean pocos los votos, diferentes y anónimos, pero todos con un nombre y en confianza. Un escaño por cuatro años. Si fatalmente, por lo que fuera, ahora no sentís la obligación de servicio, si no sentís el cargo, si no sentís la alta responsabilidad-que incluso eso tenemos que llegar a deciros -, en su caso, deje correr su escaño por favor. Quizás así todo irá un poco mejor.
Al fin y al cabo, la verdadera autoridad está al alcance de todo el que quiera, sólo hay que saberse dar como persona humana. Trabajando por una clara independencia política y económica del asociacionismo civil, también trabajamos para facilitar el reencuentro de la ciudadanía con la clase política que todos necesitamos.


Editorial de La Drecera. núm. 124   noviembre - diciembre 2010
INFORMATIVO AGRARIO DEL INSTITUT AGRÍCOLA

Editoriales anteriores: