DE LA SOSTENIBILIDAD A LA SUSTENTABILIDAD.


Estos últimos años todo ha sido sostenible: La economía, la empresa, el medio ambiente, el coche, la dieta, la ropa interior ... al final nos ha pasado como a aquella flamenca tonadillera a la que "se le gastó el amor de tanto usarlo". Las palabras hay que saberlas usar, pero también hay que saberlas sudar.

La humanidad es sobreviviente y, en muchos casos, superviviente
. Desde sus orígenes, ha sabido sustentar. En términos más agrarios, el diccionario también nos dice que sustentar es alimentar, nutrir. Lo que sustenta, lo hace de abajo a arriba. Todo empieza a ras de suelo, con unos buenos cimientos, con una buena semilla. Sólo así, teniendo siempre en cuenta el suelo, se puede llegar a los frutos, conseguir que el trabajo perdure constructivo y productivo en el tiempo. La torre de Babel se derrumbó, no sólo por querer llegar al paraíso divino sino, para olvidar las cualidades de la tierra con que estaba hecha y como ésta se sustentaba.

Aquellos que sostienen, lo harán, generalmente, de arriba hacia abajo. En el ejercicio de sostener, a menudo acaba por olvidar el suelo, para prescindir de la tierra. Hábiles en el mensaje profético, los “sostenedores” anunciaron la vez el paraíso de la sostenibilidad y el infierno por infieles. En las altas finanzas, por consustancial al ser altas, cada vez les gustó más eso de sostener. Un día, desde la soleada y potente altura de rascacielos babelianos y globales, quisieron sostenerlo todo. La buena marcha de ese inmaterial sistema auguraba un crecimiento imparable, un paraíso donde la protección sostenible tenía un lugar preeminente. La cosa, vista desde abajo, desde la tierra, daba miedo. Tenía que estallar algún día. La tirantez de tantos ascensores sociales, de tantos salarios y rentas injustificables, en definitiva, de tanto crecimiento sostenido, provocó la aparición de grietas y derrumbes en el edificio. Los hilos, cuerdas, sirgas y cadenas, los sostenedores, se empezaron a romper. Los autómatas sostenidos, enmudecieron. Las marionetas y los títeres cayeron hasta formar parte de todo el montón de escombros.

La gravedad es grave por constitución y a mayor altura aún lo es más. Cuando de arriba ha caído el sostenedor, el encontronazo con el sostenido y con el suelo han sido más dolorosas y mortales. El inglés Isaac Newton fue el descubridor de este principio fundamental de la física a través de una manzana-que ahora también puede resultar interesante para la economía-, casi todos habíamos olvidado el poder inspirador y simbólico de esta fruta y el de todos los alimentos en general. Habíamos olvidado que a pesar de estar graciosamente sostenida en la rama del árbol de la eternidad, así era también profundamente venenosa para el alma. Allí no había que comerla para vivir, sino para intentar ser como Dios. Su existencia también en la tierra de exilio, la del sudor, la tangible, la productiva, aún hoy nos sustenta el cuerpo a todos y nos alecciona de los graves peligros de la soberbia humana.

La Drecera 125 Enero - Febrero 2011

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