SENTIDO COMUN

 

El dinero apareció cuando las cosechas, hacía siglos, ya habían creado los mercados. Los mercados siempre han sabido que no son nada sin las cosechas. Estas son fruto del trabajo de extracción del medio. Hoy pues la agricultura y las actividades primarias, mira por donde, tienen la oportunidad de crear una renovada escuela económica y replantear que es eso de la extracción o explotación. Hay que hacerlo pero, eso sí, con más acierto que los fisiócratas de antaño. La agricultura, especialmente, se convierte en una actividad tan a ras de suelo y a ras de inclemencias, que siempre acaban apareándose todos aquellos deseos, proyectos y artefactos poco fundamentados, ilusorios. La tierra, pues, hace tocar rápidamente de pies en el suelo. No es que sea un ramo conservador, es un ramo que lucha inteligente con herramientas lo más seguras y eficientes posibles y, a poder ser, sin hacer daño, pues al año siguiente también hay que cosechar. El roce constante con las dificultades que presenta el trato con la naturaleza, generalmente otorga un gran sentido común al hombre de campo. Terminando por ser, éste, una de sus principales herramientas de trabajo, vigilando de no caer en el gran vicio de la rutina irreflexiva. No se si es por el creciente envejecimiento y desaparición de este profesional, en Cataluña ya no quedan más de veinte mil, que la proporción de sentido común, dile diseño, también parece disminuir, de forma alarmante, el conjunto del país.

Las erupciones volcánicas, los tornados, los tsunamis, los terremotos, campan por el mundo. Pero en nuestra casa, la de la suave dieta mediterránea, parece que no nos aportan ningún aprendizaje social las granizadas, brotes de sol, incendios, vendavales, inundaciones, nevadas, heladas o plagas. Nos hemos alejado tanto y tanto de todo esto, que tenemos bastante, y nos entretenemos, humanizando la naturaleza como algo de esencia indefensa y bondadosa. Nada más falso. La naturaleza no tiene categoría ética, no es ni buena ni mala. Este error, propio de las fábulas de animales y otras pánfilas ideas, hace que hoy, cualquier producto con etiqueta de natural venda, desde una leche hasta una bicicleta. Lo natural es un maná del cielo que no puede hacer daño a nadie. Quien haya tenido experiencias con la casi tangible realidad amoral de la naturaleza, sabe de lo que hablamos. Lo natural no tiene nada de humano y lo tiene todo de vivo. No entiende nada de ética ni estética, no sabe ni contesta. El palo para poder sob evivir hoy, de algunos humanos frente a su medio, nos afecta a todos como seres sociales. Nos debería suponer pedagogía, y no escapismo bienintencionado y consumista, observar el medio natural, no sólo como una arcadia que facilita el consumo y relaja, sino como una escuela de austeridad y sensatez.

En estos momentos, es bueno saber que no sólo hacen falta mercados y dinero para vivir y/o sobrevivir. El síndrome actual de la política y los políticos, por ejemplo, en el que sin dinero no pueden hacer nada de bueno, es un fiel reflejo de la débil, malcriada y viciosa, que hoy llega a ser la sociedad desarrollada, especialmente la europea. Los mercados también yerran, es evidente que nadie los vota pero, hasta ahora, nos han engañado mucho más que los políticos. Sin materias sustentables que negociar, peligran y se afanan de todos los mercados y también todo el dinero, por sostenibles que nos los pinten. Replantear la producción es el primer paso. Dónde, cómo y cuánto, las primeras grandes cuestiones en todo el mundo y empezando por casa.

 

Editorial de La Drecera. núm. 127 Mayo - Junio 2011
INFORMATIVO AGRARIO DEL INSTITUT AGRÍCOLA

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