Necesitamos una agricultura decididamente productora dentro de una imprescindible economía productiva


Ante un modelo económico fracasado nos hace falta encontrar otro. No hay lugar a las rabietas de aquellos que todavía creen vivir bien a costa de los demás. Cuando en la calle o en el campo, se sufre la injusticia generada por un modelo caduco, esto, tarde o temprano, deriva fácilmente en conflicto. ¿Quién, ahora todavía, no se ha dado cuenta de la situación presente? No hay nada que tensione más el comportamiento social que la creciente falta de trabajo, que la pobreza inesperada infiltrándose todo, que el hambre... ¿Que estamos esperando, pues?

En 1938, la Dirección General de Agricultura republicana, dentro de la emblemática “Biblioteca del Pagès”, publicó un volumen titulado “¿Qué es la ciencia del Suelo?” Eran entonces tiempos de guerra civil y de graves problemas, bastante peores que los actuales pero, entonces, afortunadamente, una parte de la administración catalana todavía tenía la fortaleza y la constancia de difundir modelos económicos constructivos y productivos para su país. Este sorprendente primer tratado catalán de Edafología en tiempo de guerra, expresa en su introducción una trascendencia y significación que no sólo supo reforzar y tener en cuenta la ciencia y la investigación, entonces muy precario, sino que dio unas claves de recuperación económica y humana que, hoy, encontramos con frecuencia de menos. Recogemos, a continuación, una frase: "Es curioso como muchas veces se olvida que la Agricultura es la madre de todas las actividades sociales. Concretamente, sin agricultura no hay industria ni comercio en el mundo. Esto se puede  firmar categóricamente. "(...)
 
Tras más de veinte años de no valorar adecuadamente la función económica de la agricultura, hoy no tenemos suficiente factor humano para producir tal como es necesario. Sin gente joven, del país y con ganas, capaz de asumir una ingente innovación tecnológica a su favor, no tenemos futuro. Necesitamos que nuestra agricultura sepa producir y ser competitiva en todas aquellas materias primas que le sean posibles, así mismo, con la industria, comercio y servicios, conseguir sacar adelante este país nuestro. ¿Cómo demonios podemos querer seguir teniendo una transformación alimentaria puntera, ejemplar y de carácter multinacional? ¿Cómo esperamos mantener nuestra emprendedora ganadería intensiva? ¿Cómo lo tenemos que hacer con unas materias primas tan caras y que necesitamos para hoy mismo? La agricultura y ganadería actuales dependen de más de 2.600 productos derivados del petróleo, a parte del gasóleo. Desde las ciudades hay que saber que antes que poder pasear por un jardín rural catalán sábados y domingos, tenmos que poder comer sano y barato cada día de la semana. ¿Cómo hemos nos hemos atrevido abortar desde Cataluña el futuro de su necesario factor humano en la agricultura? ¿Cómo hemos derrochado, malversado, tan alegremente, costosas infraestructuras agrarias y de futuro, proveedoras de lo más necesario en nuestra industria alimentaria y comercio como es un buen ejemplo el del Canal Segarra-Garrigues? La mayor inversión catalana de la historia después de la línea 10 del metro barcelonés.

Hay que saber armonizar el deseo con lo que es posible y necesario. Parece que ha quedado claro que los países desarrollados ya no pueden seguir rapiñando, explotando, las materias primas, especialmente las de los países emergentes. Detrás de esta crisis financiera, está la subida de precios de las materias primas, especialmente las energéticas y las alimenticias. Necesitamos recuperar, pues, una mejor y mayor producción, más cercana, sustentable y competitiva.

Editorial de La Drecera. núm. 126 Marzo - Abril 2011
INFORMATIVO AGRARIO DEL INSTITUT AGRÍCOLA

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