De la gravedad a la presión:
¿El accionista contra el ciudadano?

 

No hace mucho que hablaban como de inhumana es la naturaleza y, al mismo tiempo, como de necesaria es para el hombre. La sociedad de mercado también ha resultado ser bastante inhumana, pero resulta imprescindible para nuestra actual pervivencia. Las presiones sobre el mercado y las primas de riesgo, ahora, son huracanadas. Fue un catalán nacido en Artés (Bages), curiosamente, quien inventó el barómetro aneroide. El jesuita y meteorólogo Federico Faura, fundador y director del Observatorio de Manila, se preocupó por los terribles tifones que asolaban la población. Así pues, construyó el primer barómetro para poder prever, al menos con veinticuatro horas de anticipación, aquellos temporales ciclónicos. Ante los daños de las presiones, es conveniente crear instrumentos de previsión. La previsión siempre ha sido y es, la gran asignatura pendiente en la corta historia de la ciencia económica. Recuerdo como Fabià Estapé, hacía a menudo plaga de la general falta de previsión de la economía y los economistas. Estos últimos meses hemos pasado, de conocer y sufrir el poder de la gravedad en la economía, a experimentar la devastadora fuerza de las presiones en el mercado de la deuda. Con la prima de riesgo a merced de altas y bajas presiones imprevistas, el barómetro del buen Padre Faura no tiene nada que hacer. Sí tiene que ver, sin embargo, su actitud previsora, tan fundamental para las ciencias meteorológicas y geofísicas. Queda claro que las agencias de calificación, tipo Moody 's, Standard & Poors o Fitch, no son agencias de predicción, ni les corresponde paso. Habría sin embargo, una entidad indicadora, previsora, que apaciguara el natural histerismo y la actitud sustancialmente miedosa del dinero.

La previsión de las presiones, tiene mucho que ver con la observación y análisis del comportamiento y proceder de aquellos grupos corporativos, de los que hoy tienen mucho más dinero y poder que todos los Estados juntos. Normalmente actúan al margen de los gobiernos, de manera que los ciudadanos demócratas del mundo van perdiendo soberanía a pesar de sus votados representantes. La crisis del modelo de las Cajas, regidas por asamblea y voto, viene primordialmente por el rechazo y presión de la mundial y creciente sociedad de accionistas. Dentro de su sistema no habita el poder democrático, sino el poder de la acción. El lema: "Un hombre un voto" no existe en la sociedad de mercado. El triste destino económico de la sociedad Griega, "madre histórica de la democracia", contrasta de lo lindo con el éxito económico de la dictadura sobre el individuo que practica China.

La esquizofrenia bipolar de la sociedad moderna está servida: Vierte el accionista contra el ciudadano trabajador y votante, que con frecuencia son la misma persona. La sociedad de mercado ataca la sociedad demócrata y la sociedad tecnológica ayuda con algún buen golpe de sable. El modelo Caja ha tenido que hacer de tripas corazón y la mente eficiente, defendiendo y vendiendo su alma, no precisamente al diablo, sino a un mundo desanimado. Hoy, por ejemplo, la fiscalidad pública española retiene entre un 35 a un 46% de las rentas del trabajo de todos los trabajadores votantes y, en cambio, perdona, generosa y despistada, con un 19% de retención las rentas de cada accionista, que es donde radica el poder multinacional de este mundo en crisis. Si los Estados quieren prever los ciclones al estilo del buen jesuita Faura, que empiecen a retener a los accionistas igual cuantía que a los trabajadores. Retener fiscalmente con equidad del trabajo y de la acción, es camino hacia una economía más productiva y lo es también más y humana y democrática. El apostolado del modelo Caja no debe morir en el circo comido por los leones, sino poner humanidad, previsión, caridad y servicio, donde falte. Al fin y al cabo la economía es instrumento al servicio, y no a la perdición, del hombre y sus sociedades.

 

Editorial de La Drecera. núm. 128 Julio - Agosto 2011
INFORMATIVO AGRARIO DEL INSTITUT AGRÍCOLA

 

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