Confiando en nosotros, Confiando en Europa…
Más de una vez hemos hablado de la conveniente unidad de Europa. En estos momentos, las razones son de clara necesidad y bastante más que evidentes. Todos los Estados europeos no tienen otro futuro viable económicamente que lo que juntos se puedan dar en Europa. Individual y colectivamente tenemos que saber reencontrar un trabajo productivo y socialmente responsable.
A finales del siglo XIX, el gambeto era una pieza de ropa que expresaba el compromiso ejemplar de los catalanes con el trabajo. Este era un capote ligero con mangas útiles que protegía la ropa ordinaria, pero que también era usado en días de fiesta, el baile o en ceremonias oficiales de representación acompañado con barretina o chistera. Entre la revuelta de las quintas, que marcó un cambio profundo en el estilo del trabajo en Cataluña, y la ridícula pérdida del imperio español ', el gambeto fue dando entrada al “sobretodo”. Los regeneracionistas querían un cambio sustancial del conjunto del Estado. España, y no sólo Cataluña, debían ponerse a trabajar seriamente. Esta fue, pues, la intención política, este fue el mensaje. Pero finalmente, el sobretodo sólo acabó cuajando seriamente en Cataluña y la cosa quedó en un catalanizado “sobretodo”', encima de todo. Una extraña situación, con cornamenta incluida, de seguir trabajando por España durante todo el siglo XX. Cataluña como zona de trabajo. La ruina de los años veinte y el consiguiente desastre del treinta y seis, demostró que esto del trabajo todavía no estaba suficientemente claro en el conjunto del Estado. El Generalísimo bien que intentó que la Una, Grande y Libre, trabajara siguiendo el ejemplo de la industriosa Cataluña, pero no lo logró. Vale también recordar cómo, el Presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, con modernidad democrática y sin referencias a folclore textil de ningún tipo, insistía en que "Catalán es aquel que vive y, sobre todo, trabaja 'a' y también 'por' Cataluña”. Evidenciando así la beneficiosa cohesión y estabilidad social que da un trabajo responsable y un trabajo bien hecho. Mientras, el resto del Estado, lo miraba con cara de bobalicón y pensando que por ser español no hacía falta trabajar demasiado o nada, sino solo nacer en el territorio en cuestión, es decir en España.
Es ahora, en estos peligrosos días de velas titilantes y de una corriente eléctrica muy cara, que nos acompaña una oscuridad que no es sólo nocturna. Notemos con sorpresa, que sin trabajo en Cataluña, muchos van dejando de sentirse tan catalanes como eran. Aparte de la lluvia o de la nieve, son muy pocas las cosas que caen gratis del cielo, la mayoría nos las tenemos que ganar trabajando, a pesar de la sagrada Constitución. Estos últimos tiempos un buen grupo de ciudadanos duerme el peligroso sueño de los negligentes queriendo que se les haga todo y gratis... Esta actitud no tiene otra salida que el desastre total. En el siglo XIII, cuando este país era la primera potencia económica de Europa y del mundo entonces conocido, hasta el senescal del Rey para ir bien servido, se hacía él mismo la cama.
Editorial La Drecera 132. Marzo - Abril 2012
Revista de la Patronal Agraria de Cataluña

Confiando en nosotros, Confiando en Europa…


Más de una vez hemos hablado de la conveniente unidad de Europa. En estos momentos, las razones son de clara necesidad y bastante más que evidentes. Todos los Estados europeos no tienen otro futuro viable económicamente que lo que juntos se puedan dar en Europa. Individual y colectivamente tenemos que saber reencontrar un trabajo productivo y socialmente responsable.


A finales del siglo XIX, el gambeto era una pieza de ropa que expresaba el compromiso ejemplar de los catalanes con el trabajo. Este era un capote ligero con mangas útiles que protegía la ropa ordinaria, pero que también era usado en días de fiesta, el baile o en ceremonias oficiales de representación acompañado con barretina o chistera. Entre la revuelta de las quintas, que marcó un cambio profundo en el estilo del trabajo en Cataluña, y la ridícula pérdida del imperio español ', el gambeto fue dando entrada al “sobretodo”. Los regeneracionistas querían un cambio sustancial del conjunto del Estado. España, y no sólo Cataluña, debían ponerse a trabajar seriamente. Esta fue, pues, la intención política, este fue el mensaje. Pero finalmente, el sobretodo sólo acabó cuajando seriamente en Cataluña y la cosa quedó en un catalanizado “sobretodo”', encima de todo. Una extraña situación, con cornamenta incluida, de seguir trabajando por España durante todo el siglo XX. Cataluña como zona de trabajo. La ruina de los años veinte y el consiguiente desastre del treinta y seis, demostró que esto del trabajo todavía no estaba suficientemente claro en el conjunto del Estado. El Generalísimo bien que intentó que la Una, Grande y Libre, trabajara siguiendo el ejemplo de la industriosa Cataluña, pero no lo logró. Vale también recordar cómo, el Presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, con modernidad democrática y sin referencias a folclore textil de ningún tipo, insistía en que "Catalán es aquel que vive y, sobre todo, trabaja 'a' y también 'por' Cataluña”. Evidenciando así la beneficiosa cohesión y estabilidad social que da un trabajo responsable y un trabajo bien hecho. Mientras, el resto del Estado, lo miraba con cara de bobalicón y pensando que por ser español no hacía falta trabajar demasiado o nada, sino solo nacer en el territorio en cuestión, es decir en España.


Es ahora, en estos peligrosos días de velas titilantes y de una corriente eléctrica muy cara, que nos acompaña una oscuridad que no es sólo nocturna. Notemos con sorpresa, que sin trabajo en Cataluña, muchos van dejando de sentirse tan catalanes como eran. Aparte de la lluvia o de la nieve, son muy pocas las cosas que caen gratis del cielo, la mayoría nos las tenemos que ganar trabajando, a pesar de la sagrada Constitución. Estos últimos tiempos un buen grupo de ciudadanos duerme el peligroso sueño de los negligentes queriendo que se les haga todo y gratis... Esta actitud no tiene otra salida que el desastre total. En el siglo XIII, cuando este país era la primera potencia económica de Europa y del mundo entonces conocido, hasta el senescal del Rey para ir bien servido, se hacía él mismo la cama.


Editorial La Drecera 132. Marzo - Abril 2012.

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