LOS ENEMIGOS DE LA LIBERTAD

 

Las reformas agrarias basadas en el lema "la tierra para quien la trabaja”, fracasaron estrepitosamente y fracasaron porque las organizaciones que la propugnaban eran enemigas de la libertad y de las dos instituciones sobre las que se sustenta: la propiedad privada y los contratos voluntarios.

La pérdida de peso económico de la agricultura hace que parezca poco probable que se ponga en duda la propiedad privada o los contratos voluntarios, pero la realidad no es esa, los ataques a la propiedad siguen vigentes de forma más elíptica y es cuando se habla de los recursos naturales o la seguridad alimentaria.

Del sector agrario o de la política territorial todo el mundo se cree capaz de intervenir, menos los directamente implicados y, a partir de ahí, la agricultura y ganadería - antiquísimos objeto de tributación - son hoy sujetos perceptores de subvenciones subyugantes e intervencionistas.

Zygmunt Bauman, filósofo polaco y definidor del término " la modernidad liquida " en la metáfora del jardinero habla de dos tipos de culturas, las producidas, dirigidas y diseñadas para una parte, y las culturas silvestres o naturales. En las primeras prima la necesidad de un poder que diseñe artificialmente, ya que el jardín en que se ha convertido la sociedad no tiene los recursos necesarios para su propio sustento, por lo que es dependiente de ese poder, mientras que las culturas silvestres o naturales los recursos de autorreproducción están en la misma sociedad y en sus lazos comunitarios, los que les permite saber cuáles son las malas hierbas y eliminarlas.

En Cataluña el sector agrario no dispone de contratos voluntarios. Estamos sometidos a una ley de contratos de cultivo, de obligado cumplimiento, más propia del siglo XIX que del siglo XXI y que limita y condiciona el desarrollo en el mundo rural.

¿Cómo es posible que en la Cataluña del siglo XXI, el sector agrario, exista una ley que afecte directamente la libertad y la propiedad?

Las causas, en nuestra opinión, provienen de dos ámbitos, del político y del sindicalismo agrario, tienen objetivos diferentes pero parten ambos de la ideología contraria a la libertad . Las causas políticas porque les permite tener al sector inmovilizado y decadente a la vez que dependiente, y les permite por esta razón, la arbitrariedad en sus decisiones. Las causas de los sindicatos agrarios, para consentir una ley que perjudica al sector y atenta contra la libertad es más grave. Se equivocan de objetivos y el error debe venir por causa de que una parte importante de su financiación es de dinero público, y oponerse a esta ley puede modificar su statu quo y poner en peligro su financiación.

¿Qué podemos esperar de los representativos del sector escogidos a través de una ley obsoleta y que atenta directamente la libertad, y con un censo que ni siquiera llega al 50% de las empresas agrarias y, que por tanto, impide el voto a las empresas más dinámicas y con futuro?

Incluso, en el diseño de la representatividad las ideologías contrarias a la libertad deben poner la nariz para mantener el sector en un estado catatónico.

Este déficit de libertad, no exclusivo de Cataluña, España y Europa también lo padecen y por tanto continuará sin resolver la deserción de los jóvenes y la pérdida de productividad. El debate, ahora crónico, de la dualidad campo -ciudad nos ha llevado a pasar de la agricultura utópica al ecologismo.

Constantemente se nos insta al sector a hacer cosas inútiles para legitimar la Política Agraria , mientras que los ámbitos de la ecología con un informe pseudo- científico se pueden destinar presupuestos a acciones económicamente insustentables que a medio plazo provocarán disfunciones importantes en la disponibilidad de materias primas alimentarias .

Afortunadamente tenemos empresarios agrarios convencidos de que el nuevo paradigma empresarial agrario es la solución para recuperar capacidad productiva y viabilidad económica, aunque el statu quo político-sindical ponga trabas para que no les falle la estructura para- administrativa que han organizado y que pagamos todos. El modelo de representación de los intereses empresariales agrarios que se necesita nada tiene que ver con el actual. Existimos instituciones sólidas, sin financiación pública, con las ideas claras de cómo debe evolucionar el sector para no perder el tren de la recuperación y no condicionados por una financiación pública.

Nuestro sector precisa de instrumentos ágiles, transparentes, sólidos y jurídicamente seguros para desarrollar la labor empresarial de forma sustentable.

Este es el único camino , y no hacerlo es el suicidio económico del sector . Un país sin agricultura sólida es un país económicamente débil y desequilibrado.

Editorial La Drecera 141. Septiembre - Octubre 2013

Revista de la Patronal Agraria de Cataluña

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