LA REPRESENTATIVIDAD EN LA AGRICULTURA, UN DÉFICIT HISTÓRICO


Baldiri Ros, Presidente del Institut Agrícola



Cada día se hace más difícil vivir en libertad y, en consecuencia, tomar decisiones libres, crear empresas o ser libres de agruparse o asociarse. Esto es así porque cada día la clase política interfiere más en las decisiones personales. Bajo la excusa de los derechos colectivos o el interés general se restringen libertades individuales.

Esta restricción a la libertad de empresa se pone en evidencia en el sector empresarial agrario, tanto desde la Política Agraria Común, como de las políticas agrarias del Estado, y la de las comunidades autónomas. Este exceso regulatorio que puede llegar a ser incautatorio es factible gracias al modelo de representatividad que nos han impuesto al sector empresarial agrario.

La forma "especial" en que el Estado nos ha organizado no tiene nada que ver con la estructura representativa de los otros sectores económicos organizados en patronal y sindicatos en las que de forma libre puedes asociarte.

La historia ya puso de manifiesto la forma "especial" en la que nos trataron en el sector, disolviendo las Cámaras Agrarias y también las de la Propiedad Urbana, no las Cámaras de Comercio, alguien sabrá por qué. Esta agresión no quedó ahí. Una vez disueltas aquellas Cámaras Agrarias nos crean otras nuevas sin competencias con la excusa de organizar unas elecciones sindicales hechas a medida de alguien.

No es baladí que las cámaras disueltas estén relacionadas tanto con la propiedad como con las empresas agrarias que gestionan el 80% del territorio de Cataluña básicamente en régimen de propiedad. Esta situación se ha producido por el debilitamiento de la representatividad y que ha consentido la aprobación de la ley de Contratos de Cultivo, una ley retrógrada que interfiere en la libertad de contrato e impide la capacidad de poder ampliar la base territorial de las empresas sin interferir en el derecho de propiedad de la misma manera que han consentido una legislación de protección medioambiental, de protección de especies y de paisaje que supone una limitación abusiva la libre empresa bajo el paraguas del interés social y general.

Este es el resultado de obviar en los órganos de consulta de la administración pública, de la estructura de representación empresarial agraria que representa el Instituto Agrícola, en su condición de rama sectorial dentro de la patronal de Fomento del Trabajo. Esta voluntad no es únicamente de los políticos y administración, sino también de las organizaciones sindicales agrarias.

Este modelo ya hace años que ha demostrado su ineficacia, y visto el momento delicado de la economía en general y de la agraria en particular, se podría pensar en cambiar las cosas que han quedado obsoletas para no poner en crisis todo el sector agrario.

Pues no. Resulta que lo más importante ahora es fijar que en febrero quieren elecciones sindicales a Cámaras Agrarias en lugar de debatir las posibles fórmulas para remontar la crisis.

Las llamadas organizaciones sindicales agrarias más "representativas", según criterio del gobierno de turno, se quieren asegurar los privilegios que les facilita unas elecciones sindicales, elecciones que marginan del censo a una parte importante de las empresas agrarias.

Es una irresponsabilidad política no cambiar el modelo fallido y una irresponsabilidad de las organizaciones profesionales agrarias querer mantenerlo para conseguir que la representación patronal no tenga la posibilidad directa de asesorar y debatir las cuestiones que afectan a las empresas. Sin embargo el Instituto Agrícola no deja de hacer la tarea que tiene encomendada, hecha con lealtad y sin condicionantes.

El Instituto Agrícola ya hace tiempo que ha apostado por la libertad, la lealtad y la transparencia. Por esta razón estamos vinculados a Fomento del Trabajo como un sector más de la economía catalana y es esta pertenencia que nos homologa y capacita para la representatividad de las empresas agrarias, mucho más que unas elecciones sindicales que marginan un amplio porcentaje de empresas agrarias. Quienes se preocupan de reeditar unas elecciones sindicales agrarias son los que han aceptado un modelo de representación subyugado ya que quien los financia es el Gobierno con dinero público.

La connivencia de algunas organizaciones profesionales agrarias con políticos y Gobierno queda de manifiesto, visto el apoyo que han dado a una ineficaz y perjudicial Ley de Contratos de Cultivo, en la falta de convicción para evitar la excesiva e insoportable presión sobre las empresas de la Red Natura 2000. Han preferido allanarse a la voluntad del Gobierno participando en los consorcios que han de gestionar el territorio o bien de privilegios en el dibujo de las zonas protegidas. Eso sí, siempre con dinero público.

Miren, ahora es el momento en el que la fuerza de la razón, del sentido común, la inteligencia, la lealtad y sobre todo, la honestidad debe estar por encima de la irracionalidad, la insensatez, el egoísmo y la deslealtad, para recuperar el sector agrario que es necesario y estratégico para reactivar la economía del país. A la vez, también recuperar la autoestima, tan dañada por el intervencionismo y la subyugación, propiciada por poderes públicos y organizaciones sindicales financiadas con dinero público.

Todo el mundo es libre de ser lo que quiera. El Instituto Agrícola ha querido siempre defender la libertad de escoger la de ser propietarios austeros, generosos, honestos y poder disfrutar de esta libertad sabiendo que conlleva riesgos, pero saben también que estos riesgos nos hacen más eficaces y eficientes, más responsables y con estas actitudes será posible recuperar valores y economía.

Todas estas consideraciones deben traducirse en una exigencia: que se respete la libertad de ser propietario, empresario y por eso, gobierno, políticos, y organizaciones sindicales agrarias no pueden poner puertas al campo intentando dificultar la organización empresarial agraria más antigua de España y de las más antiguas de Europa, casi 160 años de trayectoria para la defensa de la propiedad y de la empresa agraria, como es el Instituto Agrícola Catalán de San Isidro. Y de verdad lo hacemos y lo haremos, sólo hace falta que no nos pongan trabas.


Artículo publicado en La Drecera, núm. 121. Mayo - Junio 2010.
Informativo agrario del Institut Agrícola.