UN DEBATE PARLAMENTARIO FALLIDO


El modelo agrario actual condiciona  la seguridad alimentaria del futuro.


Baldiri Ros Prat, Presidente del Instituto Agrícola



Últimamente las instituciones planetarias que se preocupan de la disponibilidad de alimentos han emitido sus informes. De forma sintética afirman:

-    Que la población mundial de aquí a 2050 se duplicará.
-    Que con las actuales políticas agrarias no tendremos suficiente capacidad para alimentarla.
-    Que es necesario incrementar, al máximo la superficie agraria.
-    Que es imprescindible incrementar la producción.
-    Que se han de recuperar los niveles de inversión en investigación agraria para lograr la máxima productividad.

Estas prioridades se pueden encontrar en los últimos informes tanto de la FAO como del Banco Mundial. Al mismo tiempo definen los objetivos a alcanzar con estas prioridades que, básicamente, se resumen en las cuatro dimensiones de la SEGURIDAD ALIMENTARIA, entendida como el acceso para todos de la alimentación suficiente que satisfaga las necesidades dietéticas de las personas. Estas cuatro dimensiones son:

-    La disponibilidad.
-    El acceso, tanto físico como económico y social.
-    La dimensión de unos alimentos seguros y sanos.
-    La estabilidad en la disponibilidad.

Los conceptos expresados no hacen más que recuperar la idea marco del Tratado de Roma al establecer una Política Agraria Comunitaria en su artículo 33 (*).

Este artículo consolidado a lo largo de los años en el Tratado de la Unión Europea, está para garantizar la seguridad alimentaria de los ciudadanos europeos. La idea, sin embargo, no ha sido respetada por los funcionarios y políticos europeos pero da la sensación de que viven en un mundo irreal, de bienestar absoluto y piensan que alguien ya nos alimentará. Fruto de este pensamiento diseñan una política agraria más social que económica, una política intervencionista subyugada a las ayudas, con visión a corto plazo y coyuntural, y se han olvidado de generar un sector potente, tecnificado, productivo, gestionado por empresarios preparados. Con esta visión, la Política Agraria europea no ha resuelto los dos principales problemas del sector agrario que son el abandono de la actividad y el rejuvenecimiento de los empresarios. Una breve descripción de los últimos años de Política Agraria muestra esta ineficacia.

A medida que disminuían los activos agrarios y aumentaba el bienestar en las ciudades, desde éstas, se cuestionaba la Política Agraria. Ante este cuestionamiento y la deslegitimación de la PAC, los funcionarios europeos sólo se les ocurre, para evitarlo, poner en el punto de mira de los ciudadanos urbanos, que el campo es el "jardín" de todos y sus habitantes los jardineros. Surgen palabras exclusivas del "Acerbo comunitario" y constituyen los nuevos "paradigmas" para resolver la caída agraria como son la multifuncionalidad, actividades complementarias y la diversificación. Todo ello estimulado con subvenciones complejas y subyugantes.

Es evidente que estas políticas no resuelven el problema, sino al contrario, lo aceleran. Visto que las críticas urbanas y la deslegitimación continúan y los problemas no se resuelven, aparece un nuevo paradigma, este parece que puede detener las críticas pero no resuelve el problema. Es el "sagrado Medio Ambiente", la conservación de la naturaleza, de las especies, los hábitats, el paisaje y el bienestar de los animales. Todo eso sí, con visión urbana y convencidos de que los países terceros y más pobres nos alimentarán gratis.  

Finalmente visto el fracaso de estas políticas han tenido que rebuscar "el fondo de armario" para encontrar otro concepto antes que modificar la Política Agraria Común y ahora cara al 2013 tocará potenciar los bienes y servicios sociales del mundo rural.

En Europa las advertencias de la FAO y el Banco Mundial no les preocupa y siguen con políticas sociales y medioambientales relegando la función básica de la agricultura que es la de producir con eficacia y criterios económicos incardinados en el mercado.

Queda patente, pues, que la Política Agraria Europea, en sentido contrario a las previsiones y esta terquedad, generará complicaciones a los ciudadanos y será un escollo en la recuperación económica.

Vista esta secuencia poco optimista, aunque muy realista, parece que en nuestro pequeño y arrugado país se abre una luz de esperanza. El Parlamento de Cataluña convoca un plenario monográfico dedicado a la agricultura. Estamos expectantes y esperanzados para ver cuál es el rumbo que el poder legislativo quiere dar al sector agrorural catalán.  

Los inicios de la sesión apuntaban bien. Discursos poniendo de relieve la condición geoestratégica de la agricultura, la seguridad alimentaria, las nuevas tecnologías ... Pero cuando llegó la hora de implementar medidas, la satisfacción inicial se convirtió en decepción; buenos titulares vacíos de contenidos sólidos.

Ninguna de las resoluciones aprobadas van en la línea de cambios legislativos que promuevan cambios estructurales y lo único que hacen es continuar en la dirección que ya se ha demostrado fallida.

Las siete resoluciones marco, ninguna de ellas apunta a una regeneración del sector agrario como sector económico. Van en la dirección de mantener la PAC en el modelo fracasado, la de proteger el suelo agrario, nuevos mecanismos de intervención del territorio, el banco de tierras, la agricultura ecológica y el "nacionalismo alimentario".

En resumen, ninguna referencia a nuevos modelos empresariales, ninguna referencia a la tecnología para mejorar productividad, ninguna referencia a la libertad de pactos a la hora de pactar arrendamientos. Les parece bien la intervencionista Ley de Contratos de Cultivo y les parece bien la sobredimensión de la administración agraria: 1 funcionario por cada 20 empresas.

Un debate parlamentario fallido debido a que se produce en un contexto preelectoral, tanto por los políticos (autonómicas) como por los sindicatos agrarios (Elecciones a Cámaras Agrarias), tanto unos como otros iniciaron la campaña electoral para mantener su estatus. Todo antes que resolver la problemática de un sector debilitado y con problemas.

De este debate el sector esperaba modificaciones legislativas profundas como la modificación de la Ley de Contratos de Cultivos que impide la normal ampliación de la base superficial de las empresas, cambios de los arcaicos conceptos de explotación prioritaria y agricultor a título principal o legislar sobre nuevos modelos empresariales.

Era deseable también esperar un modelo de representatividad del sector que se adaptara a las nuevas realidades económicas y no mantener un caducado modelo sindicalista subvencionado y tutelado por la Administración, haciendo tareas administrativas que debería hacer la sobredimensionada administración agraria y en muchos momentos inhibiendo de los problemas reales fundamentales como la incautación de la propiedad y de la actividad de las propuestas del gobierno: Red Natura 2000, los Parques Naturales la injerencia en las concesiones de agua para riego. El asunto del Segarra-Garrigues es el ejemplo más flagrante de esta inoperancia y sumisión, los sindicatos agrarios aceptan el recorte a cambio de pilotar los Planes de Gestión. Patético.

Hoy en Cataluña deberíamos ser pioneros en la regeneración de la actividad agraria, tenemos antecedentes, pero hoy parece que queremos ser pioneros en un modelo agrario poco eficaz intervenido y subyugado por una administración que pretende dejar vacío el territorio en beneficio de un modelo de país de ciudades compactas, dependiendo del exterior tanto de los alimentos como de la energía, en resumen, un país bucólico pero sobre todo irreal.

Para superar la crisis económica, Cataluña debe recuperar sus valores esenciales que son los que la han hecho crecer, trabajo, austeridad, generosidad, pero sobre todo la libertad individual que es la que hizo brillar a la sociedad civil, hoy adormecida por la supremacía política.

El sector agrario es una pieza clave en la economía de un país y así lo considera el apartado 2 C del tratado de Roma en su artículo 33.

El único camino para garantizar los suministros alimentarios es dotarnos de un sector agrario potente, empresarialmente diseñado, con unas relaciones contractuales potentes, un sistema de representación sólido y capaz de potenciar al sector por encima de ideologías sectarias y arcaicas. Ahora es el momento de menos leyes y mejores y no el momento de conseguir resultados rápidos sobre la base de recortar libertades y dinero a los ciudadanos. Esta actitud conlleva un mayor sometimiento de los ciudadanos en una dinámica de lucha por el favor público que corrompe el proceso político por vías que distraen la atención de los costes tanto económicos como en términos de libertad.

Las leyes pasan a ser un instrumento para la competencia política y económica y no la forma en la que los contornos de la libertad son delimitados y protegidos. Esta actitud afecta negativamente a la confianza y el cinismo sustituye a la responsabilidad.

En un país con tantas leyes que proponen miles de objetivos pero nunca ningún objetivo que deje a las personas en paz, es siempre un país con menos libertad.

(*) Artículo 33-Tratado de Roma

1. La Política Agrícola Común tiene por objetivos:

Aumentar la productividad de la agricultura desarrollando el progreso técnico, asegurando

a)    el desarrollo racional de la producción agrícola así como la utilización óptima de los factores de producción, especialmente de la mano de obra.

b)    Asegurar así un nivel de vida equitativo a la población agrícola, en particular, mediante el aumento de la renta individual de quienes trabajan en la agricultura.

c)    Estabilizar los mercados.

d)    Garantizar la seguridad de los aprovisionamientos.

e)    Asegurar suministros a precios razonables a los consumidores.

2. En la elaboración de la Política Agrícola Común y los métodos especiales que puede implicar, se tener en cuenta:

a)    El carácter particular de la actividad agrícola, que deriva de la estructura social de la agricultura y de las disparidades estructurales y naturales entre las distintas regiones agrícolas.

b)    La necesidad de efectuar gradualmente los ajustes oportunos.

c)    El hecho de que, dentro de los Estados miembros, la agricultura constituye un sector íntimamente ligado al conjunto de la economía.