AGRICULTURA Y ALIMENTACIÓN: CUESTIÓN ESTRATÉGICA

 

Baldiri Ros, Presidente del Instituto Agrícola



La evolución mundial de la población tiende a un crecimiento que, en el año 2050, será de 9.000 millones de personas. Previendo que cada vez se vivirá más y mejor, debe considerarse la necesidad de los alimentos que se deberán producir. Esta realidad obliga a un cambio de ciclo económico en el sector agrario. Este cambio debe venir de una profunda revisión estructural, que permita garantizar el abastecimiento de la población mundial.

Sin embargo, parece que esta situación no afecte al mundo occidental, en especial la Unión Europea, y como no, en España y Cataluña. Hasta día de hoy, es fácil encontrar en las estanterías del supermercado todo tipo de productos a precios razonables y esa es la razón que una política agraria errónea haya perdurado durante tantos años.

Los grandes esfuerzos realizados para incluir la agricultura dentro de una mezcla quimérica, filosófica, medioambiental y proteccionista, tiene por objetivo no aceptar la agricultura como sector económico estratégico. Esta política es un freno a la poderosa reconversión empresarial que necesita el sector.

Esta fijación, a lo largo de más de dos décadas, ha puesto de manifiesto la ineficacia de una política que pretendía revitalizar el sector agrario y rural, rejuvenecerlo y equiparar sus rentas en relación a otros sectores. Todo un fracaso.

Queda bien patente que, propuestas como la multifuncionalidad de la agricultura, pseudo-propuestas de valorizar el paisaje o el medio ambiente, no tienen potencia económica suficiente para revitalizar el sector. Se convierten en factores restrictivos y limitantes para el desarrollo empresarial que necesitamos.

Tal como indica la FAO, para alcanzar la capacidad de alimentar a más de 9.000 millones de personas en 2050, será necesario aumentar la producción de materias primas en un 70%, y que para alcanzar este objetivo será necesaria la reestructuración profunda del modelo empresarial. Un modelo que tenga la capacidad de disfrutar de una transferencia tecnológica que permita incrementar la producción. Hay que liberar superficie agraria útil, se deberán crear nuevos regadíos y optimizar los actuales, con el objetivo de aprovechar todas las posibilidades para cubrir las necesidades mundiales de alimentos.

La errática política agraria actual, el más que probable encarecimiento del petróleo, el déficit energético, la ineficiente política de renovables, el desinterés por la biomasa de origen forestal, serán un pesado lastre para la reactivación económica de nuestro país.

La deslegitimación de la agricultura, provocada por algunos con la pretensión quimérica de reinventar lo rural con los argumentos de devolver a los orígenes, ha generado una burocrática obsesión urbana de convertir el sector agrorural en museo o parque temático.

Para conseguir estos objetivos, la política europea, estatal y autonómica, dedican dinero público a estudios y planes piloto que justifican la ineficiente y perjudicial política agraria. Este proceder nos aleja de lo principal y más estratégico: la agricultura debe producir alimentos con eficacia. Es contrario a la racionalidad y al sentido común, condicionar la agricultura, base de la alimentación, con conceptos proteccionistas y medioambientales. Estos conceptos que se dice querer proteger, no podrán ser preservados sin la presencia de una agricultura potente y competitiva.

Es irresponsable pensar que priorizando las medidas proteccionistas y una política territorial de clave urbana remontará el mundo rural. Esta irresponsable actitud es el principal obstáculo para su regeneración. El momento del cambio de ciclo agricultura es inaplazable. La legitimación de este sector estratégico nos debe impulsar a dotarlo de todos los mecanismos que permitan alcanzar objetivos de producción competitiva, relaciones contractuales en toda la cadena de valor y transparencia de mercado. Estos son los únicos que pueden garantizar la capacidad de producir alimentos y dar respuesta a las previsiones.

Es imprescindible un cambio en la política agraria para facilitar un cambio de ciclo inevitable. La agricultura forma parte imprescindible de la recuperación económica que demanda la situación presente y futura.


La Drecera 119. Enero - Febrero 2010.