Valores y Ética

Baldiri Ros, Presidente de l’Instituto Agrícola



Nunca como ahora el abundoso estado del bienestar ha conseguido debilitar tanto una serie de actitudes basadas en los valores y la ética. Estas actitudes daban lugar a un modo de vida que se sustentaba en principios como la austeridad, la generosidad, la lealtad, el ahorro y fruto de esta actitud se obtenía una función atenuadora de las situaciones difíciles que todo colectivo humano puede sufrir a lo largo de su vida.

Una sociedad estructurada en el esfuerzo, el reconocimiento de la excelencia, la valoración adecuada a la formación de la persona y, casi siempre, entorno al núcleo familiar como espacio de convivencia, consigue aportar el apoyo a aquellos miembros que pueden sufrir momentos difíciles. Esta actitud de las personas en estos determinados ámbitos induce a hacerlo en otros ámbitos, y esta predisposición positiva y responsable conduce a preocuparse por las personas de su entorno.

La estructura social que nace de estas actitudes influía en las prácticas de las virtudes que son esenciales para los momentos de dificultades, la fe en las personas y esta induce a tener esperanza en la sociedad. Peo este planteamiento sólo es posible si se tiene la convicción de que la libertad individual es la base para constituir una sociedad de personas libres.

En el sector agrario y rural, uno de los aspectos identificativos de las personas que lo componen es el de ser personas libres y esta identificación los hace ser muy cuidadosos con el derecho de la propiedad. Por esto antes de que la crisis financiera y otras, nació la crisis de los valores y de la ética y esta hace que todo pueda ser permitido en aras del bienestar y del interés general y es esta percepción de la vida que nos ha traído los momentos más difíciles de los últimos años, con especial incidencia sobre los más débiles.

Es evidente que el sector económico agrario es el más débil, a la vez que el más estratégico y sobre él se ha ejercido toda la presión para ir difuminando dos conceptos fundamentales: la libertad individual y el derecho a la propiedad.

La normativa europea de la Política Agraria Común y las consecuentes transposiciones legislativas del Estado, poco a poco va diluyendo la vertiente económica de la agricultura para hacerla medioambiental. Esta errónea actitud procede de la percepción mediatizada de la sociedad urbana, desconocedora de la vital importancia geoestratégica de la agricultura como productora de alimentos. Este desconocimiento de lo rural y agrario conlleva, a la vez, un cambio en la percepción de la actividad agraria que pasa de una necesidad vital alimentaria a un inconveniente para la visión urbana. Así pues, políticos y Administración dan prioridad legislativa a las funciones mediambientalistas favoreciendo conceptos como el paisaje y las reservas de fauna y flora porque esto les parece que es lo más importante y de estas decisiones temerarias acontecerán efectos negativos para toda la sociedad.

Estas políticas mediambientalistes hacen creer, a la sociedad en general, que las materias primas pueden venir de muchos lugares, pero la muy posible larga duración de las dificultades hace que toda previsión sea poca y en especial en el sector de la alimentación, por lo que es prioritario revitalizar económicamente la agricultura.

El sector agrario puede ayudar y mucho a la resolución de la crisis, por esto es imprescindible la priorización de la vertiente económica y científica. En pleno siglo XXI la seguridad en la calidad de los alimentos es científicamente indiscutible, por esta razón es necesario aplicar a la agricultura todos los conocimientos científicos para aumentar las producciones, puesto que poco se puede aumentar la superficie cultivable, mientras si que crece la población.

Agricultura, agua y territorio, tres palabras que a lo largo de la historia han ido juntas, no pueden disociarse y el intento político-económico de romper este trinomio es el fin del equilibrio económico de un país, y este oscuro objetivo se quiere conseguir con los argumentos mediambientalistes y sobre todo con argumentos desligitimadores de la actividad agraria.

Podríamos enumerar un largo listado de este interesado intervencionismo irresponsable, desde la Red Natura 2000 hasta la Ley de Contratos de Cultivo pasando por la Ley del Bienestar Animal y los Contratos Globales de Explotación pero lo que culmina toda esta larga lista legislativa y ejecutiva es la actuación del gobierno catalán y la ACA (Agencia Catalana del Agua) en referencia al agua y la más escandalosa, el tratamiento que se le quiere dar a los regadíos leridanos.

Dicen que la crisis es momento de oportunidades. Claro que lo es, pero lo que no debe ser nunca es de oportunismo ni de oportunistas y esto es lo que más se debe vigilar y controlar, sean políticos o empresarios. Es momento de oportunidades, pero con valores y con ética, con lealtad y con generosidad. De otro manera la crisis dejará muchos en la acera, unos pocos enriquecidos y los políticos en la poltrona, y un país empobrecido económicamente, socialmente y culturalmente. El sector agrario está dispuesto a hacer su tarea para que sea momento de oportunidades y para conseguirlo tenemos el lema de que el trabajo es nuestro futuro.


Artículo publicado en La Drecera, núm. 114. Marzo - Abril 2009.
Informativo agrario del Institut Agrícola.