5.    LA ÉPOCA DORADA. 1902 – 1923.


Los presidentes Ignasi Girona i Vilanova y Carles de Camps i Olzinelles son muy importantes en la evolución de estos años, tanto por la independencia y el comportamiento empresarial que proporcionaron al Instituto como por su talante personal, siempre positivo, ante la definición y establecimiento definitivo del catalanismo político. Una sola finalidad los motivaba desde sus respectivas presidencias: el desarrollo de la agricultura en beneficio de toda la sociedad civil.


El origen de la Caja de Pensiones


Los principales organismos económicos de la ciudad se reúnen el día 4 de marzo de 1902 en la sede del Instituto a solicitud de su presidente, Ignasi Girona, para expresarles la idea de crear una Caja de Retiro, con el sobrante del dinero que se había recogido para poner remedio a los males de las familias afectadas por la reciente huelga general, con muertes y heridos graves. De esta idea, en ningún caso nueva en la trayectoria de nuestra entidad, nació la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros.


El Rey Alfonso XIII y el Presidente del Gobierno visitan la sede del Instituto Agrícola.

El 17 de abril de 1904, SM Alfonso XIII visita, a última hora, la sede del Instituto Agrícola. El Instituto viene a ser pieza clave para que el Gobierno de Madrid entendiera mejor que la Ley del Pozo Artesiano, entre la idea de España y sus diferentes nacionalidades, solo era factible con un reconocimiento y un respeto de la realidad social y cultural catalana. Así pues, el discurso del Rey fue más allá del tema meramente agrario, breve pero claro y sin miedo de entrar en aspecto más social y los relativos a la lengua catalana. Al día siguiente, esta opinión real se plasmaba en la prensa catalana. El presidente del Gobierno que acompañaba al Rey en aquella visita,  consolidó su visión personal de cómo el sentido social y profesional del Instituto era ejemplo aplicable y transferible al resto de España, hecho que se puso de manifiesto en las leyes que se impulsaron los años siguientes.

El 24 de junio de 1904 se publica el Real Decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros concediendo el tratamiento de Excelentísimo al Instituto Agrícola y a su Presidente.

Presentación al Gobierno de un “Plan General de Ferrocarriles Secundarios para Cataluña” completo, conocido como “Los Ferrocarriles Económicos”. También se presenta a las diputaciones catalanas con la esperanza que este proyecto se lleve a cabo.

En el año 1906, después de varias propuestas y reformas del Instituto, se aprueba la Ley de sindicatos agrícolas. Una forma de producir en cooperación que el Instituto Agrícola apadrina, potenciando su creación y controlando sus economías en la Terra Alta, el Penedés, el Tarragonés, en la Conca de Barberà, etc.

Durante estos años, bajo los auspicios del Instituto Agrícola se publica la influyente Hoja Agrícola del periódico “La Veu de Catalunya”, redactada, principalmente, por D. Jaume Maspons, con la colaboración de muchos socios corresponsales de todo el país.  Raimon Casellas era el jefe de redacción del diario. El año 1909, tras el éxito de la Hoja Agrícola, crea la “Fulla Artística de la Veu” , pero entonces marcha Maspons. Casellas, autor de la novela rural “Els Sots Feréstecs” da a conocer una visión del campo que desde el Instituto se quiere cambiar radicalmente.... “L’Aleix de les Tòfones“ se había de acabar de una vez...

Entra Maspons de secretario general el año 1909, año de la Semana Trágica, que tanto marcó Barcelona y Cataluña. Un año difícil para empezar el trabajo. Murió el año 1934 en unos momentos que nuestra asociación lo necesitaba también de verdad. Fueron 25 años ejemplares, de trabajo bien hecho, rodeados, en su inicio y final, de oscuras columnas de humo que no eran precisamente de las fábricas.

Concurso de embalajes en la sede del Instituto, en junio de 1912.

1915: Ciclo de conferencias ilustradas sobre la masía catalana.

1918: tuvo lugar el Primer concurso de fotografías de temas rurales del Instituto.

1918, el ministro Cambó nombra director general de Agricultura a un expresidente de la casa, D. Carles de Camps. Este consigue diseñar, redactar y aprobar una Ley de bosques ejemplar en Europa, pero, como muchas otras cosas, no se acaba cumpliendo.