DE LA OSCURA SUMISIÓN A LA LIBERTAD TRANSPARENTE

Baldiri Ros Prat, Presidente del Instituto Agrícola.



"Lo único que los hombres no desean es la libertad, por el único motivo de que si la desearan la obtendrían". (El Amitie, Montaigne)
 


De la actual crisis de valores de la que deriva la crisis económica y que es fruto de la "sumisión voluntaria" de una sociedad líquida, superficial y que no profundiza, estamos obligados a extraer actitudes positivas y reales para remontar .

Dentro de los sectores económicos, el agrorural, hace tiempo que sufre esta crisis. Aunque es un sector estratégico-pero débil - se dan las condiciones para que la Política Agraria Común y las políticas agrarias de los gobiernos se conviertan intervencionistas.

Si el sector no lo impide, este intervencionismo se convierte "sumisión voluntaria", en una dependencia administrativa que nos aleja de la libre empresa y nos condiciona la actividad. Produciendo una legislación que impide el ejercicio libre y creativo del empresario agrario.

Ya hace tiempo que las políticas Agrorurales han usurpado la gestión de la actividad agraria. El sector ha quedado abducido en un ámbito medioambientalista, ecologista y folclórico. Se pretende un retorno al pasado bajo la il • ilusionismo de recuperar los orígenes. Se desea una actividad agraria de "pesebre". Se consiente la adquisición de materias primas a otros países con unas garantías de calidad y de sanidad de dudosas y de difícil equiparación a las exigidas a los productores catalanes.

Vista la diagnosis, debemos buscar caminos que nos lleven a soluciones reales. Necesitamos, pero, dos cosas. La primera: Que el sector agrorural supere la sumisión y se desprenda de la dependencia administrativa. La segunda: Que políticos y Administración acepten la libre empresa y su actuación sea subsidiaria de la iniciativa privada. Hay que vincular estas dos premisas. Los gobiernos deben frenar sus obsesiones legislativas, ya que cada regulación es un recorte a la libre empresa.

No es fácil romper la dinámica de la sumisión, de la dependencia. Llevamos demasiado tiempo en situación relativista. Esto requiere personas con decisión de ser libres. Una convencida capacidad de transgredir normas que, hasta ahora, lo políticamente correcto ha hecho aceptar. Eso sí, transgresión con sentido y responsabilidad.

La emancipación de las personas del yugo de las administraciones públicas, se consigue con una sólida formación humanística y técnica, que valore la libertad individual como premisa básica, que permita caminar hacia la verdad y la creatividad. Sin la verdad abierta en igualdad, no hay libertad para todos, sino únicamente para aquellos que tienen, en cada caso, el poder.

Todo el sector empresarial, base de la economía, del crecimiento económico, de la generación de riqueza y puestos de trabajo, debe ser capaz de no ceder a las administraciones y al poder político.

El crecimiento económico, el bienestar de las personas, la educación, la sanidad y las infraestructuras, no son concesiones ideológicas del poder político establecido. Son responsabilidad de las personas que satisfacen impuestos y que obliga a quien gobierna en gestionarlos con eficiencia para satisfacer las necesidades. Hay que conocer los derechos y deberes de un poder establecido que todos han de respetar, sobre todo, los políticos.

Es hora de cambiar la esperanza de lo que nos puede dar el Estado, por la de preocuparnos de lo que podemos aporta. Este cambio nos da autoridad por exigir una cuidadosa y eficaz gestión. Es el primer paso para liberarnos del yugo de la dependencia administrativa.

El sector agrorural, debido a las políticas agrarias y medioambientales es el sector económico más intervenido, junto con la propiedad privada. Pero cada vez más los otros sectores económicos notan la presencia del intervencionismo, hasta poner en peligro la viabilidad de las empresas.

Llega la hora de poder expresar las inquietudes y necesidades. Es la hora de informar a los políticos que los caminos para la gobernación de un país al servicio de las personas no pasa por la imposición ideológica, no pasa por obtener la satisfacción política personal. Pasa por escuchar a las personas y, en especial, a aquellos que tienen vocación de generar riqueza.

Ha llegado la hora de votar. Tenemos que pensar bien la opción para recuperar el espacio que nos corresponde. Es por el bien de las personas, condición básica y previa por el bien del país.


Artículo publicado en La Drecera, núm. 123. Septiembre - Octubre 2010.
Informativo agrario del Institut Agrícola.