"Social Ecology"


Amor mío..., ¿Crees que podremos pasar el año sólo con unas cuantas macetas de lechuga en el balcón?

 

Artículo de opinión de Baldiri Ros, Presidente del Institut Agrícola

Mientras empresas y capitales globales se van repartiendo y concentrando las superficies agrarias útiles en el mundo, Europa decide sobrevivir jugando con una política agraria que no va claramente a ninguna parte o alucinando con pepinos asesinos acompañados de “agrofantasias” animadas como la "social ecology", el " social farming ", los" “proximity markets” o una agricultura ecológica al servicio de los más ricos. Exactamente, todo parece indicar un suicidio largamente programado, pero todavía no hay nadie en Europa que se atreva a afirmarlo.


La invasión cotidiana y continuada de agrofantasies en la prensa y otros medios de comunicación seguro que debe de responder a algún interés. La mayor parte de la ciudadanía, prácticamente moldeada a la fácil evasión y al desconocimiento, se cree confiadamente cualquier fábula, especialmente en cuanto a la alimentación. Curiosamente sin embargo, con temas de sanidad o educación, a pesar de encontrarse también bastante deterioradas, no se venden tonterías tan chifladas como en el ámbito alimentario. Para el ciudadano europeo 'vivir bien' resulta ser un derecho garantizado e inalienable... y así nos va. Cuando la decadencia de la ciudad de Roma era manifiesta, por las calles había ciudadanos que apaleaban, robaban, degollaban o violaban, otros ciudadanos. Patricios y senadores se dolieron por la existencia de unos ciudadanos tan bárbaros. No hicieron nada definitivo para detenerlo, hasta que un día, aquellos incomprensiblemente tolerados bárbaros, saltaron desde las calles a las casas de otros. El desastre quedó servido.

 

Volviendo a lo estrictamente agrario, la compra en el mundo de grandes superficies productoras de materias primas alimentarias no tiene precedentes. Aunque el economista chino Justin Yifu Lin, especializado en economía del desarrollo, considera que una economía agraria es una economía pobre y sin alternativa, resulta que a la vez este es de los que defiende el éxito del programa de compra internacional de tierras agrarias impulsado por el Banco Mundial, donde trabaja hace ya muchos años. Algunos sí que saben dónde van y lo que quieren ser cuando sean mayores. Otros como la Europa 'unida', quieren seguir siendo pequeños, no quieren crecer nunca, y no les interesa otra cosa que ir soñando bien acurrucados y calentitos en el regazo de la madre. ¿Qué madre?


La carestía de la energía y la comida están escondidas detrás de esta complicada crisis. Es ahora cuando Argentina nos pisa todos los callos, que chillamos de dolor. No sólo por el petróleo o el gas y las inversiones perdidas, sino también por todos aquellos alimentos llegados, directa o indirectamente, de su país, que no son pocos. Europa sabe bien la cuantiosa factura que debe pagar anualmente a los países de Mercosur para poder tener preferencia a la hora de importar carne, cereales, soja o frutas.


Actualmente en la ecología necesita y necesitará saber hacer una buena cuenta de resultados en su relación defectuosa con el tejido económico europeo. Ahora, en plena crisis, es cuando vemos cómo ciertos profesionales europeos y también de nuestra casa, ciertas firmas y asociaciones europeas y también de nuestra casa, como retan hacia nuevas posiciones donde poder salvar el pellejo de alguna forma.


Cabe preguntarse, pues, donde estaban y donde están hoy ciertos personajes. Hay que investigar donde invertían medioambientalmente y donde invierten ahora, ciertas empresas. Hay que revisar, también, qué discurso hacían y qué discurso hacen ahora ciertos periodistas.
Ahora lo que más interesa es fomentar una nueva piel: La de la Social Ecology, el Social Farmer o los Proximity Markets, difundir la imagen de un ecologismo más casero, más simpático y que se pueda comer. Menos justiciero y, en definitiva, más antropizado. En la medida del actual nivel y necesidades de la ya bastante dañada supervivencia adquisitiva de la clase media.


Son propuestas bastante populares, como la del turismo interior y de país. El descubrimiento del propio paisaje personal, del propio territorio. Discursos confortables que seguro van bastante bien para tener de lo más entretenido el ciudadano. Hay que decir que estos diseños sociales y otros similares, son aventuras escenográficas, maquillajes aparentes que acaban llevando siempre más hambruna que no hambre. El endeudamiento y la ruina que esta última década, ha aportado la implementación del medio ambiente y su Consejería en Cataluña, es del todo injustificable.


Uno de los grandes defectos de la transversal ciencia ecológica, en cuanto a su aplicabilidad útil en los colectivos humanos ha sido, y es aún hoy, el de no haber sabido indicar ningún posible modelo económico capaz de generar sinergias que hagan compatible el desarrollo económico con los comportamientos ecológicos necesarios a la sociedad que desea asumirlos. Los problemas o disfunciones económicas que pueda generar la aplicación de un determinado modelo medioambiental se han de poder considerar y evitar siempre. Esto no ha sido así en Cataluña. Detrás de cada conflicto medioambiental la respuesta ha sido y es bloquear la actividad económica existente y abrir un procedimiento sancionador si fuera necesario. La necesaria transversalidad del medio ambiente hace más que difícil, bastante delicada, su aplicación dentro de cada entorno económico que afecta. Hay pues implementar unos planteamientos que, en términos biológicos, podríamos calificar, como mínimo, de simbióticos.

 

Ninguna de estas premisas se ha dado en Europa. Esta última década, son más de doscientos conflictos graves y de gran volumen inversor, privados y públicos, que han perjudicado su economía en todas partes: Portuarios, Aeroportuarios, Industriales, Ferroviarios, Agrarios... ¿Qué sentido ha tenido provocar y enquistar tantos conflictos sino el chantaje económico? ¿La obligación quizás habría sido la de generar entendimiento, soluciones que mejoraran el mutuo respeto para poder conseguir, con inteligencia, la finalidad legítima y el éxito para cada interés? Es bien triste la razonable sospecha de que muchos ciudadanos tienen hacia buen número de organizaciones ecologistas que a menudo viven del chantaje económico. Esto es lo que con frecuencia se vislumbra en el habitual comportamiento de dichas organizaciones. Este incivil activismo en Cataluña ha sido un puro despropósito en muchas ocasiones.


El principal fracaso de los modelos ambientales a aplicar ha sido su defectuosa aplicación normativa. Una aplicación y desarrollo que no tiene en cuenta el sistema económico preexistente, con lo que debería interactuar. Siempre ha sido una imposición ciega, a costa o fricción de todo tipo de otros intereses privados y, sin embargo, incluso públicos.


Complicando así hasta el extremo, el funcionamiento económico del país que, democráticamente, ha posibilitado generar dichas normas. Enlazar ecología con extorsión o ruina es también lo peor que puede suceder.


Habitualmente, los modelos ecológicos a aplicar siempre lo son bajo el clamor de la protección absoluta y casi nunca sobre el de dinamización, positivismo o proactividad. A menudo se ha buscado, de forma encubierta o no, la sombra permanente de un conflicto remunerando. La multa, la pena o el destrozo directo de un sistema económico en aras de la ecología resultan incomprensibles, pero ha sido cierta. Pocos son los ejemplos donde el modelo ecológico implantado haya generado sinergias económicas beneficiosas para los interesados y por el conjunto del país.
Una Cataluña embarrancada económicamente por unos principios ecológicos enfrentados, es un fracaso absoluto para el país. Una ecología problemática y depredadora, sólo beligerante allí donde se encuentran las mayores inversiones y estrategias para el futuro productivo no es de recibo. Cuando la ecología se convierte en predación omnipresente, piratería que busca allí donde hay corte, privado o público, siempre acaba en deuda o ruina y generando rechazo.


Querer salvar ahora el fracaso medioambiental de Catalunya, hasta la patente ausencia de la Consejería, con nuevos postulados de socioecología, socioagricultura o mercados de proximidad, resulta un ejercicio mezquino y un peligroso despropósito. Los modelos ecológicos o ecoagrarios que se quieran aplicar, para ser efectivos, sólo pueden ir de la mano de un estructurado y aplicable plan económico. Un plan que genere riqueza en todos los sentidos, que genere rentas y no deudas, bienes y beneficios, no pobreza.


Artículo publicado en La Drecera 132. Marzo - Abril 2012

Revista de la Patronal Agraria de Cataluña