La Economía Agraria y las Energías Alternativas

La energía consumida por la agricultura debería ser generada, en la mayor parte posible, por el propio ciclo productivo. ¿Qué mejor, qué más sostenible que este proceder?


Atrapados por los hidrocarburos, no hay más petróleo que lo que queda. La agricultura es el sector más dependiente, con diferencia, del mundo desarrollado. Hoy hay que evaluar otras alternativas energéticas y hacer el uso más racional posible. En Cataluña, el uso de la biomasa, del biogás, o del biocombustible a base de aceites o alcoholes vegetales, son relegados, desconocidos o casi inexistentes. En gran parte de Europa, este aprovechamiento es ya bastante habitual. Sólo de plantas de biogás, entre Alemania, Francia y Holanda, hay más de ciento diez mil, y en Cataluña sólo una. Una central de biogás por casi ocho millones de cerdos y unos cuantos millones más de otros animales. Lo mismo podríamos decir con respecto a la biomasa, de la que ya hemos hablado en extensos artículos en nuestra revista de la mano de Mateu Comalrena de Sobregrau. En cuanto a los biocombustibles, hay muchas alternativas. No sólo la del maíz que, hace unos años, revolucionó los mercados de los cereales gracias a Norte América. Pensad que tractores de muchos países norte europeos funcionan con aceite de semilla de colza o nabina, obtenidos con un sencillo molinillo de 12 voltios, pagado por la Administración. Se proveen de grano a las propias explotaciones, incluso, y en caso de necesitarlo, lo prensan y obtenemos el aceite con la propia batería del tractor y una garrafa.


En España y Cataluña, gracias a nuestros gobernantes, parece que sólo confiamos en la energía eólica y la solar. Esto es ejemplo del general y tradicional desinterés por las actividades económicas vinculadas al campo. Las energías alternativas ligadas, a si hace sol o si hace viento, se han demostrado muy propias de Don Quijote de la Mancha. De aquellos que gobiernan superficialmente y controlan insensatos, de aquellos que imaginan quimeras, que trabajan poco y recaudan todo lo que pueden de IVA y otros impuestos. La energía de los hidrocarburos y gases o la energía hidráulica, como negocio controlado por los gobiernos del mundo se está demostrando como un enemigo de riesgo para la economía y la paz mundial, un "huevo de serpiente" más para la actual crisis, especialmente en lo que respecta al ámbito agrario. Los hidrocarburos, también la energía nuclear, siguen siendo un negocio entre gobiernos.

La forma de vida y modelo socioeconómico del mundo desarrollado, están comprometidos, fundamentalmente, por recursos energéticos limitados. De aumentar y persistir en su consumo, sin otras alternativas, el modelo actual está llamado a modificarse o desaparecer, a pesar de cualquier poder gubernamental.

Resulta que el sol y el viento son "energías nobles". Será por eso que, los más puros aristócratas del ecologismo, de esto le llaman "energías limpias", pero es de suponer que ellos en algún momento del día, o de la noche, también comen y cagan, ¿o no? A nosotros, por el contrario, nos interesan más las alternativas energéticas vinculadas al trabajo agrario, la producción de bienes útiles y de consumo. Alternativas que tengan que ver con nuestra actividad económica que se desarrolla en el campo, pues, al final, todos dependemos para vivir. La energía consumida por la agricultura debería ser generada, en la mayor parte posible, por el propio ciclo productivo. ¿Que mejor, que más sostenible que este proceder? Los ciclos productivos agrarios, ganaderos o forestales son altamente renovables, y así también lo es y lo será la energía que se pueda extraer en mayor o menor medida.

En Cataluña la agricultura y los incendios siempre se convierten en un monográfico parlamentario de la desgracia y los problemas, nunca de éxito ni de riqueza. Resulta que tenemos más granjas que nadie y más incendios y problemas con el bosque que nadie y eso debe ser siempre la desgracia de Cataluña, nunca su riqueza y bienestar. Mientras, Gobierno y ecologistas, se dedican a dar vida a los negocios del sol y el viento, como si poder comer, no fuera necesario. Si la edad de piedra o la de bronce duraron unos cuantos miles de años, la edad del carbón y los hidrocarburos pasarán a la historia, como un período de gran crecimiento pero de muy corta duración, del siglo XIX al XXI.

El pozo que hemos cavado con este rápido y ciego crecimiento, es tan y tan profundo que ahora tenemos una difícil salida. Este pozo recuerda muy bien el de la fábula de Esopo, "El Zorro y la Cabra". En estos momentos, la Cabra es el mundo desarrollado y el Zorro se identifica fácilmente con los gigantes demográficos emergentes.

En verano de 2004, en plena euforia de la economía española, el Catedrático de Recursos Energéticos de la Universidad de Barcelona, Mariano Marzo nos anunciaba y avisaba: "Se avecinan tiempos de crisis. Porque a fin de cuentas el petróleo es un recurso finito". A pesar que el petróleo sea una razón de Estado, un comercio y/o litigio entre gobiernos. A pesar que al gas le quede un margen de tiempo un poco más largo. El hecho es que, carburos e hidrocarburos, son finitos. Que el jugo negro hijo de antiguas selvas pleistocèniques y saurios jurásicos ha tardado grandes eras geológicas en transformarse, millones de años, ha poder ser utilizado. Incluso, muchos más millones que en degradar la radiactividad fruto de la fisión nuclear que, hoy, los humanos guardamos bajo tierra dentro inmensas cajas de hormigón. Si el petróleo representa el 50% de la energía primaria total consumida en el mundo, desarrollado o no, al sector del transporte, este consumo se eleva hasta el 90%. La agricultura del primer mundo resulta tener un consumo y coste energético que, peligrosamente, hoy no se tiene en muy consideración. No hay más petróleo que lo que queda, la agricultura del mundo desarrollado es el sector que más depende con diferencia.

Hasta ahora, la materia prima alimentaria se obtenía, fácilmente, de países en vías de desarrollo, donde los consumos energéticos eran bajos gracias a la fuerza animal y la humana. Esto, en pocas décadas, ha cambiando. La agricultura del mundo tiene que entrar, irremediablemente, en una nueva época de compromiso vital con el origen de la energía consumida. La agricultura se encuentra atrapada por los hidrocarburos y el primer mundo parece no darse cuenta. No es sólo el gasóleo, es la fracción nitrogenada de la mayoría de los curtidos, sulfatos, azufres, herbicidas, pesticidas, plásticos, medicamentos veterinarios, y más de 2.000 productos de uso habitual en el sector. Por todo ello, hay que evaluar seriamente las alternativas energéticas pertinentes a los ciclos productivos agrarios, ganaderos, forestales, y hacer el uso más racional posible. Va en beneficio de todos.
 

LA DRECERA. núm. 120. Marzo - Abril 2010
Informativo Agrario del Institut Agrícola.

Economía