AGRICULTURA, MERCADO y TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA  

La "revolución verde" fue culminada por los ingenieros y empresarios agrarios de los años sesenta, especialmente con respecto al caso de la obtención y selección de semillas. Ejemplo en concreto son las semillas híbridas. Estas beneficiaron a la agricultura mundial, consiguiendo duplicar, y casi triplicar, los rendimientos por hectárea. En cuanto al maíz: De 4.000 kg./ha hasta 8.000 y en bastantes ocasiones 12.000 kg./ha.

El claro aumento de los ingresos medios por explotación, especialmente las hortícolas, cerealistas y forrajeras extensivas, permitió un relajado crecimiento en los gastos fijos por insumos y servicios, con margen aun para la reinversión y el beneficio empresarial. Un hecho casi desconocido hasta entonces en la historia de la agricultura, que provocó el nacimiento de las primeras multinacionales de servicios para el sector: químicas, farmacéuticas, energéticas, comerciales o de ingeniería en los ámbitos más diversos.

No hubo entonces ningún tipo de problema en la transferencia tecnológica. La evidente ganancia en los ingresos gracias a los rendimientos y precios de mercado de la materia prima, dio gran credibilidad y confianza al agricultor en la adquisición de nuevos y mayores medios para mejorar esa producción; nuevos abonos, fungicidas, herbicidas, insecticidas; nuevas maquinarias y automatismos; un crecimiento armónico entre economía y agronomía, entre mercado y agricultura.

Es a partir de la crisis energética de mediados de los años setenta, que comienza la disociación entre la economía, la agronomía, el mercado y la agricultura, al no crecer los precios por kilogramo producido, y con el claro estancamiento de los rendimientos. En el caso del maíz el límite máximo de 16 toneladas/ha., La adquisición de medios de producción, de nuevas tecnologías, comenzó su suave descenso. En cada año, cada década que pasaba, se reducía la adquisición tecnológica en todo el espectro de insumos necesarios.

La tecnología y sus avances, aunque no paraban de aportar nuevas oportunidades, a la vez eran paradójicamente, cada vez, menos asequibles. Por otra parte, la solución de buena parte de los productores fue suicida: La reducción de costes a compás de la extinción de ganancias.

La creciente conciencia ambiental y de protección de los noventa aplicada a la agricultura, el desarrollo exponencial de la ingeniería genética, la robótica, la electrónica, encuentran un sector agrario cada vez más fuera de mercado o al límite de estos, con subsidios y subvenciones europeas que se deberían incluir congruentemente en la suma de los costes de producción, se entienden únicamente como una ayuda de supervivencia a la renta personal y familiar, grave error que ya empezamos a pagar. Un dinero público para la producción de una materia prima alimentaria fuera de los mercados nacionales e internacionales. En bastantes ocasiones, los costes de producción en Europa puramente subsumen los ingresos, anulando ganancias y posible reinversión. Sólo se procuran mantener rentas de subsistencia con dinero público, una especie de mefistofélico plan de jubilación anticipada del sector. Lo que desincentiva la posibilidad de una agricultura económicamente competitiva, que colabore en el Crecimiento del Producto Interior Bruto total de la Comunidad Europea. La aportación de la agricultura al PIB europeo no supera el 2,75%. En cambio, el esfuerzo presupuestario en ayudas al sector es hoy alrededor del 40%. El actual marco de crisis plantea la duda de si conviene seguir ayudando a un ámbito productivo que aporta tan poco y donde más de un 50% de sus activos deberán jubilado antes del 2015. El cambio de Política Agraria para el 2013 está servido. El cambio de estructura del sector deberá tener en cuenta el perfil del nuevo factor humano.

Habrá, entonces, volver a enlazar todos los actores que intervienen en la cadena de valor de producción, transformación, distribución y venta. Recuperar la inmensa oferta de proveedores de medios de producción, especialmente, aquellos vinculados a las nuevas tecnologías.

Hoy varias patentes de variedades de maíz, fruto de la ingeniería genética, ofrecen variedades protegidas del ataque de varias plagas, inmunes a hongos y ciertos herbicidas, con mayores y mejores contenidos de proteína, lisina o tiamina, con efectos de fármaco, etc. Todo ello, a día de hoy, no se ha conseguido aumentar, y mucho menos, duplicar producciones, como resultó en los años posteriores a la segunda guerra mundial hasta los sesenta. Se consolidan los 16.000 kg./ha. secos, como frontera difícilmente superable. Para la mayoría de los productores del mundo, un récord inalcanzable. En la Plana de Urgell, en las mejores condiciones, que son pocas, las producciones rondan los 12.000 kg / ha.

El coste medio de las semillas para la siembra de una hectárea (90.000 semillas) en 2009, ha sido de 282,83 euros, respecto al 1989 de 12.000 pesetas, en dinero constante, lo que supone un aumento del 400%. A pesar de este comentario donde se ve el natural crecimiento del valor económico de la semilla a lo largo de los años, habría que saber apreciar y entender que la transferencia tecnológica, su uso, es un bien imprescindible, tanto menos que necesario, en la evolución de la humanidad desde sus orígenes prehistóricos. De hecho, es anterior y primordial la necesidad y el uso tecnológico en las sociedades humanas que no el uso del dinero y la administración de éste,-el oikos nomos-o recta administración del hogar, de los griegos.

No se puede tolerar que el uso económico haya llegado a doblar ciertas necesidades consustanciales al crecimiento y existencia humanas. Cosa, que hasta hoy, nos ha proporcionado la tecnología. Finalmente, han llegado los primeros avisos de desencaje con la crisis financiera iniciada en agosto de 2007. Acabamos de ver cómo la economía financiera y el ámbito terciario de los servicios han llegado al límite de perjudicar de forma grave las necesidades tecnológicas humanas. Es por ello, en esta desgracia de desencaje, que es posible demostrar que utilizando una semilla mejorada por simple selección de masa materna, de origen argentino y con un coste no superior a los 25 euros / ha, permita comprobar, en un sencillo balance comparativo un tan mal paso y resultado por la semilla transgénica y también la híbrida y unas más que aceptables para una semilla "precolombina". Esta experiencia es extrapolable, con facilidad, a cualquier otro productor del mundo agrario desarrollado. Esta situación, evidencia un trastorno en el orden de la cadena de valor que permite no utilizar las tecnologías actuales al servicio y poner en crisis el modelo económico. La economía tiene el deber de fomentar el crecimiento real de todos los aspectos del desarrollo humano, no puede quedar encarcelada e inútil en un desconectado y desordenado crecimiento dinerario y financiero al margen de las necesidades mayoritarias.

Es un paradigma la situación de una tecnología tan avanzada y eficiente, que pese a su elevado coste de adquisición, tenga tanta dificultad en difundir su uso normal entre la mayoría de productores. De hecho, las últimas dificultades en la transferencia tecnológica en Cataluña, no se deben primordialmente a una manifiesta incapacidad profesional de su universo de potenciales consumidores, sino a cómo afecta en sus decisiones de compra y/o inversión el insuficiente precio obtenido por la venta de las materias primas alimentarias.

La reciente reestructuración del capital social y el factor humano del IRTA en Cataluña, que desde su creación los años 80 era al servicio del sector productor, dirigiéndose ahora específicamente hacia el sector transformador y de servicios, es exactamente la misma que ha seguido la terciarización de la economía mundial, estos últimos veinte años, hasta llegar a la crisis actual.

La necesaria e inminente preocupación por el sector productor en el mundo, especialmente el agropecuario, con el fin de ayudar a superar la actual crisis económica es recogida, varias veces, en el discurso realizado por Nicolas Sarkozy el pasado 27 de octubre de 2009 Poligny:

LA DRECERA. núm. 119. Enero - Febrero 2010

Informativo Agrario del Institut Agrícola.

Economía