INCENDIOS

 

El 15 de junio, como cada año, comienza lo que se llama la campaña de incendios forestales. De unos años a esta parte se ha convertido en un hito en el calendario.

Comparecencia en el Parlamento, artículos y breves en los periódicos, publicidad institucional, reportajes en los telediario... En resumen: la ceremonia habitual.

 

De hecho, tampoco está mal hacer cada año una ceremonia. Aunque sea efímera, sirve para ir impregnando en el subconsciente colectivo la necesidad de extremar las cautelas en situaciones de riesgo de incendio forestal. Las estadísticas, sin necesidad de maquillarse las vierten a resultados cada año mejor.  Parece, pues, que la lucha, sorda y constante, va dando éxitos.

 

Estas líneas también son parte de la ceremonia. Se escriben y se publican ahora porque, escritas y publicadas, en el mes de enero servirían para pasar hoja. Sobre la prevención y la extinción de incendios nos congratulamos de los logros obtenidos.

 

Hoy vivimos un tiempo que, quien más quien menos, habla mal del mal gobierno. Alguna razón tendrán; pero en cuanto a los incendios forestales hay que reconocer que ésta ha sido una política de la Generalidad que se puede calificar de Política de País (escrito en mayúsculas) en la que la clase política nunca ha hecho campo de batalla ideológicas sino que ha trascendido a todos y cada uno de los diferentes gobiernos que han pasado por la “Plaça de Sant Jaume”. Es un comportamiento de agradecer.

 

Es de agradecer porque cuando hay un objetivo claro de país, toda la ciudadanía se recoge a su alrededor. Se ha conseguido que en todas las almas del país los incendios forestales sean considerados como un azote a batir, y donde nunca faltan actitudes voluntarias y altruistas.

 

Aunque parezca que es ponerse medallas, ya quisieran otras regiones de clima mediterráneo tener una concienciación y respuesta ciudadana como la nuestra.

 

Hacer una predicción de cómo será la campaña de 2014 es hacer ciencia ficción. Cierto es que hoy las predicciones meteorológicas a largo plazo están muy avanzadas, pero los incendios necesitan una causa de ignición, la cual, en la mayoría de casos no depende de la meteorología. Por tanto prever la campaña tendría un gran componente de fábula.

 

Como resultado de los incendios de Montserrat de1986 se forjó la prevención de incendios en Cataluña. Una combinación de efectivos profesionales formado por el cuerpo de bomberos (más dedicados a la extinción) y los facultativos forestales (más dedicados a la prevención); con una gran implicación del voluntariado, tanto en la extinción, (bomberos voluntarios y ADFs), como en la prevención (ADFs, principalmente), y una gran ciudadanía, en general, en cuanto a concienciación. Este modelo no ha sufrido muchas variaciones en el transcurso del tiempo. Puede que el paso de la Sra. Montserrat Tura, quien fue Consejera de Interior, implicó un cambio de criterio a la hora de abordar la emergencia vertiendo todos los medios disponibles en el primer momento.

 

Quizás sí que el Consejero Marimon adoptó una política de reducción y supresión de las causas latentes de ignición, acabando con los vertederos de basura permanentemente encendidos e impulsando una renovación de la red eléctrica y de ferrocarriles "incendiarios" (esta última, menos conocida). Pero en esencia sigue siendo el modelo forjado de resultado de 1986.

 

Tampoco es necesario cambiar el modelo. Bien mirado funciona bastante bien. Pero habría que seguirlo mejorando. Con todo, se pueden lanzar cinco ideas.

 

En un escenario de bonanza económica, con dinero, se pueden hacer muchas cosas. Cuando el escenario no es tan favorable a las inversiones monetarias, se puede también exprimir el cerebro con el fin de extraer imaginación. En estos momentos, sin muchos costes económicos se podrían abordar algunas mejoras al conjunto del sistema de prevención y extinción de incendios.

La primera de ellas sería compilar y armonizar la legislación en materia de prevención de incendios forestales, haciéndola concurrente con otras legislaciones sectoriales, al tiempo que podría agruparse un corpus único de reglamentación de la Prevención de Incendios Forestales como parte de un proyecto más amplio (y aún no comenzado) de Reglamento Forestal para Cataluña.

 

En estos momentos, hay una serie de disfunciones legales en materia de prevención, centrados en los principales focos de ignición (carreteras, asentamientos humanos y líneas eléctricas), que dificultan, innecesariamente, la aplicación legal de las medidas de prevención.

Afortunadamente se solucionan en el marco de la alegalidad o la paralegalidad.

En el campo de las infraestructuras preventivas, habría que abordar las lagunas de prevención. O sea, aquellos lugares donde a lo largo de estos casi 30 años se ha trabajado poco. Se centran, principalmente, en la demarcación de Tarragona - Terres de l'Ebre y alguna parte de los Pirineos Occidentales.

 

En el fondo de esta cuestión, es sabido que hay una menor pro-actividad de las Diputaciones Provinciales de Tarragona y Lleida; comparada con el impulso (un poco desordenado, pero tangible) de las Diputaciones de Barcelona y Girona. Se han de pensar y de encontrar medidas, simples pero efectivas, para superar las limitaciones de las demarcaciones occidentales; y sobre todo, se debe definir un modelo tipo de prevención, impulsando la redacción de Planes de Prevención de Incendios transversales, viables y homologables entre ellos.

 

Un tercer aspecto a abordar pasaría por la informatización de los recursos preventivos existentes. Tímidamente, y con limitaciones tecnológicas graves, se ha comenzado a implementar la informatización y centralización de las autorizaciones de uso de fuego. Las cifras han sido sorprendentes. En un año se autorizan cerca de 100.000 fuegos, de los que niel 2 por 10.000 derivan en incendios. ¡Es un hito para enmarcar!

 

Sin embargo, hacer una labor de georreferenciación e inventarización de los recursos existentes (balsas, cortafuegos, perímetros de urbanización, estaciones de maquinaria de extinción de incendios, etc) y una vez hecha, mantenerla actualizada. Sólo las ADFs doblan, en volumen, la capacidad de extinción del propio cuerpo de bomberos, en un reparto difuso, pero mal conocido. Es imprescindible saber qué tenemos y cómo lo tenemos.

 

En cuarto lugar, y a pesar de la conflictividad laboral que pueda representar, hay que acometer, de una vez por todas la reforma de los sistemas horarios del Cuerpo de Bomberos. El sistema de horarios por turnos de 24 horas actualmente vigente puede ser más o menos funcional por los incendios urbanos. En los incendios forestales los turnos de 24 horas son innecesariamente penosos y con poca productividad combativa contra los incendios mismos; a la vez que se prestan, en el menor de los casos, a manejos poco honestos.

 

Y aunque sea extemporáneo reflexionar aquí, la conflictividad laboral que se ha planteado al inicio de la campaña actual, ante la opinión pública, podría mostrarse poco amable, por cuanto exhibe una actitud coactiva que no encaja bien con la respuesta social y altruista que la población común tiene ante los incendios forestales.

 

Finalmente como quinto objetivo a medio plazo, sería necesario definir un espacio legal para el mecenazgo en prevención de incendios forestales. En el marco de una sociedad profundamente concienciada en la lucha contra los incendios forestales, hay un grueso importante de formas de Voluntariado (la más conocida son las ADFs, pero hay otros). Incluso hay un discreto grupo de mecenas.

 

Pero todavía no hemos sido capaces de encontrar el sendero para hacer converger el mecenazgo y el voluntariado. La legislación en mecenazgo, en nuestro país es muy imperfecta y sufre del recelo profundo de la Hacienda Pública. Este exceso de recelo provoca una desilusión del mecenazgo que afecta gravemente a la posibilidad altruista. Si no se puede abordar una reforma general del mecenazgo, como mínimo deberíamos encontrar un resquicio para la prevención y la extinción de incendios. Tendremos que pensar en ello.

Más allá de estas ideas para el futuro próximo, nos queda el futuro inmediato de la campaña de verano 2014. Sobre esta se puede decir poco. Calma, tranquilidad y precaución. Tenemos que estar tranquilos de algo. En caso de un incendio, recursos humanos y materiales no faltarán. De todos los infortunios se aprende. Incendio tras incendio, gracias al altruismo de la gente de nuestro país, los recursos humanos y materiales son más y mejores. Quizá continuará habiendo incendios, pero serán menores en dimensión.

 

Artículo publicado en La Drecera 145. Mayo - Junio 2014

Revista de la Patronal Agraria de Catalunya