Las Empresas de Servicios Agrarios:
Un futuro para la agricultura productiva

Es evidente que la agricultura debe existir, de un modo u otro, como sector que debe proveernos de los alimentos que necesitamos para el día a día. Y lo que no se puede optar es para depender del exterior para disponer de estos preciados elementos. Debemos ser lo suficientemente cuidadosos y competitivos para producir todo-o casi todo-dentro de nuestras tierras. Por eso, si es necesario llevar a cabo un cambio de mentalidad en la forma de producir, o buscar nuevas formas o figuras para llevarlo a cabo, tendremos que hacerlo.

 

En el presente artículo no pretendemos descubrir una nueva forma de hacer productiva nuestras tierras, porque ya hace años que está implantada. Más bien queremos acercarnos a ella, hacerla atractiva para algunas situaciones en que, desgraciadamente "los signos de los tiempos" nos abocan. Quizás algunos de vosotros os da algo de esperanza frente las inquietudes que se plantean ante la continuidad de la explotación, la inversión en tecnología, firmar un contrato de cultivo, o cualquier otra decisión al respecto. Sólo que sirva para esto, ya habrá valido la pena iniciar y hablar de ello.

 

Nos referimos a las empresas de servicios agrarios, y más concretamente a todos aquellos profesionales del sector que han derivado o transformado su inicial forma de trabajar de forma individual y para uno mismo-a ofrecer a terceros que no quieren ver yermas sus tierras pero sin tener que seguir invirtiendo mucho tiempo y dinero.

 

En Catalunya cada vez los propietarios de las fincas agrarias tienen una edad más avanzada-el 51% de los jefes de explotación tienen más de 55 años (Censo Agrario de 2003) -, y se encuentran sin un relevo generacional. Cada vez es menos estimulante que la juventud quiera continuar la agricultura. Motivos, muy conocidos, pero que no por ello no queremos dejar de recordar: pequeñas superficies de las explotaciones, baja rentabilidad económica, precios percibidos de los frutos de elevada volatilidad-tan pronto suben como bajan, según unas reglas poco predecibles-, precios pagados por los factores de producción en constante ascenso, baja dotación de maquinaria o imposibilidad de modernizarse adecuadamente, tendencia a la reducción de las ayudas-lógico en el entorno de restricciones presupuestarias y porque un sector tiene que ser rentable por sí mismo-, etcétera .

 

Hasta ahora muchos propietarios optaban por arrendar las fincas. A cambio de percibir una renta veían que la tierra seguía siendo útil y productiva. Pero muchas veces, más que representar un ingreso que complementaría la jubilación o los propios ingresos del titular, se había convertido en un gasto neto. La más que agravada pérdida de interés por la agricultura, la no residencia de los titulares a las propias fincas, etcétera, ha llevado a cada vez a haber más fincas abandonadas o sin demasiado interés para que dé frutos. Incluso ya se habla del surgimiento de un colectivo de agricultores "desactivado": personas que no se dedican a la agricultura y que buscan alternativas a la venta de unas tierras en las que están vinculadas afectivamente o que piensan atender o vender en otro momento, pero que no quieren verlas improductivas.

Esto, demás, ha quedado aún más tocado por la evolución de la normativa generada hacia los contratos de cultivo, y más, en nuestra región. Un exacerbado control e imposición de las condiciones contractuales-en especial a las obligaciones del propietario arrendador-han desvirtuado uno de los pilares básicos de estas relaciones jurídicas: la libre voluntad de las partes contratantes para pactar lo que sea conveniente. Limitaciones y parámetros obligatorios como por ejemplo una duración mínima excesiva del contrato -7 años-, imposición de unos derechos de adquisición preferente por parte del cultivador, prórrogas automáticas de 3 años, etcétera, han llevado a muchos propietarios a recelar y rechazar firmar contratos de cultivo.

 

Si a esto le añadimos que cada vez, para ser competitivos, se necesitan sistemas de producción más intensivos, grandes dimensiones de las explotaciones, efectuar ingentes gastos para inversión, actualización constante de la capacitación, renovación constante de la tecnología, etcétera, hasta y todo aquellas explotaciones agrarias que tienen el propietario del terreno a la cabeza, también se plantean como poder dar abasto con todo ello y "no morir en el intento".

 

Situación de las empresas de servicios agrarios en Cataluña

Por todo ello, cada vez es más frecuente la externalización de todas o casi todas las tareas agrarias de una explotación, incluida la propia gestión de la misma. En Cataluña existen-según el administración-un centenar de empresas de servicios agrarios. Pero creemos que esta cifra no es real, y es más que seguro que pasan de las 250 actualmente. Empresas que pueden gestionar tranquilamente, cada una, más de 1.500 hectáreas anuales-se estima en un 17% de las empresas las que superan esta superficie. En España se calculan en torno a las 2.500 empresas, que gestionan unos 12 millones de hectáreas.

 

En términos de número de jornadas contratadas a terceros, por parte de las explotaciones agrarias, se calcula que llegan a los 6,97 millones (2007) para toda España -4,17 millones en 1997 - y 0,51 millones en Catalunya -0,28 millones en 19972. Es decir, que en diez años se ha incrementado un 67% a nivel nacional y un 82% en Cataluña. La progresión es bastante significativa, y más cuando seguramente a las estadísticas no se refleja toda la realidad-sea quizá por mala identificación de su significado en las encuestas sea para realizarse dentro de la economía sumergida.

 

Es pues, evidente, que hay que reconocer su existencia, la tarea que llevan a cabo y el sistema productivo que representan. Los procesos de externalización en agricultura abarcan desde tareas concretas, mecanizadas o no, hasta la gestión integral de la explotación, con todas las situaciones posibles entre ellos. Mayoritariamente, sin embargo, suelen ser para trabajos mecanizados, y para la realización de una tarea concreta.

 

Sin querer ser exhaustivos, pero sí demostrativos, entre los servicios ofrecidos citamos:

• Plantación y arranque de plantaciones, siembra.

• Trabajo del suelo, nivelaciones y movimientos de tierra.

• Tratamiento de herbicidas.

• Tratamiento fitosanitarios.

• Aplicación de abonos y fertilizantes.

• Riego (instalación y ejecución).

• Poda y prepoda.

• Instalación de soportes, emparrados, tutores y similares.

• Recolección (cereales, forrajes, huerta, frutales, cultivos industriales, vid, olivo).

• Tala forestal, trituración de leña y quema.

• Venta del producto.

• Ganadería-especialmente gestión de deyecciones ganaderas.

• Asesoramiento y gestión (contabilidad, finanzas, ayudas, seguros, contratación de mano de obra, asistencia técnica)-son las más recientes.

 

El desarrollo de estas empresas, aparte de servir por el mantenimiento de la superficie agraria en activo y productiva, también ha servido para que profesionales del sector puedan mantenerse en el mismo, sin tener que buscar trabajos en otros lugares. Un claro ejemplo es la oportunidad de trabajo para los técnicos agrarios, que pueden dedicarse para lo que verdaderamente han sido formados. Sin embargo, las posibilidades de externalizar tareas o servicios productivos son esenciales para la permanencia futura de la explotación. Cuanto más específica es una tarea mayor es la incertidumbre que conlleva su realización-requerimiento de maquinaria y personal específico-, y por lo tanto, la probabilidad de subcontratar o externalizarla es mayor.

 

 

Valores que aportan las empresas de servicios agrarios

Las aportaciones de estas empresas no son solamente la realización física de un trabajo concreto, sino que además hay otros aspectos que debemos considerar. Entre ellos, destacamos:

• Profesionalización de las tareas agrícolas y garantía de un puesto de trabajo estable y con condiciones laborales más cercanas a la industria ya los servicios-frente a la inestabilidad y temporalidad de las agrarias.

• Especialización en tareas concretas.

• Aportación de nuevas tecnologías.

• Servicio rápido y de calidad.

• Precios competitivos.

• Ahorro de inversiones en maquinaria-no es necesario que la explotación disponga de maquinaria ni que haga grandes inversiones en ella que después no podrá amortizar.

• Participación en la mejora de la rentabilidad de las explotaciones agrarias.

• Gestión integral de la finca-sería el máximo exponente de externalidad.

• Constituir una fuente complementaria de ingresos de titulares de explotaciones agrarias fuera de la misma.

• Una nueva forma de multifuncionalidad de las explotaciones, que favorece la innovación y la tecnificación del sector agrario.

 

Debate que se plantea actualmente

Evidentemente no todo es siempre positivo, y encontramos que estas empresas tienen una estructura de pequeña dimensión, son de carácter familiar o con pocos socios y / o trabajadores, y su ámbito de actuación es comarcal o provincial. Por lo tanto, es necesario que se promocione su existencia y su viabilidad, porque a estas alturas, existen ya unos problemas que se les plantean:

• Poco acceso a programas de formación de personal.

• Establecer ayudas para innovación tecnológica y adquisición de maquinaria.

• Conseguir un plan de viabilidad empresarial.

• Interrelación con empresas del sector.

• Adecuación a la realidad económica de la agricultura.

• Confianza en el servicio para el cliente-muchas veces ejecutan las tareas bajo las instrucciones de los propietarios o de técnicos contratados por el propietario.

Es por ello que hay que seguir hablando de estas empresas, que en la situación social y económica de la agricultura, pueden dar una solución para que siga siendo viable y productiva. Demás, ofrecen una posible solución a aquellos propietarios que no quieren desvincularse totalmente de la gestión de sus tierras, pero que no quieren tener que hacer grandes inversiones económicas. Seguro que iremos hablando y el INSTITUT AGRÍCOLA lo fomentará.

 

Artículo publicado en La Drecera 133. Mayo-Junio 2012

Revista de la Patronal Agraria de Cataluña

Economía