POR UNOS NUEVOS TIEMPOS

 

"Estos son tiempos malos, los hijos han dejado de obedecer a los padres

y todo el mundo escribe libros"

(Marco Tulio Cicerón)

 

En la Grecia clásica el LOGOS impone al MITO. Logos y ciencia parafraseando a los clásicos pueden trasladar al hombre a su edad adulta y la Ilustración, antorcha que ilumina una nueva época de la historia de la humanidad, pretende instaurar en la tierra el espíritu de las luces - razón, ciencia, democracia, progreso- en detrimento de la superstición y la intolerancia. Esto que parece indiscutible no se ha producido exactamente así.

 

¿Qué está pasando hoy? Estamos asistiendo al enfrentamiento entre el conocimiento y el contraconocimiento. Por decirlo a la manera del sociólogo Damián Thompson en su libro "Los nuevos charlatanes", estamos ante una pandemia de credulidad.

 

Esta pandemia afecta a la economía y a la política, hablamos de la crisis económica, del concepto democracia o del proceso de transición nacional, contra toda evidencia, algunos (populismo de manual en mano) pretenden superar la recesión y salir de la crisis sin una reforma laboral, sin aumentar la competitividad, sin reducir el déficit, sin estabilidad presupuestaria sin recapitalizar la banca y sobre todo con la predica antiliberal. El MITO impone al LOGOS.

 

¿Y como se ha llegado hasta aquí? Pues los herederos de la Ilustración y la razón han generado falsas percepciones de la realidad y se han producido en primer lugar por la hegemonía de la subjetividad en detrimento de la objetividad, en segundo lugar, la persistencia de una concepción mágica de la realidad y en tercer lugar por la institucionalización y comercialización de un pensamiento "LOW COST".

 

A estas tres hipótesis que estarían avalando el contraconocimiento se les deben añadir las que explicarían la extensión de la pandemia, en el campo de la economía y del concepto democracia, como la difusión del antiliberalismo en su versión populista que demoniza la economía de mercado y la democracia formal, así como también el retorno del romanticismo filosófico, del narcisismo primario y la emergencia del localismo egoísta.

 

A todo esto le debemos añadir una concepción grosera de la tolerancia que nos lleva al relativismo y a la falta de sentido del límite, resumiendo, un buenismo populista con vocación de sustituir la vida política democrática en política de masas.

 

Contraconocimiento, alternativos y nacionalistas están poseídos por sus creencias y éstas se vuelven en pandemia de la credulidad que cuaja en parte de la sociedad, la fe ciega, el integrismo y la intolerancia están servidas.

 

Justo en el preciso momento en que la revolución francesa se presentaba en sociedad, Edmund Burke (Reflexiones sobre la revolución en Francia. 1790) escribía "que la gran brecha por la que se introdujo en el mundo la excusa de la opresión es la pretensión de un hombre para decidir sobre la felicidad de otro "en palabras del escritor y político irlandés subsisten.

 

Para acabar de superar la difícil situación económica hoy es preciso un liderazgo sólido, alejado de halagos al pueblo y de la incapacidad para resistirse a la opinión pública, vicios democráticos propios de actitudes débiles en políticos, periodistas, escritores... Hoy por hoy necesitamos liderazgos para producir nuevos líderes y no seguidores.

 

Por unos nuevos tiempos precisamos de liderazgos sólidos, que respeten las leyes, con vocación de servicio y como decía CICERÓN "Somos servidores de las leyes para poder ser libres" y debemos tener claro que, como decía Arnold J. Toymber "las civilizaciones mueren por suicidio y no por asesinato”.

 

Editorial 151. Mayo Junio 2015

 

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