"UN NUEVO FUTURO PARA NUESTRA  AGRICULTURA"


Discurs del President de la República Francesa,
Nicolas Sarkozy
(Poligny, 27 d'octubre de 2009)



Al tomar la palabra ante ustedes hoy, quiero demostrar la solidaridad de la Nación francesa con el trabajo de los agricultores franceses, de sus parejas y de sus familias. La crisis que vive la agricultura es totalmente excepcional, puesto que todos los sectores agrícolas están afectados por la caída de los ingresos. En esta hermosa región de Poligny, los policultivos y la ganadería viven por primera vez una crisis que afecta a todas sus producciones.

Tengo presente el sufrimiento de los criadores de cerdos que no pueden reembolsar las anualidades de sus créditos, la protesta de los productores de frutas y hortalizas que no pueden obtener más créditos para sus próximas temporadas de cultivo, la desesperanza de los productores de leche que trabajan día y noche sin recibir un salario, la desesperación de los viticultores y de los productores de carne o de cereales que hoy no pueden pagar sus tasas.

Esta crisis afecta al primer sector industrial de nuestro país cuyo volumen de negocios anual alcanza los 163.000 millones de euros, muy por delante del sector automóvil. Afecta a 1,6 millones de trabajadores en activo y a 3,6 millones de pensionistas en todo el territorio. Ningún sector está a salvo, ninguna región está protegida.

Esta crisis afecta al corazón de nuestra sociedad y daña a un sector estratégico que constituye un elemento absolutamente indispensable de nuestra identidad nacional. Esta crisis afecta a los valores de nuestra agricultura, de la ruralidad francesa, del trabajo y de la recompensa.

La crisis que vive todo el sector agrícola no es una mera crisis coyuntural cuyas trazas podrán borrarse rápidamente. Esta crisis es estructural. Por tanto, debemos afrontarla de forma frontal, sin mentir. Esta crisis no debe incitarnos a esperar, debe incitarnos a actuar rápidamente y con fuerza. Porque la crisis no tiene precedentes, nuestra respuesta también debe conllevar un cambio sin precedentes. No debemos conformarnos con intentar superar con mayor o menor éxito un período difícil.

Debemos ser ambiciosos, hacer gala de imaginación y audacia.

En primer lugar, la crisis pone de manifiesto una falta de regulación europea y mundial a la que debemos responder con urgencia. En segundo lugar, pone de manifiesto fallos nacionales reales en la distribución del valor en nuestros sectores agrícolas. Entre septiembre de 2008 y septiembre de 2009, el índice de precios a la producción de productos agrícolas se contrajo un 20%. En el mismo periodo, el índice de precios al consumo de productos alimentarios bajó un 1%. Nunca había habido una diferencia tal. ¡Es inaceptable! Esta diferencia pone de manifiesto una distribución desigual del valor añadido en los sectores y pone en peligro nuestra producción alimentaria.

Ante esta crisis sin precedentes, les propongo un nuevo impulso para la agricultura francesa basado en la estrategia siguiente:

  • puesta en marcha de un plan de financiación ambicioso para la agricultura en Francia.
  • nueva regulación de la agricultura y del sector agroalimentario en Europa y en el mundo.
  • continuación de la modernización de nuestra agricultura para preparar la PAC de 2013.


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Nuestra primera respuesta será poner en marcha un plan de financiación ambicioso para nuestra agricultura.

No podemos esperar, soy perfectamente consciente de ello. La crisis, hay que controlarla o padecerla. Hemos optado por controlarla. Me niego –que estas palabras sean claras y que todo el mudo las oiga– a que la crisis se lleve por delante la agricultura francesa.

No he venido a anunciar un plan de subvenciones opuesto a las reglas europeas que habrá que reembolsar dentro de 10 años. Eso ya se lo han propuesto, no cuenten conmigo para ello. Cuando se respeta a las personas, no se les miente. No les mentiré.

Tampoco he venido a proponerles que nos pongamos de acuerdo sobre un sistema de precios para la carne o la leche que obligaría a algunos sindicatos a pagar dentro de 10 años la factura de la demagogia, porque entonces el despertar sería brutal.

He venido para proponer un plan de apoyo excepcional y sin precedentes para nuestra agricultura que incluye 1.000 millones de euros de créditos bancarios y 650 millones de euros de ayudas excepcionales del Estado.

Por tanto, vamos a conceder antes de finales de este año 1.000 millones de euros de créditos de tesorería, de consolidación o de restructuración de deudas para que todos los agricultores en dificultad puedan sanear su tesorería de 2009 y realizar de inmediato las inversiones necesarias para las próximas temporadas. Gracias a estos créditos, se podrá disponer de un plazo de un año y el Estado aportará 60 millones de euros para bonificarlos. Mediante este apoyo, el tipo de interés real de los créditos de tesorería y de consolidación se limitará a un 1,5% en cinco años e incluso a un 1% para los jóvenes agricultores. Este mecanismo aportará una respuesta inmediata a la emergencia que viven en estos momentos tantos criadores de cerdos que hacen frente al precio insoportable de un euro por kilo. Además, vamos a destinar una partida de 200 millones de euros para aligerar los intereses de los créditos de 2009 y 2010 que deben determinados agricultores en dificultad y apoyar las reestructuraciones de las explotaciones. Tengo presentes en particular a los jóvenes productores de leche o de carne que han invertido sumas considerables para respetar las normas y que hoy no pueden reembolsar sus cuotas. El Estado también se hará cargo, en función de la situación financiera de cada uno, de las cotizaciones que los agricultores deben a la Mutua Agrícola Social y que se elevan a 50 millones de euros y del impuesto sobre propiedades no edificadas mediante una inversión de 50 millones de euros. Pienso en particular en los productores de frutas y hortalizazas y en los viticultores que hoy no pueden pagar sus cuotas de final de año.

Se invertirán 170 millones para reembolsar el impuesto interior de consumo sobre los productos petroleros y el impuesto interior de consumo sobre el gas natural pagado por todos los agricultores en 2010. Con este mismo espíritu, el Estado reembolsará, a partir del primer trimestre, el 75% de la suma correspondiente a la tasa sobre el carbono de 2010, lo que supondrá 120 millones de euros más. Estas dos medidas permitirán reducir los cargos de los productores de hortalizas y de grandes cultivos.

Este plan excepcional se centrará de forma prioritaria en los jóvenes agricultores o en los inversores recientes, puesto que deseo seguir dando la prioridad a una política de instalación sin la que nuestra agricultura no tendría futuro.

Este plan, Señoras y Señores, se aplicará por completo antes de finales de 2009. Velaré para que así sea, no habrá marcha atrás, no habrá ninguna vacilación, no habrá ninguna renuncia con respecto a lo que les anuncio. También velaré por la simplicidad de los mecanismos aplicados, puesto que esa simplicidad será garante de la eficacia. Pido a nuestro Ministro de Agricultura, Bruno Le Maire, a quien apoyo y a quien felicito, que organice, a partir de la próxima semana, una primera reunión con las organizaciones representativas concernidas. Los prefectos estarán a cargo, con el apoyo del crédito, de organizar un seguimiento y un pilotaje preciso de la aplicación de estas medidas.

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Evidentemente, nuestra ambición colectiva no debe limitarse a una reactivación francesa de nuestra agricultura. Mi ambición, como jefe de Estado, es aportar una respuesta estructural a esta crisis a escala europea y a escala mundial. Queremos una nueva regulación de la agricultura y del sector agroalimentario en Europa y en el mundo. La seguridad alimentaria y la alimentación dependen de una nueva gobernanza mundial que no puede limitarse a liberalizar el mercado. Hay que abrir los ojos: hoy una de cada seis personas en el mundo padece hambre. Necesitamos la producción agrícola. La única respuesta a esta crisis alimentaria mundial será aumentar un 70% la producción entre hoy y 2050 a la vez que se preserva el planeta. Habrá que invertir 55.000 millones de euros por año para poder alimentar a 9.000 millones de personas en 2050. Necesitamos una agricultura de producción en el mundo. Francia no puede dejar de lado su agricultura. Debemos invertir en esta agricultura de producción en Francia y en Europa.

De forma paralela, el mundo experimenta desde hace dos años una volatilidad sin precedentes de los precios agrícolas. Tras los fuertes aumentos del precio de la leche en polvo, de las frutas o de los cereales en 2007, hemos vivido una baja considerable de todas estas producciones en 2008 y en 2009. Estas variaciones violentas de los precios de un año para otro, entre un 30% y un 50%, no se dan en ningún otro sector económico. Esta volatilidad se observa en proporciones inversas en el precio de los abonos, de la alimentación animal y de la energía. El efecto combinado de esta volatilidad de los precios de las materias primas agrícolas y de los insumos pone en peligro a las empresas cuyas inversiones amortiza a veces el trabajo de toda una generación. Evidentemente, si cada vez se paga menos por lo que uno produce, si esa persona paga cada vez más por lo que necesita para producir y si los intereses del banco son constantes durante toda una generación, no veo cómo se puede sobrevivir. Para poner fin a esta inestabilidad de los precios, hay que establecer herramientas de regulación verdaderas.

Hemos visto, Señoras y Señores, en el ámbito financiero, las consecuencias dramáticas de los mecanismos de un mercado sin control. No aceptaremos la misma locura en el sector que alimenta a la población mundial. La idea de una predominancia total de un mercado que no debía ser trastornado por ninguna regla, ni por ninguna intervención política, esta idea – empleo a propósito una palabra sencilla– es una idea loca. La crisis actual del sector agrícola es la prueba más evidente de ello.

La economía de mercado no obliga a primar al especulador. Entraña primar al emprendedor –el agricultor es un emprendedor– y la recompensa del trabajo, del esfuerzo y de la iniciativa.

No podemos permitir que un puñado de especuladores ponga en peligro la seguridad alimentaria europea perturbando gravemente el funcionamiento de los mercados. Con este espíritu, Europa debe poner en marcha una verdadera regulación en los mercados de materias primas agrícolas. Francia pide a la Comisión Europea que tome la iniciativa en este ámbito, para limitar la creciente especulación y para enmarcar los productos financieros derivados de estos mercados. Que quede claro, Francia no transigirá con este imperativo.

En 2008, durante la Presidencia francesa, inauguramos un debate sobre los principios fundadores de la Política Agrícola Común de 2013 para regular mejor los mercados agrícolas. Hasta entonces nadie había tomado una iniciativa de este tipo en la Europa ampliada. Ha permitido alcanzar el acuerdo de 24 de los 27 Estados miembros en torno a los mismos objetivos que defendemos.

Nuestro primer objetivo es afirmar una nueva preferencia comunitaria. La preferencia comunitaria no es un insulto, se basa en el respeto de las normas sanitarias, en el respeto de las normas medioambientales en la Unión Europea y en la OMC, en un apoyo justificado por el coste excesivo de las exigencias europeas, en una protección tarifaria de los productos sensibles y en la protección de las indicaciones geográficas. En esta región de producción del Comté, saben lo importante que es defender la diversidad de nuestra alimentación, los gustos y los sabores.

Nunca aceptaré que se uniformice nuestro modelo alimentario. Quiero plantear una pregunta: ¿para qué sirve imponer normas a nuestros ganaderos y a nuestros agricultores si Europa, que impone normas a los suyos, sigue abriendo sus fronteras a productos de países que no aplican ninguna norma? Esta política no tiene ningún sentido. Con esta perspectiva, Francia luchará y convencerá a sus socios para aplicar la tasa sobre el carbono en las fronteras de Europa. No es una cuestión de proteccionismo, sino de razón.

Nuestro segundo objetivo consistirá en crear auténticas herramientas de gestión de los mercados. Hay que permitir que los agricultores y los sectores especializados vivan del fruto de su trabajo. Para vivir del fruto de su trabajo, tienen que pagarles un precio correcto por los productos que elaboran. Ello supone mantener las herramientas europeas de intervención en los mercados para preservar las garantías de seguridad. Ello implica una mayor financiación de las herramientas de aseguración contra los imprevistos climáticos, sanitarios y económicos suscritas por los agricultores. Finalmente, ello requiere un apoyo mayor para mejorar la organización económica de los sectores.

Nuestra tercera ambición será mantener la actividad de producción en los territorios frágiles, en particular en las zonas herbáceas y de montaña. Ello requiere un apoyo diferenciado.

La cuarta consistirá en privilegiar una agricultura de producción respetuosa con el medio ambiente. No se trata de relegar los agricultores a una condición de “jardineros de la naturaleza o de agentes municipales” mediante obligaciones imaginadas desde París y absolutamente inaplicables en terreno.

Yo concibo a los agricultores como productores, emprendedores, trabajadores con profesionalismo y ese profesionalismo se paga con precios y los precios posibilitan la calidad. Éste es el ciclo virtuoso de la nueva regulación agrícola que proponemos en Francia y Europa.

Quiero que quede claro: Francia no renunciará a estos objetivos de regulación. Pero lo digo con la misma fuerza y la misma sinceridad: la lucha por el orden antiguo es un combate de retaguardia que no libraré, porque esa lucha está abocada al fracaso. Quiero refundar la Política Agrícola al igual que estamos refundando el capitalismo financiero. Está claro, no hay una línea Maginot, no es posible una vuelta atrás catastrófica y demagógica. Sabemos dónde queremos ir e iremos juntos: agricultores, emprendedores, productores, trabajadores. Así es la nueva regulación que vamos a defender.

Bruno Le Maire ha continuado este proyecto, proponiendo herramientas nuevas de regulación para el sector lechero. Mediante este combate ofensivo, ha obtenido una muy amplia mayoría de 21 países en el Consejo de Ministros de Agricultura y el apoyo del Parlamento Europeo. Quiero dar las gracias a Bruno Le Maire por la calidad de su trabajo y por su valentía. Además ha entendido –porque encima es inteligente– que para cambiar la situación, se necesitan aliados. Francia no vencerá si está aislada. Francia vencerá si está en el corazón de Europa y no junto a Europa. A petición de Francia y de Alemania, la Comisión Europea ha creado un grupo de trabajo para preparar medidas y organizar mejor el sector lechero. Con un ritmo de una reunión mensual, ¡las conclusiones de la Comisión deberían entregarse en junio! Que quede claro. ¡Estos plazos son inaceptables! La Comisión Europea tiene que acelerar su trabajo. Si la Comisión Europea quiere preservar su derecho de iniciativa, debe presentar soluciones operacionales con plazos más adaptados a la realidad del terreno. Proponer soluciones cuando todo el mundo esté muerto, no es una solución, es una esquela. En el Consejo Europeo del 30 de octubre, pediré que la Comisión Europea proponga, a principios de 2010, un refuerzo efectivo de las herramientas de regulación de los mercados lecheros. Evocaré este punto, mañana mismo en el Elíseo, con Angela Merkel, para que Alemania y Francia sigan realizando propuestas en el mismo sentido.

Situando de nuevo a Francia en el corazón de un proyecto europeo, hemos establecido condiciones óptimas para proponer una nueva regulación de la PAC de 2013. Pueden contar con toda mi determinación en las próximas negociaciones. No cederé, porque lo que está en juego es estratégico para Francia, para su futuro, su identidad, su poder económico e incluso para su independencia nacional.

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Para preparar la Política Agrícola Común de 2013, también tenemos que pensar en el mundo de después de la crisis en Francia. Para preparar este futuro, nuestra tercera respuesta a la crisis del sector agrícola es la modernización de nuestras herramientas nacionales de regulación.

Desde hace 10 años, las crisis agrícolas se suceden: en 2000 la crisis del ESB, en 2001 la crisis vitícola, en 2003 la sequía, en 2004 la crisis del sector de frutas y hortalizas, en 2005 la crisis del sector lechero, en 2006 la gripe aviar y desde 2007 la crisis del sector porcino.

Olvido algunas seguramente. Desde hace 30 años, a cada crisis se responde mediante medidas coyunturales de apoyo cuyo punto común es que nunca han impedido crisis futuras. No he venido para pronunciar un discurso que ya han oído: son ustedes mayores, guapos, tienen futuro, son jóvenes. ¡Bueno, no todos! Aquí tienen un plan de lucha contra la crisis, adiós, gracias. No haré esto, porque así no se prepara el futuro.

En el centro de mi ambición, hay una exigencia: valorar y reforzar la competitividad de nuestra agricultura. Ésta es la clave de todo. Francia es el segundo exportador mundial de productos agrícolas y el primer exportador mundial de productos agrícolas procesados. Tenemos que reforzar nuestras explotaciones y nuestras redes, pero también alentar a quienes optan por el oficio de agricultor.

Ser agricultor es un proyecto de vida antes que un proyecto profesional y Christian Jacob no lo desmentirá. Es un espíritu antes que un oficio. Todos los agricultores deben poder vivir del precio de su trabajo y de su producción.

Un agricultor es un emprendedor, pero un emprendedor que no cuenta las horas, que asume la responsabilidad de inversiones importantes, que debe superar cada día desafíos humanos, financieros, técnicos, administrativos considerables. Es un empresario que debe adaptarse de forma permanente al clima, a los mercados, a las tecnologías, a las reglamentaciones. Para lanzarse en la agricultura, primero hay que tener un espíritu

emprendedor. Para permanecer hay que ser tenaz. Para tener éxito, hay que tener talento. Un agricultor tiene que ser trabajador, estar apasionado. He sido elegido para ayudar a los franceses apasionados que quieren vivir de su trabajo. Por tanto, deseo que este proyecto que he defendido durante la campaña presidencial se refleje en la ley de modernización de nuestra agricultura que Bruno Le Maire presentará antes de finales de año en el Parlamento. Hoy, y es inaceptable, el acto de producción, incluso de calidad, no basta para obtener una buena remuneración. Un productor debe poder garantizar sus ingresos mediante un contrato equilibrado con su cliente o mediante un seguro contra determinados imprevistos climáticos, sanitarios o económicos. Para ser emprendedor, hay que conocer bien los mercados y los precios.

Necesitamos una nueva definición del oficio de agricultor como emprendedor responsable y esta definición del oficio de agricultor será central en la ley de modernización de nuestra agricultura. Esta nueva definición permitirá, a más tardar en 2013, una orientación más coherente y mejor de nuestras ayudas públicas en materia fiscal, social y rural para proteger mejor al agricultor. La relación contractual entre el agricultor y su cliente será central en esta definición.

El establecimiento de contratos, Mis Queridos Amigos, no conlleva la integración. Un contrato no implica dar todos los derechos a los clientes. Quiero contratos equilibrados, regulados por el Estado que protejan al productor en su relación con el industrial, la cooperativa o el distribuidor. Estos contratos se traducirán por acuerdos interprofesionales o por decretos en cada sector. Los Presidentes de la Comisión, Jean-Paul Emorine, Patrick Ollier y Christian Jacob velarán por ello en el Senado y en la Asamblea Nacional.

La falta de relación contractual en el sector lechero demuestra el desequilibrio creciente e inaceptable entre productores y transformadores. ¿Pero podemos admitir que un productor de leche que trabaje sin contar las horas del 1 al 31 de enero no conozca el precio de su trabajo hasta el 10 de febrero mediante un justificante de pago? ¿Podemos aceptar que un productor de leche, por tanto un emprendedor, no conozca el 27 de octubre el precio de la leche que se le pagará el próximo 1 de enero? Sin contrato, un productor de leche es un ganadero sin garantía en caso de fallo de la industria lechera. Los contratos deben proteger a los productores de leche. Deben otorgarles derechos para recompensar su trabajo diario. He solicitado a Bruno le Maire que instaure un marco legislativo para regular la relación contractual entre productores y transformadores de leche. Estos contratos se aplicarán por ley en el sector lechero, a partir de 2010.

De forma paralela, la organización económica deberá reforzarse mediante la ley de la modernización de la agricultura. Señoras y Señores: sólo la mitad de las 30.000 explotaciones francesas de frutas y hortalizas son miembros de una organización de productores, la mitad. Pero atención, para esa mitad, tenemos en Francia 285 organizaciones de productores. ¿Es razonable? No lo aceptaré. Todo para cinco marcas de distribución. 30.000 explotaciones, la mitad no son miembros de ninguna organización y la otra mitad está repartida en 285 organizaciones que tratan con cinco clientes. ¿Es razonable? Respeto el mundo de la agricultura y a los agricultores, quiero decirles la verdad. El Estado está con ustedes, vamos a ayudarles, pero también deben modificar varios defectos de organización. Quizás no se lo habían dicho, pero yo se lo digo. Se lo digo por respeto, porque está en juego parte de su futuro. No podemos seguir así. Y no podemos aceptarlo. Quiero que las ayudas concedidas a los sectores fomenten más la agrupación de productores para influir en los circuitos de comercialización, incluso para crearlos. También sería una fórmula muy buena.

Vivir de los precios de los productos vendidos también significa que cada uno debe aceptar la competencia. Un kilo de zanahorias vendido en julio pasado por un productor a 0,42 euros sin IVA fue revendido la misma semana por las grandes superficies a 1,29 euros con IVA, es decir con una diferencia de un 67%. Quiero una transparencia total en la repartición de los márgenes en los diferentes niveles del sector. Este desequilibrio es inaceptable. Vamos a reforzar considerablemente el observatorio de los precios y los márgenes de beneficios en el sector agrícola mediante la ley de modernización de nuestra agricultura.

También vamos a luchar de igual a igual en Europa. Si me lo permiten, fijémonos en el coste del trabajo. Producimos tomates y su coste son 12 euros la hora. El problema es que nuestros vecinos los producen por 7 euros la hora, incluso 6. Es evidente que las 35 horas fueron una catástrofe para la agricultura y para todos los sectores económicos de Francia.

¿Cómo podemos resistir?

He decidido exonerar a los temporeros de todos los gastos patronales que deben a la Mutua Agrícola Social. Ello supone un coste adicional para el Estado de 170 millones de euros. Es un esfuerzo absolutamente considerable. Pero este esfuerzo debe acompañarse por otras medidas estructurales. Pido a Bruno Le Maire que analice la organización de la mano de obra asalariada extranjera en los países de nuestros socios europeos, para proponerme, antes de finales de año, medidas que permitan incrementar la competitividad de nuestras explotaciones agrícolas. No dejaré que se derrumbe la producción agrícola francesa. Vamos a situarlos en una posición de igual a igual con sus competidores.

También quiero que sus empresas puedan reforzar los fondos propios para resistir mejor a las próximas crisis. Tenemos que desarrollar herramientas de garantía contra los imprevistos económicos, al igual que apoyamos el desarrollo de garantías contra imprevistos sanitarios y climáticos. Quiero que se adapte el dispositivo de Deducción Por Imprevistos (DPA en sus siglas francesas), mediante la ley de modernización de nuestra agricultura, para permitir la gestión de los imprevistos económicos.

También tenemos que reforzar el tejido industrial agroalimentario permitiendo que las industrias dispongan de participaciones por el intermediario de fondos. Tomé este compromiso durante la campaña presidencial. La ley de modernización de nuestra agricultura impulsará este tipo de iniciativas.

También defendí durante la campaña presidencial el refuerzo del papel de las interprofesiones. Su misión y su funcionamiento deberán revisarse antes de 2013 en función de las prioridades fijadas por la futura ley de modernización. Para incrementar su legitimidad, quiero reforzar a partir de 2013 su papel para tomar iniciativas, decidir y orientar a los diferentes campos del sector.

Durante mucho tiempo, se ha explicado que la baja de los precios agrícolas debía compensarse mediante subvenciones. Lo único que se favorecía era la interminable burocracia que posibilita estas subvenciones. A las reglas europeas, se suman a menudo exigencias franco-francesas vacilantes e inútiles. Señoras y Señores: es inútil acusar a Europa de todos los males de la burocracia, nosotros también sabemos ser detestables en este campo. Las obligaciones administrativas que pesan sobre el oficio de agricultor son hoy absolutamente exorbitantes. El balance de salud de la Política Agrícola Común en 2010 debe permitir simplificar el oficio de agricultor. Pido a Bruno Le Maire que realice, respetando los compromisos del Grenelle del Medio Ambiente, un doble trabajo de simplificación y de coherencia de las reglas medioambientales y sanitarias a escala nacional y europea. Con la misma perspectiva, la ley de modernización permitirá llevar a cabo una verdadera refundación del mandato sanitario para conceder una responsabilidad mayor a los ganaderos. ¿Y si confiáramos en ellos? Estaría tan bien.

Mis Queridos Amigos: cada 10 años desaparece una superficie agrícola equivalente a un departamento. Es absolutamente incompatible con una demanda mundial de productos agrícolas que va en aumento. Es totalmente incoherente. La ley de modernización de nuestra agricultura deberá posibilitar la protección de nuestros territorios y el desarrollo sostenible.

No podemos dejar que desaparezcan todas nuestras tierras agrícolas, porque desaparecía la producción agrícola y Francia cometería un error histórico.

Por último, para preparar el futuro, tenemos que ser pioneros en materia de biotecnologías, de tecnologías limpias, de ahorro energético, de sociedad del conocimiento. Mañana la agricultura deberá proporcionar a la industria química nuevos disolventes, nuevos lubricantes y compuestos que impulsarán nuestro esfuerzo de reducción de emisiones de gases con efecto invernadero. Deseo que este gran crédito permita ampliar nuestro esfuerzo de investigación en función de los nuevos objetivos de la agricultura. Así se pondrá de manifiesto que la agricultura es un sector con futuro, en particular en el ámbito –en el que tanto confío– de la química verde y la química blanca.

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Mis Estimados Compatriotas: Francia debe afrontar la crisis al igual que todos los otros países. Al igual que todas las categorías de población de nuestra sociedad, sepan que el futuro de los agricultores forma parte de mis preocupaciones diarias. Sé perfectamente que la crisis genera sufrimiento. Si a menudo estoy en terreno, es porque debo escuchar ese sufrimiento y no debo conformarme con escucharlo. Debo encontrar soluciones, tomar decisiones y obtener resultados. Tengo una relación particular con los ministros. Todo el mundo hace comentarios, pero nosotros debemos actuar. Ésa es la diferencia, nuestras decisiones pueden salvar o condenar a los sectores. Pero el futuro de nuestra política agrícola va más allá de la crisis.

Francia mantiene una relación carnal con su agricultura, oso decir la palabra: con su tierra. La palabra “tierra” tiene un sentido francés y he sido elegida para defender la identidad nacional francesa. No temo estas palabras, las reivindico. Francia tiene una identidad particular por encima de las demás, pero también es suya, y no entiendo cómo puede vacilarse al pronunciar estas palabras: “identidad nacional francesa”. No agreden a nadie. Son sencillamente la expresión del deber hacia las generaciones anteriores que construyeron, pagando con sus vidas y su sangre, la Francia de hoy. La tierra es parte de esa identidad nacional francesa. Y esa identidad nacional francesa se ha constituido en particular mediante la singular relación de los franceses con su tierra. Todas las familias de Francia tienen abuelos que han trabajado la tierra en algún momento. La agricultura ha modelado nuestros paisajes.

La agricultura ha dado a Francia parte de su alma. Con estas convicciones vamos a obrar juntos por el futuro de nuestra agricultura. La agricultura no expresa una nostalgia. Es un aporte muy ventajoso para Francia. Los agricultores son parte de la identidad nacional francesa y la clave de un sector tan estratégico para el futuro como la nanotecnología o el sector aeroespacial. Hoy quiero decir a los agricultores que Francia no los dejará de lado. Sé que antes les solían hacer promesas. Mis Queridos Compatriotas: yo no cederé, yo no los abandonaré, no retrocederé ni un milímetro, porque soy perfectamente consciente de que el combate por la agricultura francesa es estratégico. Sólo hay una solución: vencerlo.

Muchas gracias


ARTICULO PUBLICADO EN LA DRECERA. núm. 119. Enero - Febrero 2010

Informativo Agrario del Instiut Agricola.