"ETIQUETAS", UN INSULTO A LA INTELIGENCIA

 

Lo que comenzó como una sencilla clasificación física de la Asamblea francesa- girondinos a la derecha, jacobinos a la izquierda- se ha perpetuado como una frontera ideológica que distingue sectariamente entre "los buenos y los malos", "los otros, los míos”.

Para un mundo complejo, cambiante, con tantos frentes culturales, económicos y sociales abiertos, es un atajo tentador que resulta doloroso y limitante. Desde una actitud estrecha e intolerante, etiquetamos a aquellos que no se acomodan pasivamente a nuestros modelos mentales. Con una gran facilidad etiquetamos a las personas, les ponemos rótulo para clasificarlas según nuestra parcial jerarquía de intereses y valores; prejuzgando de antemano.

Conservador / Progresista es un ejemplo recurrente. ¿Conservador? Pues sí mire, conservar la vida, la salud, la amistad, el amor, las tradiciones familiares... Para algunos tiene un "tufillo trasnochado". ¿Progresista? ¡También! A favor del progreso, de la ciencia, de la investigación, de la innovación, proyectado hacia el futuro... Para otros tiene connotación rupturista y desarraigada. Estos clichés reduccionistas y maniqueos no sirven para entender las relaciones humanas.

¿Izquierdas / Derechas? ¿Conservadores / Progresistas? Categorías irrelevantes, obsoletas para un tiempo que requiere de pensamientos y sentimientos renovados.

Si las conversaciones de los líderes políticos las preside el bien común, con el propósito de servir a los ciudadanos, por la noble causa de llevar adelante el país, identificar y cumplir una agenda común de reformas imprescindibles, no sería una quimera, pero el poder - droga dura para los mediocres - es la razón oculta de los comportamientos de los políticos estos últimos tiempos.

En el laberinto de alianzas y contra alianzas en el que se ve "condenada" la clase política, prima más el personalismo que las ideas. Los medios se fijan más en quien lo dice o cómo lo dice, que en lo que dice. Si es que dice algo con cierta sustancia motivadora.

Más vale tarde que nunca. Tiempo para que cada uno se enfrente a sí mismo, se libere de la presión opresora del poder, encuentre su paz interior y actúe según le indique la conciencia.

 

Editorial La Drecera 156 Març - Abril 2016

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