CAMBIO CLIMÁTICO Y PROGRESO ECONÓMICO

 

Un hecho palpable en todo el mundo, con independencia del lugar o el círculo social, es que la mayoría de la gente piensa que el planeta va cada vez a peor. Lo cierto, es que sucede justamente lo contrario -a pesar de todo- podríamos añadir, como se han esforzado en destacar pensadores como Hans Rossling, el analista de datos Max Roser (presidente del proyecto OurWorldInData.org), el experto en temas de clima Bjor Lomborg, o el premio Nobel de economía Agnus Deaton, entre otros.

 

Rossling, autor del bestseller Factfulness, describió algunos de los mecanismos por los que los humanos tendemos irremediablemente hacia el alarmismo. Es por ello que la mayoría de los habitantes del planeta se despiertan cada día pensando que las cosas están yendo a peor, lo que no debería causar sorpresa, en vista de lo que leen en los periódicos o ven en la televisión. Pero este ánimo sombrío representa un problema, porque alimenta historias de terror sobre cómo el cambio climático acabará en Apocalipsis.

 

El hecho es que el mundo está mejorando, en su mayor parte. Para empezar, la esperanza de vida mundial se ha más que duplicado desde 1900 y hoy supera los 70 años. Ya que este aumento ha sido particularmente evidente entre los pobres, la desigualdad sanitaria se ha reducido notablemente. Más aún, el mundo está más alfabetizado, el trabajo infantil está bajando y vivimos una de las épocas más pacíficas de la historia.

Además, la gente está mejor económicamente. En los últimos 30 años, el ingreso per cápita promedio global casi se ha duplicado, causando enormes reducciones de la pobreza. En 1990, cerca de cuatro de cada diez habitantes de la Tierra eran pobres, en comparación con la cifra actual de menos de uno de cada diez. Esto ha ayudado a transformar el estilo de vida de la gente. Por ejemplo, entre 1990 y 2015 la proporción de la población mundial que defecaba al aire libre se redujo a la mitad, un 15%. Y en el mismo periodo, 2,6 mil millones de personas obtuvieron acceso a mejores fuentes hídricas, haciendo subir la cifra global a un 91%.

 

Como ha señalado el economista experto en temas de medio ambiente Terry L. Anderson "un planeta más rico, es un planeta más sano para las personas y el medio ambiente." Los cambios económicos positivos tienen una incidencia en el medio ambiente. A nivel global, el riesgo de morir a causa de polución del aire -por lejos, el mayor asesino ambiental- ha bajado de manera sustancial desde 1990, casi a la mitad en los países de bajos ingresos. Finalmente, los países ricos están preservando cada vez más sus bosques y reforestando, gracias al aumento de los rendimientos agrícolas y del cambio actitudinal sobre el medio ambiente. Y eso sin que en la mayoría de los casos la regulación haya favorecido esta transición y favorezca el buen cuidado de los bosques.

 

El clima necesita soluciones, no alarmismo populista

 

Una de las grandes advertencias de hoy en día es el alarmismo sobre el calentamiento global que causará condiciones meteorológicas extremas y un caos climático que literalmente pondrán en riesgo la supervivencia de nuestra especie. Se trata sin embargo de una visión sensacionalista con más fines políticos que base científica y que, de hecho, no se corresponde con las propias conclusiones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) el órgano delegado por Naciones Unidas para tratar este tema.

 

Constantemente, por ejemplo, se vincula a los huracanes con el calentamiento global. Pero sólo tres huracanes de alta intensidad (es decir, de categoría 3 o superior) han asolado en Estados Unidos continental en los últimos 13 años, la cifra más baja desde al menos, 1900. En su evaluación más reciente, el IPCC -utilizando el término "ciclón" para huracán- señaló que no ha habido "tendencias significativas en la frecuencia de los ciclones tropicales a lo largo de siglo pasado". Y el equipo de modelado de huracanes de la NASA concluyó que "el registro histórico de frecuencia de huracanes en el Atlántico no lanza una evidencia sustancial de un aumento de largo plazo inducido por gases de efecto invernadero".

 

Una parte de la comunidad científica considera que el calentamiento global hará que, con el tiempo, los huracanes sean más intensos, pero menos frecuentes. Algunos dicen justamente lo contrario: ya que este tipo de fenómeno se genera debido, principalmente, a la diferencia de temperatura entre la tierra y el mar de manera que si un hipotético calentamiento equilibra estas diferencias este fenómeno disminuiría de frecuencia y también de intensidad. En todo caso, lo verdaderamente relevante, como se destaca desde la American Entrepreneur Association, es que la mayor prosperidad ayuda a poder afrontar con más solvencia y resistencia estos fenómenos en el futuro. En el pasado, de hecho, la humanidad ha hecho frente a cambios en el clima y las condiciones generales en el planeta mucho más dramáticas que las que proyecta Naciones Unidas sin tantos recursos.

 

Desde el punto de vista económico, según también el IPCC, su impacto general para la década de 2070 equivaldrá a una pérdida de ingreso de entre un 0,2 y un 2%. Se trata de un impacto que ni mucho menos es el fin de mundo, es el equivalente a una recesión económica no especialmente fuerte, y que si hacemos las cosas bien y seguimos apostando por las recetas que favorecen el crecimiento y el bienestar de las sociedades, tendrá lugar en una sociedad más próspera y capitalizada que la nuestra. Un crecimiento capitalista que, además, si los derechos de propiedad están bien asignados y la actividad económica se desarrolla en un entorno de precios de mercado, es también la mejor forma de utilizar los recursos disponibles y, por tanto, la mejor manera de asegurar la sostenibilidad medioambiental.

 

El riesgo es que un temor desmedido nos lleve por un camino equivocado para enfrentar el cambio climático. Preocupados, los activistas quieren que el mundo abandone los combustibles fósiles cuanto antes. Pero esto significaría ralentizar el crecimiento que ha sacado a miles de millones de la pobreza y ha transformado el planeta. Es por ello por lo que el clima y el planeta no necesitan alarmismo ni populismo sino todo lo contrario, sentido común y buena economía.

 

Artículo publicado en La Drecera 178

Noviembre - Diciembre 2019